Miércoles 30.09.2020 - 01:46

Recuerdos de 2010

Recuerdos de 2010
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Querido lector: feliz 2011. Espero que usted y los suyos tengan un año de salud y prosperidad y que tanto sus deseos como sus propósitos se cumplan. Lo invito a aprovechar estos primeros respiros del nuevo año para hacer un ejercicio de recapitulación sobre lo mejor y lo peor que aconteció en la ciudad de México en el 2010.

No podemos olvidar, aunque lo deseemos con todas nuestras fuerzas, las celebraciones del bicentenario de la Independencia y del centenario de la Revolución. ¡Un año entero de festejos, concursos, discursos, publicaciones y análisis! ¡Varios récords del libro de Guinness machacados por nuestra voluntad de grandeza! En septiembre, el desfile más largo y nutrido del que se tenga noticia, superando incluso los despliegues masivos de los ejércitos chino y coreano. Y en noviembre alcanzamos, con ese resonante grito que miles de voces profirieron al unísono en la plaza del Zócalo (¡Somos México, pasión!; ¡somos voz: Revolución!), un nuevo índice de decibelios en el importante rubro de la “vociferación masiva”. Los periódicos, los libros, los programas de televisión y prácticamente todas las intervenciones de los políticos en la plaza pública, monopolizaron el tema de nuestras efemérides. Durante esos patrióticos 365 días, fuimos todos orgullosamente mexicanos.

Pasando a un tema mucho menos festivo, destacó en 2010 la carencia de agua en toda la zona metropolitana, que provocó disturbios y manifestaciones constantes. Los conflictos de mediados de año en la Unidad Habitacional “El Corsario”, en Azcapotzalco, afectada gravemente por el pobre abastecimiento del sistema Cotzamala, alcanzaron niveles preocupantes que algún periodista calificó como “guerrilla hídrica”. No obstante, en la delegación hermana de Iztapalapa se comenzó a producir agua embotellada en cantidades importantes, y aunque se advirtió que dicha agua no había sido certificada como potable por ningún organismo calificado, fueron muchos los que acudieron al alivio del oportuno líquido. Con el cese de la violencia, comenzó el tristemente célebre brote de colitis que, por fortuna, se pudo contener después de un par de meses alarmantes y sólo 16 bajas.

El Metro, como todos sabemos, subió gradualmente sus tarifas hasta alcanzar los 6 pesos por boleto. Por dicha razón, y ante la imposibilidad de concretar la construcción de la Línea 12, los habitantes de las clases más bajas de la ciudad de México terminaron por ignorar ese medio de transporte, que comenzó a ser frecuentado por una burocracia de clase media. Ante las protestas de los que menos tienen, Carmelo Berard, jefe capitalino, decidió inaugurar a todo vapor el prometido tranvía, aunque sólo podía ofrecer el trayecto Buena Vista-Centro Histórico. Sin visos de solución ante la crisis del transporte público, se tomó la polémica decisión de abaratar los taxis a 3 pesos por trayecto. Entonces se pudo ver, al menos durante algunos días, el paradójico caso de hombres y mujeres bien vestidos viajando en Metro mientras que los más pobres circulaban en taxi.

La violencia del narcotráfico, que siempre repercute en la ciudad de México, desapareció casi del todo cuando las autoridades decidieron asociarse con los cárteles y organizar grandes narco-conciertos, que funcionaron como una válvula de escape para el estrés de la gente y como una máquina perfecta de blanqueado de dinero. “Rosita Fresita”, sicario famoso por su crueldad, dejó famosamente las armas y se convirtió en un reconocido intérprete de boleros cuyos conciertos provocaron la histeria multitudinaria de sus jóvenes admiradoras. La delincuencia común y corriente prevaleció.

Se celebró la primera boda gay. Los novios intentaron que la ceremonia, aunque histórica y a todas luces importante, fuera modesta y sin aspavientos mediáticos. Para su desgracia, eso no fue posible, ya que la organización Pro-Diva se plantó afuera del juzgado y amenazó, ya fuera de control, con linchar a los recién desposados. La policía tuvo que someterlos (hablamos del nuevo cuerpo de policía unificada, con todos sus elementos ágiles y delgados por la exitosa dieta “di no a la mordida”), y al constatar la impotencia de sus protestas, el líder de dicha organización amenazó con ahorcarse con un rosario. Las imágenes recorrieron el mundo. El flamante matrimonio vive hoy en Buenos Aires.

Terminemos con una buena noticia: La Cumbre del Clima, celebrada en esta capital hace apenas un mes, cerró sus sesiones con resultados sorprendentes. Los países en desarrollo, liderados por el presidente Lalu Saldiva, presionaron de tal forma a las superpotencias, que las obligaron a firmar el famoso “Protocolo de la Escandón”, en que se comprometen a dejarnos contaminar, en toda justicia, lo mismo que ellas en las últimas tres décadas.

¡Feliz año nuevo!