Saña contra Cruz Azul

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Para quienes nos gusta el futbol y además somos seguidores de Cruz Azul, la derrota en Morelia fue doblemente dolorosa: por el marcador y porque nuestro equipo no supo asumir la derrota.

Pero justificar el linchamiento que se ha hecho de los jugadores, del club y de la institución, sería aceptar una exageración estridente e irresponsable.

El portero Jesús Corona perdió los estribos y agredió al preparador físico de Monarcas en medio de un zafarrancho.

Muy mal. Debe ser sancionado. Pero no como lo ha hecho la Federación Mexicana de Futbol, que le cortó su carrera internacional al dejarlo fuera de la convocatoria para Copa Oro.

El castigo a Corona es una alevosa exageración contra el mejor portero del país.

Si el preparador físico de Monarcas entró a la cancha a repartir golpes contra jugadores de Cruz Azul, lo más probable es que alguien le contestara, como hizo Corona.

Algo parecido ocurrió con El Chaco Jiménez que agredió a un espectador que se metió al campo a pelear. ¿Seis partidos por eso?

Se trata de un episodio. Bochornoso, sí. Pero uno. Sólo uno.

El club Cruz Azul es ejemplo de deportivismo.

Su estadio es de los pocos a los cuales se puede asistir con la familia, sin temor a ser agredido, aunque sea a gritar contra el local y vitorear al visitante.

Esa es una gran afición, y no la que arroja cerveza o escupitajos al que asiste a apoyar al oponente.

En la cabeza del club hay personas cuya calidad humana le hacen bien al futbol nacional.

Guillermo Álvarez, Alberto Quintano y Enrique Meza son personalidades que encarnan valores deportivos y éticos que no se dan en maceta, y menos en un medio como en el que se desempeñan.

Por eso dolió que el equipo no supiera perder. Algunos jugadores no estuvieron a la altura de lo que es Cruz Azul, y de la estatura moral de sus tres dirigentes.

Pero duele más que desde los medios de comunicación se ensañen contra el club.

Duele porque es injusto, y porque entre los que tiran pedradas hay muchos depredadores del futbol mexicano.

La derrota deportiva también fue triste. Pero tiene remedio.

Hay jugadores que ya cumplieron su ciclo en el club. Vengan otros.

Hubo quienes recibieron su oportunidad diez o veinte veces y no respondieron. Adiós.

Los suplentes no dieron el estirón. Pero ahí vienen otros.

El futbol nunca se acaba. Su generosidad es ilimitada: permite levantarse y volver a la brega. Corregir y seguir adelante.

Cruz Azul tiene grandeza. Se va a levantar, a pesar de linchamientos y golpes de pecho de los fariseos del futbol.

phl@3.80.3.65

Twitter: @phiriart