Río, Lochte y el desdén estadounidense

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Los olímpicos de Río de Janeiro han sido probablemente los juegos más criticados de la historia; como es costumbre, meses antes de que empezaran las competencias, la prensa internacional se encargó de hacernos creer que estos juegos, ya sea por la epidemia del Zika, la crisis política, la corrupción o la violencia en Rio serían un fracaso.

Después de dos semanas de récords y logros, los JO han concluido sin más que un par de controversias, que parecen haber sido inevitables. Más allá de la realidad del país, que enfrenta crisis reales, hay otras razones por las que Brasil recibió una cantidad desproporcionada de crítica. En primer lugar, parece ser que la prensa internacional tiene un claro sesgo paternalista y eurocentrista ¿cuántos artículos leímos en los JO de Londres sobre los barrios pobres de esta ciudad, sus altas tasas de criminalidad y los problemas de integración de sus inmigrantes? ¿cuántos saben que Atlanta, que recibiera los juegos en 1996, es una de las ciudades más peligrosas de EU con un alto grado de segregación racial? En cambio, parece que hablar de las favelas vende en el mundo del periodismo.

No hay que confundirnos, la realidad en estas comunidades es atroz; sin embargo, la crítica de muchos medios europeos y estadounidenses tiene claramente un tono condescendiente. América es un continente complejo, de realidades contrastantes; no obstante, esta serie de artículos pinta sólo una cara de nuestra región, una imagen bien conocida para los estadounidenses de desastre, desorden, violencia y ausencia de la ley. Justamente esta imagen es la que tenía el nadador Ryan Lochte cuando decidió fabricar una historia de robo para cubrir sus audacias bajo el efecto del alcohol. Para Lochte, Brasil es lo que vende la prensa internacional, un lugar donde no existe el estado de derecho, donde ciudadanos americanos, protegidos por su pasaporte, pueden destruir propiedad pública en un spring break sin límites mientras beben caipiriñas al ritmo de la Samba. Como lo pueden atestiguar los residentes de casi cualquier punto turístico en el mundo en desarrollo, la historia del nadador no es una excepción.

Aunque muchas de las críticas son ciertas, parece además injusto juzgar los juegos de Río con base en la desigualdad y violencia que hay en la ciudad.

No, las olimpiadas no acabaron la pobreza y el crimen en la ciudad, y creo que nadie necesita una explicación del porqué. Aunque los olimpiadas trajeron beneficios importantes para la ciudad (en términos de infraestructura y transporte), hubo gastos innecesarios, corrupción e incluso desplazamiento de personas pobres; además de una creciente militarización de la ciudad. Sin embargo, no necesitamos más historias romantizadas, fabricadas para los lectores de EU; la verdadera crítica, aquella que es efectiva y sincera es la de los propios brasileños, quienes desde hace meses han criticado la corrupción en las olimpiadas y el mal manejo de recursos, eso sí sin dejos de superioridad.

gmoralessod@gmail.com

Twitter: @gabriel_msod