Racismo latinoamericano

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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La sociedad norteamericana, lo sabemos todos, es claramente racista; si quedaba alguna duda, la campaña de Trump sirvió como recordatorio. Estas líneas raciales determinan toda una serie de cosas, desde tasas de empleo y segregación urbana hasta tasas de encarcelamiento.

Desde América Latina vemos este fenómeno como ajeno, como un rasgo del vecino del norte. Aprendimos, desde chicos, a pensar en nuestras sociedades como mestizas, a ignorar lo que a cualquier foráneo le parecería más que obvio.

Tuve esta semana la oportunidad de visitar Argentina y no pasaron ni unos minutos para que me diera cuenta de la impactante división racial en este país. Saliendo del aeropuerto me pude dar cuenta de que en lo barrios periféricos de Buenos Aires, pobres y con infraestructura decadente, viven los morenos; unos kilómetros más adelante, en la zona norte de la ciudad, rica y desarrollada, la población se torna blanca. La división también se ve claramente entre los trabajadores; aquellos que se dedican a los servicios y a la construcción tienden a ser racialmente diferentes de las clases medias y altas. Sin embargo, el racismo va más aún más allá de la segregación espacial y laboral. Conviviendo con argentinos de clases medias y escuchando las campañas legislativas para el mes entrante me pude dar cuenta de lo similares que sonaban los argumentos de la derecha a aquellos que Trump utilizaba en sus rallies. Independientemente de lo que uno piense de Cristina Kirchner, quedé impactado al ver que Macri ha construido su campaña con base en un discurso xenofóbico. Más o menos así va el argumento: “los indios/peruanos/bolivianos nos quitan nuestros trabajos, vienen a robar y abusan de nuestro sistema de seguridad social y hospitales”, ¿les suena familiar? Más tarde, en el museo de Bellas Artes, encontré una explicación sobre un artista argentino que viajó a Italia que decía que “los argentinos son europeos en exilio.” Cuando pregunté dónde dejaba a este mito a todo el norte del país y la periferia en Buenos Aires (que no comparte este “origen europeo”) me respondieron que ellos “llegaron más tarde de otros países latinoamericanos”, a pesar de que esta inmigración se dio a la par de la inmigración europea tardía, a finales del siglo XIX. ¿Y las poblaciones del sur? A ellos también les dicen bolivianos, a pesar de que su presencia precede a la europea.

Así como sucede en Argentina, el racismo recorre nuestro subcontinente.

Desde las favelas en Brasil hasta Perú, en donde hasta los 80 tuvieron un presidente mestizo, pasando por la gran “revolución igualitaria” en Cuba que excluyó a la población negra de puestos de poder y (aunque muchos se asusten) México. El racismo en América Latina se manifiesta de manera distinta que en Estados Unidos, pero tiene de la misma manera efectos importantes en empleos, segregación urbana y encarcelamiento. La única manera de comenzar a resolver este enorme problema es lidiar con él de frente, empezando por reconocer que nuestras sociedades son profundamente racistas y por tratar de entender cómo este racismo se manifiesta y afecta a nuestras poblaciones.

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