Regreso a clases: la aventura del conocimiento

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Por:

Eugenio Lira Rugarcía

En unos días más, millones de estudiantes y profesores regresan a clases. ¡Retoman la gran aventura del conocimiento! “Todos… desean saber”, exclamaba Aristóteles. ¡Sí! Queremos saber porque somos conscientes de que de eso depende el comprendernos a nosotros mismos y a los demás, saber cómo relacionarnos adecuadamente con todo y cómo dirigirnos hacia nuestra plena y definitiva realización.

La realidad es lo que es “lo que es”, decía san Agustín. Conocer la verdad es captar el ser de ese algo, como enseña santo Tomás de Aquino. Sin la verdad, explica el Papa Francisco, “no se puede subsistir, no se va adelante”.

Para conocer la totalidad de lo real y no sólo su dimensión material y temporal, Dios ofrece a nuestra inteligencia el don de la fe. “La fe y la razón —decía Juan Pablo II— son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad”.

Así lo reconoce el científico Francis S. Collins: “los principios de la fe son… complementarios a los principios de la ciencia… no existe ningún conflicto entre ser un científico riguroso y una persona que cree en un Dios que tiene un interés particular en cada uno de nosotros”.

Es importante que en la aventura del conocimiento comprendamos esto, para no dejarnos limitar por visiones superficiales, reduccionistas y utilitaristas de la realidad, de la ciencia y de la persona, que hacen de la técnica la prioridad y de la persona un simple objeto de placer, de producción o de consumo, condenándonos, tarde o temprano, a la soledad, el sinsentido y la desesperanza.

La verdadera educación debe ir más allá; debe partir del pasado, formar en el presente y dirigirse al futuro. Por eso el Concilio Vaticano II afirma que la verdadera educación debe proponerse, “la formación de la persona humana en orden a su fin último”.

De ahí que Benedicto XVI dijera: “…los jóvenes necesitan auténticos maestros; personas abiertas a la verdad total en las diferentes ramas del saber… personas convencidas… de la capacidad humana de avanzar en el camino hacia la verdad… la enseñanza… es… formación de jóvenes… en quienes deben suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo y ese afán de superación”.

¡Aprovechemos este tiempo de estudios! Guiados por los maestros y apoyados por la familia, los compañeros y amigos, procuremos conocer cada vez mejor y más profundamente la realidad, para que, conociendo la verdad, podamos elegir con libertad lo que nos permite irnos desarrollando integralmente, y que nos hace protagonistas de un auténtico progreso que abarque a todas las personas, poniendo a su servicio la ciencia, la técnica, la cultura, el arte, el derecho, la política, la economía, el deporte, la recreación y el descanso, hasta alcanzar una vida plena sin ocaso.

*Obispo auxiliar de Puebla y secretario general de la CEM

Twitter: @MonsLira