Recordar es volver a vivir

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:
  • valeria_villa

Con frecuencia encuentro en la narrativa de los pacientes algo que podría describir como nostalgia del pasado, sentimientos de pérdida en relación a algunos momentos de su vida que quedaron grabados (interpretados) en la memoria como felices.

Los humanos pueden ser esas bestias incapaces de valorar la belleza cuando la tienen cerca, porque la normalizan y creen que la merecen; sólo hasta perder el objeto atesorado, lo revaloran. “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido”, es una síntesis del proceso de duelo y la rumiación que lo acompaña: Volver al pasado con mente nebulosa, que engrandece e idealiza lo que ya no está.

“El paraíso perdido” es la imagen que usa un hombre que perdió a quien describe como el amor de su vida y la única persona con la que quiere estar. La desolación por la pérdida de algo muy valioso es común, pero la consecuencia de creerlo irremplazable, es el congelamiento afectivo, la clausura permanente de las puertas y ventanas que llevan al corazón, el duelo patológico, la depresión.

El problema de volver obsesivamente al pasado, convencido de que fue hermoso y mejor que el presente, es que bajo esa convicción, es imposible seguir contando historias. Las pérdidas irreparables no son más que construcciones de la mente. Si usted decreta que nunca nada volverá a ser igual después de que dejó ir esa oportunidad, o cuando decidió (mal) que no se quedaría a vivir en aquella ciudad en la que era tan feliz, o cuando se mira al espejo y añora la firmeza del cuerpo y de la piel de sus 30 años, o después de que murió una de las personas que más amó, nunca nada volverá a ser igual.

Dan Gilbert, quien ha investigado durante décadas los componentes de la felicidad, acuñó el término “felicidad sintética”, que es una posible puerta de salida a esos pensamientos tristes y de muerte en los que todo está perdido porque el pasado fue mejor.

Esta felicidad, de adjetivo poco atractivo, consiste en desarrollar la capacidad de creer que lo que usted tiene, vive, siente y hace hoy, es lo mejor que puede pasarle. Recordar no es volver a vivir, sobre todo si el viaje al pasado es para recriminarse todas las pérdidas, las que usted provocó y las que irremediablemente le trajo la vida.

Tratar de ser feliz con lo que se tiene, está lejísimos de ser una filosofía barata extraída de aquella exitosa canción setentera. Por el contrario, es de la máxima sofisticación afectiva aprender a vivir comprometido con el presente, atesorar lo que tiene y cuidarlo, amar a los vivos y desapegarse de quienes ya no están, cultivar la gratitud por estar vivo y no muerto y conservar el ímpetu por seguir escribiendo una historia de vida emocionante.

*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa desde hace 15 años. Este es un espacio para la reflexión de la vida emocional y sus desafíos.

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