Soberanos vs. democraticos

Continúa cerrada la pista de hielo en el Zócalo por precontingencia
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La visita del presidente Calderón a Colombia es parte de la definición de los bandos que disputan el futuro político de América Latina. De un lado, los defensores de las democracias: Estados Unidos, México, Colombia, Chile, Costa Rica; del otro, los valedores de las soberanías: Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador.

Brasil, el gigante sociopolítico que ha crecido aún más con un presidente moderado como Lula, desempeña un papel básico porque ha sabido colocarse lo suficientemente cerca de cada bloque, sin llegar a quemarse, y lo necesariamente lejos, sin llegar a helarse. Eso, ahora, le permite funcionar como pivote.

La pugna había sido soterrada hasta que la revocación de poderes al presidente Zelaya en Honduras la hizo aflorar sin tapujos, enfrentando nítidamente a los dos grupos.

El asunto está así:

 Los demócratas pretenden que Zelaya regrese al poder, pues así se habrá respetado la legalidad constitucional y el apoyo internacional con los que adornan su posición. Sin embargo, quieren que vuelva derrotado: a terminar su mandato en enero, que es lo que plantean los Acuerdos de San José, diseñados por el mandatario costarricense Oscar Arias.

 Los soberanos impulsan su estrategia con la movilización social en Honduras y exigiendo, afanosa y paradójicamente, que el anteriormente condenado intervencionista Estados Unidos apriete las tuercas para reponer a Zelaya sin condiciones: que pueda llamar a un referéndum que le permita reelegirse indefinidamente, como Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y Correa en Ecuador.

Fue en ese contexto de la lucha que Calderón recibió a Zelaya en Los Pinos y le pidió aceptar los Acuerdos de San José como la vía adecuada para su reinstalación en el cargo, lo cual no era justamente lo que deseaba escuchar el hondureño.

Y su respuesta no se hizo esperar: al otro día le echó una preciosa flor a Andrés Manuel López Obrador en su condición de peor enemigo político de Calderón.

Aunque lo de “es mejor sentirse Presidente que serlo” no fue sólo un guiño a AMLO como compañero de filas, sino una manera de considerar “espurio” a Calderón y cobrarle así su consejo sobre los Acuerdos de San José.

Mientras, Calderón sigue cumpliendo un papel en su bando, y visita Colombia en medio de las críticas que recibe el presidente Uribe de parte de los soberanos, por ofrecerle a Estados Unidos el uso de siete bases militares.

Sin embargo, el juego verdadero se disputa en Honduras:

Que se restablezca el curso democrático.

Sin que Chávez avance un milímetro.

ruben.cortes@3.80.3.65

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