Recablear el cerebro

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Vale Villa

Después de una ruptura amorosa, te vuelves un poco loco. Es como enamorarse pero en reversa: los pensamientos obsesivos de los primeras épocas del amor regresan; lugares, canciones, asociaciones espontáneas, te recuerdan a quien acaba de abandonarte. En el rompimiento se activa la región del cerebro encargada de registrar las recompensas, que es la misma que se enciende cuando estás enamorado, y se libera dopamina, que es la culpable de que quieras más de lo que “consumías” y de que necesites desesperadamente “una dosis” de quien ha dejado de quererte.

La intensidad de las emociones en el amor tienden a estabilizarse después de un tiempo y la obsesión por la persona que amas disminuye. El corazón roto vuelve a sentir que nada es suficiente solo que esta vez y al no recibir nada, activa mecanismos muy intensos para recuperar lo perdido.

Así puedes explicarte por qué le ruegas que vuelva, por qué en medio de la borrachera te apareces en su casa y gritas debajo de su ventana hasta quedarte sin voz, por qué terminas llorando cuando no hay una sola respuesta a tus encendidas cartas de amor que seguramente se van directo y sin leer, al buzón de los correos no deseados. Este ciclo obsesivo y adictivo, también puede llevarte a buscar sustitutos sexuales o románticos con desesperación.

El rechazo amoroso mueve necesidades tan primitivas y fundamentales como el hambre o la sed. Que alguien rompa contigo duele de verdad: opresión en el pecho, agujero en el estómago, pérdida de apetito, insomnio.

Dicen los estudiosos del cerebro que pasarán de 6 meses a dos años para superar la pérdida. Depende de la personalidad, de la relevancia de la relación, pero sobre todo, de la capacidad de recuperación. La buena noticia es que es posible recablear el cerebro y reescribir nuevos caminos neurológicos para superar la pérdida.

La desolación frente al abandono es inevitable. Cuando ocurren catástrofes emocionales y después de un pequeño, mediano o gran quiebre, la mente comienza a trabajar con más intensidad para regular las emociones, para detenernos de hacer locuras y para tratar de reordenar los pensamientos.

Las obsesiones se comen toda tu concentración pero eventualmente, desaparecerán. Intentar evitarlas o enojarse porque asaltan de manera indeseada, es inútil. Quizá es mejor aceptar que pensarás en esa persona y no pelearte con lo que sientes. Lo que sí puedes hacer, en un esfuerzo por no entregarte a la nostalgia, es recordar lo malo: los defectos físicos y del carácter, los malos momentos, las peleas y los desencuentros.

Recordar los aspectos negativos de la relación, ayuda a detener la idealización que ocurre cuando alguien deja de quererte. Quizá ni la querías tanto hasta que la viste perdida o enamorada de alguien más. El dolor, la opresión en el pecho y la obsesión por recuperar lo perdido no es señal inequívoca de que se ha ido un gran amor. Solo es prueba irrefutable de los mecanismos autónomos del cerebro, que después de un tiempo en síndrome de abstinencia, desparecerán.

*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa desde hace 15 años. Este es un espacio para la reflexión de la vida emocional y sus desafíos.

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