Secuestros, ya es tiempo

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Por:

Julián Andrade

Delito que no se castiga se repite. Ése es el gran drama mexicano, y en los secuestros tiene su expresión más dramática.

Es un tema histórico, de carácter estructural y difícil de resolver. Al mismo tiempo el evitarlo, castigarlo y desterrarlo, es una de las demandas ciudadanas más consistentes.

Es una carrera contra el tiempo en la que están involucradas las vidas de las personas e inclusive el tejido social y las capacidades de convivencia.

Hay que tener en cuenta que las bandas de secuestradores muchas veces están integradas por familias completas, en las que llegan a participar niños y ancianos, en una cadena de responsabilidades bien establecida.

También hay un gran espacio para la improvisación, lo que las vuelve más violentas. Hace años un alto jefe policiaco me comentaba que esta nueva expresión criminal era la que estaba provocando daños mayores porque los secuestros ya no eran de alto impacto, sino cotidianos, y que en muchos casos no se podían resolver porque no existía ni siquiera el dinero para los rescates.

Fue una mutación de los grupos de Daniel Arizmendi, Andrés Caletri, Modesto Vivas La Víbora y de tantos otros que llenaron algunas de las páginas más deplorables sobre el delito en nuestro país.

Enfrentamos un momento de crisis al respecto. Las averiguaciones previas aumentaron en los últimos meses. De mil 695 secuestros supieron las autoridades y la cifra negra puede ser un 90 por ciento superior.

Reconocer las dificultades es el primer paso para hacer las correcciones pertinentes, y por ello se impulsará una estrategia de carácter nacional para combatir a las bandas de secuestradores.

Francisco Rivas, quien dirige el Observatorio Ciudadano en Seguridad, ha dicho que se privilegió, durante años, la negociación para salvar las vidas de los plagiados.

Esto generó con el tiempo una suerte de aliciente para los bandidos y para los grupos que de modo cotidiano se dedican a cometer ese tipo de fechorías.

Esta semana conoceremos la estrategia contra el secuestro, pero es importante tomar en cuenta lo que vienen diciendo las organizaciones ciudadanas desde hace ya décadas.

Hay claridad en lo que no está funcionando, y se tiene puesta la vista en las Unidades Antisecuestro de los estados, las que tienen que funcionar bien y estar a la altura de los desafíos que les plantea la situación actual.

Desde hace años en la propia Conago se han establecido plazos para lograrlo, pero en muchas ocasiones no se han cumplido y por diversos factores.

Es una verdadera tragedia por las implicaciones que tiene y por el sufrimiento de miles de víctimas y de sus familias.

Más allá de los proyectos que se planteen y de su especificidad técnica, la clave estará en detener y llevar a prisión a los secuestradores, para que sepan que su futuro es la cárcel y no la riqueza mal habida.

Como en tantas asignaturas pendientes y asuntos que fueron descuidados, llegó la hora de enfrentar con decisión los problemas, porque ello es una exigencia social, pero aún más, porque de su resolución, no hay duda, depende mucho del futuro.

julian.andrade@3.80.3.65

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