Domingo 12.07.2020 - 13:48

Siempre mas profundo

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Julio Trujillo

Se le conoce como free diving o apnea y es un deporte extremo. Consiste en contener la respiración dentro del agua para recorrer largas distancias o descender grandes profundidades. Todos hemos practicado versiones domésticas de la apnea en una alberca, y todos, me atrevo a decir, hemos vivido durante unos segundos esa experiencia de soledad, silencio y autocontrol que significa aguantar la respiración lo más que podemos y convertirnos exclusivamente en un par de pulmones, una sangre, una circulación, un organismo tenso y relajado al mismo tiempo, una concentración y una soltura absolutas.

Ahora imaginemos esta misma experiencia descendiendo en el mar, a pulmón libre. El apneísta venezolano Carlos Costa la describe como un proceso gradual que implica, en los primeros 30 metros, mucho esfuerzo de empuje para vencer la tendencia del cuerpo a flotar como una boya, pero después se alcanza la “flotabilidad neutra” en la que el apneísta sigue bajando con más facilidad y velocidad y en la que tiene que estar mentalmente preparado para “dejarse ir” y “entregarse al abismo” en una especie de “trance introspectivo”. Esta entrega, aunque tentadora, no puede ser del 100%: “¡tienes que dejar energía para regresar!” Los profesionales han descendido poco más de 100 metros con peso constante.

En estos días nos enteramos de la desaparición en el mar de Natalia Molchanova, “reina de la apnea”, poseedora de todos los récords mundiales (distancia, profundidad, con peso, sin peso, con aletas, sin ellas) y considerada básicamente un pez humano. Molchanova, en la costa de la isla de Formentera, enseñaba a unos amigos rusos las bondades del apneísmo y de uno de esos descensos jamás volvió. Después de tres días la búsqueda de la rusa se canceló: llevaba seis kilos de lastre en su último descenso y se sabe ya que no resurgirá. Se cree que a Molchanova la pudo arrastrar una corriente o que pudo padecer un síncope hipóxico: lo cierto es que se ha desvanecido para siempre en el mar.

De inmediato nos viene a la mente Jacques Mayol, el apneísta francés conocido como el “hombre delfín” cuya divisa era “siempre más profundo”, que protagonizó una verdadera búsqueda prometeica (de desafío a los dioses al tomar su destino en sus manos) en pleno siglo XX y que fue inmortalizado en Deep Blue, la película de Luc Besson que plantea la decisión de un individuo de entregarse al mar, de “dejarse ir” y seguir su vocación. No sugiero que Molchanova haya decidido no volver, pero sí me queda claro que abandonó este mundo (el de la superficie y sus tantas cosas) de la mejor manera posible para ella y en su elemento. Me parece, y aquí me arriesgo a tener una recaída romántica de siglos, que el artista es un poco ese apneísta en el momento de alcanzar la flotabilidad neutra y decidir qué tanto va a dejarse ir. La entrega al 100 por ciento implica que no hay regreso, que el viaje, ligeramente tóxico, es sólo de ida y que mientras más se profundiza, más revelador y fascinante es. ¿Qué hacer?

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