Tarde, pero llegamos

AMLO-Peña Nieto
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Los cambios internos en los sindicatos tardan en ofrecer resultados. La muy importante aprobación del convenio 98 de la OIT en el Senado, tardó más de tres años, tiene que ver con esto.

Es uno de los “principios  y derechos fundamentales en el trabajo, el cual fue adoptado por la Conferencia Internacional del Trabajo en 1998, consagra como derechos fundamentales en el trabajo el reconocimiento efectivo de negociación colectiva”.

Ante lo que estamos, a decir de la futura secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, es frente “a cambios muy importantes, pero uno crucial es que los trabajadores puedan elegir quién los representa. Se firman los contratos a espaldas de los trabajadores y, por otro lado, se han utilizado los emplazamientos a huelga para extorsionar a las empresas”.

México llega tarde, pero bien podríamos decir que llegó. Nuestro país era uno de los pocos en el mundo que no lo había ratificado. Con esta participación ya son 165 naciones las que lo han hecho.

Es sabido que algunos trabajadores se han visto intimidados, incluso sometidos, en los procesos de elecciones internas de sus organizaciones. No existían condiciones de plena libertad para optar por una u otra planilla. Las votaciones se hacían a mano alzada, lo que colocaba a quienes eran opositores ante la posibilidad de ser señalados, con todo lo que esto conlleva.

Para aprobar la ratificación del convenio 98 de la OIT se ha librado una larga batalla. A pesar de que  era inevitable que tenía que darse, algunos líderes sindicales, y quizá también al interior del PRI, se la pasaron alargando los tiempos en lo que presumiblemente se acomodaban.

No es casual que el Senado haya tardado más de tres años en ratificar el convenio. El Presidente Peña Nieto envió desde el 2015 el documento para su aprobación, la argumentación para la ratificación del convenio fue reconocida por todos, lo que incluye a los férreos opositores, como sensible y de gran valor.

No está muy claro cuál fue la razón por la cual no se aprobó desde la pasada Legislatura. Algunos suponen que el Presidente lo envió con pocas ganas de que se aprobara porque le iba a pegar a las anquilosadas estructuras del corporativismo sindical, hoy a punto del nocaut efectivo.

El líder del sindicato petrolero entendió el mensaje. Las elecciones internas de esta semana casi de seguro lo van a ratificar, no sin antes pasar por protestas de trabajadores. Lo que es un  hecho es que las votaciones se desarrollaron bajo otros mecanismos.

Tiene hasta cierto punto lógica que líderes de diversos sindicatos, sobre todo de los grandes, terminen por conservar sus cargos en el corto y mediano plazos bajo este nuevo proceso. Existe una dinámica interna de muchos años de controles internos, y también de formas enquistadas de concebir la vida del sindicato por parte de los propios trabajadores.

El senador Napoleón Gómez Urrutia, sin dejar de reconocer lo que provoca y se dice de él, nos comentaba sobre la ratificación del convenio, “si a alguien debe beneficiar es a los trabajadores y a la vida de los mismos sindicatos… las organizaciones van a tener mayor fuerza y los líderes mayor legitimidad”.

La ratificación del Convenio 98 es un instrumento para que la vida de los trabajadores en los sindicatos se modernice. Estas organizaciones no han dejado por ningún motivo de tener vigencia y valor.

Lo que ha pasado es que en los sindicatos quienes han dejado de tener importancia han sido, paradójicamente, los propios trabajadores.

Se ha abierto una puerta que va a requerir de tiempo: Pueden venir otros tiempos para los trabajadores y sus sindicatos.

RESQUICIOS.

Si todos los que están en la muestra participan en la consulta sobre el nuevo aeropuerto, a duras penas alcanzaría el uno por ciento del padrón electoral. El nombre del juego debiera ser la legitimidad de la decisión de no ser que todo esté ya decidido, lo cual sería simple y sencillamente lamentable y de altísimo riesgo.