Si no puedo renuncio

¿Si no puedo renuncio?
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Si el procurador Miguel Mancera reconoce públicamente que nunca ha tenido el control de la dependencia, y el titular de SSP-DF asegura que el trabajo de sus policías es “patético”, ¿ahora quién podrá defendernos?

Marcelo Ebrard se ofende cada que le recuerdan la promesa que hizo hace un año, de que si no podía garantizar la seguridad de los capitalinos renunciaría al cargo.

Nadie le hizo manita de puerco para tomar ese compromiso; él solito se lanzó para lucirse ante las cámaras en Palacio Nacional, confiando en que el prometer no empobrece y que el pueblo no tiene memoria.

Pero luego de escuchar al procurador y al titular de la Policía del DF ya no importa si el jefe de Gobierno cree o no que ha podido con el paquete; los propios responsables —los que él eligió— se lo están diciendo en su cara.

Cuando el procurador declara que nunca tuvo el control del área operativa más importante de la dependencia, que es la Policía Judicial, no se necesita ser genio para entender por qué los índices delictivos están por las nubes.

Es obvio que Mancera está rebasado y que ya no le sirve a Marcelo; le sirvió como abogado, pues colaboró para que no fuera a la cárcel por el linchamiento de tres agentes federales en Tláhuac, pero no más.

Y si el secretario de Seguridad Pública, Manuel Mondragón, declara que tiene una policía patética y que incluso hay agentes que en cuatro años no han hecho un solo arresto, pues peor.

Seguramente Ebrard dejará pasar su tercer informe de gobierno —el 17 de septiembre— para darle cuello a los dos, que lo han dejado una vez más en ridículo.

Se supone que estos funcionarios llegaron como solución luego de la tragedia del News Divine y salieron peor. La responsabilidad absoluta es de Ebrard, que con ello demuestra lo malo que es para armar equipos.

A estas alturas sería ridículo pedir a Marcelo que cumpla su promesa de irse; bastaría con que dejara de lado su soberbia y en un acto de honestidad reconociera que se equivocó, que no ha podido pero que le echará ganas.

En lugar de ello hace gala de cinismo, se molesta si alguien le toca el tema, pero debe pensar que cuando inicie su campaña y haga promesas, más de uno tendrá el derecho a dudar de su palabra.

Eso, aunado a la imagen de político amargado y avejentado, que no sabe si aparecer en público con lentes o no, le puede hacer mucho daño.

 Centavitos. Luego de que el periódico Excelsior publicara ayer que los diputados federales del PRD le dieron 50 millones de pesos a López Obrador del presupuesto de la Cámara, sería bueno saber cuál es la fortuna del tabasqueño por la ordeña de nóminas de gobiernos estatales, municipales, partidos políticos, legisladores, delegaciones y funcionarios, sobre todo porque se trata de fondos públicos.

jadrian02@yahoo.es

fdm