Seguridad sin sobre saltos macabros

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Por:
  • larazon

Uno de los temas legislativos más importantes que se tendrán que resolver en el corto plazo es el que tiene que ver con la seguridad nacional y con la utilización del Ejército en el combate al narcotráfico.

Al margen de lo que estipule la iniciativa, y en su caso la ley, lo urgente es que se les den las herramientas necesarias a nuestros soldados para realizar sus actividades con un marco jurídico claro.

Si bien las fuerzas militares trabajan al amparo de la Ley de Armas de Fuego y de las resoluciones de la Suprema Corte, es evidente que queda una franja gris que se presta a la ambigüedad y que puede generar problemas en lo futuro.

Es un hecho que el Ejército permanecerá en las calles por algún tiempo.

En la actualidad no existen policías con la preparación adecuada para suplir las tareas que ahora realizan las fuerzas armadas.

Nos guste o no, el margen de acción es bastante pequeño y una mala decisión puede terminar por complicar una situación de suyo explosiva.

Pero en lo que también existe un consenso importante es que cualquier legislación debe estar supeditada al respeto a los derechos humanos.

Lo que hace diferentes a las fuerzas del orden de los criminales es justamente la actitud que se tiene frente a la ley y a sus consecuencias.

En el Ejército lo saben. Conviene recordar, por ejemplo, que son justamente los militares quienes están más preocupados por establecer y mantener conductas de disciplina entre la propia tropa y sus mandos.

Pero cualquier iniciativa debe partir, también, de que la utilización del Ejército en tareas no militares debe ser temporal. La emergencia actual así lo amerita, pero se debe trabajar para que la situación cambie.

Hay que distinguir, por ello, entre las necesidades del momento y lo que en realidad se requiere para contar con policías que puedan hacerse cargo de la seguridad de los ciudadanos.

Lo que sería un error es resignarse a mantener al Ejército en una zona de desgaste, cuando lo que debe ocurrir es que los civiles hagan su parte y bien.

Hace ya varios años un ex asesor presidencial decía, con visón algo profética, que el problema no era el meter a los soldados a la lucha contra el narcotráfico, sino el prever cómo se instrumentaría su salida.

Lo que se requiere, después de todo, es un modelo que funcione, y la historia enseña que esto sólo es posible bajo la perspectiva policial.

La clave es lograr que el problema del combate al crimen organizado vuelva a ser un asunto de seguridad pública. Lo otro, lo que estamos viviendo, hay que verlo como un episodio del que debemos salir lo más pronto posible.

Ojalá los legisladores sepan leer lo que se requiere para el futuro, que tiene mucho qué ver con volver a disfrutar de una tranquilidad sin sobresaltos macabros.

julian.andrade@3.80.3.65

Twitter: @jandradej