Que tan “Trump” es usted

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Aristóteles señaló, hace más de veinte siglos, que las cosas se conocen por sus contrarios. Tiene razón: la salud se justiprecia en los días de enfermedad; se añora la paz en los días de guerra; comprendemos la importancia de la sensatez cuando nos enfrentamos al absurdo. Lo mismo pasa con Trump cuya figura nos ha servido para valorar lo que damos por supuesto en la convivencia democrática y para rechazar los devaneos con la intolerancia.

El debate del domingo pasado, situación histórica y que funda tradiciones, dejó una sensación de rechazo y de desprecio por la conducta del candidato republicano. Más allá de encuestas y de posiciones políticas, se impuso un sentimiento unánime de repudio hacia la actitud lerda e irrespetuosa de Trump.

Su conducta, su lenguaje, sus palabras retrataban de cuerpo entero al cretino que es, y ha sido, desde hace años pero que —hasta la noche de este domingo—causó un hastío definitivo y una reprobación generalizada.

Es posible que, con los años, la palabra Trump deje de ser un nombre propio para convertirse en un adjetivo que refiera todo lo que despreciamos en el mundo democrático. Propongo a los lectores ocho preguntas para evaluar ¿qué tan Trump es usted?

a. ¿Se refiere a las mujeres de manera peyorativa? ¿Suele instrumentalizarlas? ¿Piensa que su encanto de macho alfa le permite hacer con ellas lo que quiera?

b. ¿Cree que el dinero y la fama son el pasaporte que le abre todos los caminos a pesar de su impertinencia, estupidez o trato soez?

c. ¿Ha pensado, seriamente, en poner un muro que divida los códigos postales aceptables del país de los que no lo son?

d. ¿Se ufana cada vez que no paga impuestos? ¿Piensa que el SAT es un instrumento estúpido dedicado a criminalizar la riqueza? ¿Cree que los pobres lo son por flojos?

e. ¿Piensa que el derecho a la libertad de expresión le permite mentir públicamente, difamar, descalificar sin fundamento alguno?

f. ¿Ve a los ciudadanos guatemaltecos, salvadoreños, hondureños, nicaragüenses como depredadores de la grandeza mexicana?

g. ¿Cuándo se le agotan los argumentos acude a las amenazas? ¿O a los insultos? ¿”Prepotencia” es su segundo nombre?

h. ¿Piensa que no es posible cometer un acto de violación dentro del matrimonio?

Si respondió a alguna pregunta afirmativamente, es momento de replantear el rumbo y tomar algunas lecciones de civismo para el siglo XXI, derechos humanos y equidad de género. Evite, con todas sus fuerzas, ser un “Trump”.

Con compromiso, con sinceridad, se puede construir un nuevo horizonte de convivencia política. ¡No tenga miedo!

Estoy segura de que Donald Trump sería un presidente terrible: su gestión pasaría a la historia como un periodo oscuro, intolerante y peligroso.

Afortunadamente, todo indica que sus posibilidades se evaporan dejando tras de sí un molesto tufo.

valeria.lopez@anahuac.mx

Twitter:@ValHumanrighter