Renato Sales es el mejor, pero necesita tiempo

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Por:

Rubén Cortés

Por el desencanto, la rabia y el hastío de que nos hayan amargado la vida, se instaló en nosotros una ansiedad irresistible porque se resuelvan enseguida males que vienen de años atrás: el secuestro, que creció 20 por ciento; los homicidios, que suman 80 mil en siete años…

De ahí que, sobre Renato Sales exista una Espada de Damocles para que como nuevo zar antisecuestros resuelva en tres días el peor, el más siniestro de los delitos: hoy son secuestradas en México 4.6 personas al día. Sólo de 2006 a 2012, fueron asesinados seis de cada cien plagiados.

La designación de Renato Sales como el zar antisecuestro ha sido la decisión del Presidente Enrique Peña que mejor acogida encontró en la sociedad en sus primeros 13 meses de gobierno: fue celebrada el martes por todos los partidos políticos y todas las organizaciones civiles.

Con toda razón, pues Renato Sales es el procurador de justicia, el legalista y el policía investigador más capacitado de México en el momento actual, además de ser un hombre sensible y culto, un político sin partido y un funcionario limpio y altamente calificado.

Como procurador de justicia y como policía investigador, Renato Sales ha estado siempre del lado de los representantes de esa dolida categoría que es la de los ofendidos por el secuestro: las víctimas y sus familiares, lo cual agrega un don especial a su probada calidad como gran detective: humanidad.

No existe en México ahora un sabueso mejor que Renato Sales, quien ha solucionado casos que pueden ser incluidos en cualquier antología literaria, aunque provengan todos de la realidad más dura, sangrienta y cruel:

—Al enterarse del asesinato en Villahermosa del político José Francisco Fuentes y su familia, aseguró mientras tomaba café en una librería del DF: “El autor fue un vecino”. Días después la policía de Tabasco anunciaba que uno de los criminales vivía cerca de Fuentes.

—A partir de una almohadilla sanitaria abandonada por Juana Barraza, armó la pesquisa que lo llevó a capturarla luego como La Mataviejitas.

—Concluyó que Digna Ochoa, antes de suicidarse de un tiro, se cortó un muslo y espolvoreó almidón sobre la sangre, delatando su acto en un libro que dejó abierto en un poema: “Mira esta púrpura roja que desangrando las venas sobre blancas azucenas como un clavel se deshoja”.

Sí, sí. Es el mejor, definitivamente el mejor. Pero el Presidente y la sociedad tienen que darle su tiempo. El secuestro en México es un cáncer con metástasis enraizadas a lo largo de dos décadas.

Así que la cura (que sin dudas conseguirá Renato Sales) conlleva paciencia, inteligencia y finura.

Por suerte, al zar antisecuestros le sobran las tres.

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