Miércoles 23.09.2020 - 23:43

Tiran la toalla

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Agustín Carstens al frente de la Junta de Gobierno del Banco de México, se estrenó haciendo oficial el retraso en el cumplimiento en la meta de inflación de 3% hacia finales del próximo año, resignándose a que la moneda mexicana pierda otro 5% de su poder adquisitivo.

La visión que adelantó el actual gobernador del banco central Agustín Carstens, hace dos semanas en el seminario anual de expectativas económicas organizado por el ITAM, de que el aumento de la inflación en este año, consecuencia del programa fiscal aprobado, será temporal y se desvanecerá a lo largo del 2011 para converger a la meta de 3.0%, al final fue compartida por la mayoría de los miembros de la Junta de Gobierno del Banco de México, integrada por los subgobernadores Roberto del Cueto, Guillermo Güemez, Manuel Sánchez y José Julián Sidaui.

Así, considerando que los bancos centrales no contrarrestan los impactos directos sobre la inflación de modificaciones tributarias, así como de las alzas en los precios y tarifas públicas, y bajo el diagnóstico de que los niveles de actividad económica se mantendrán durante el 2010 por abajo del Producto Interno Bruto potencial (lo que supuestamente modera el traslado al consumidor final de estos cambios), se mantuvo sin modificación la tasa de interés interbancaria a un día, vigente desde el pasado 17 de julio en 4.50 por ciento.

Sin embargo, la Junta de Gobierno advirtió que existe el riesgo de que se presenten efectos de “segundo orden” sobre la inflación, si las empresas trasladan sus mayores costos a los precios de los bienes y servicios no afectados directamente por la reforma fiscal.

Aquí, el riesgo es que se deterioren las expectativas de los agentes económicos, lo que ejercería una presión adicional sobre la propia inflación, poniendo en riesgo el objetivo de estabilidad de precios.

A la fecha hay consenso entre los analistas financieros de que el banco central actuará hasta septiembre con un alza de 25 puntos base en la tasa de fondeo, por lo que el Banco de México acepta así en los hechos, un deterioro adicional superior a 5% en el poder adquisitivo del peso mexicano, el cual, en los primeros cuatro años del gobierno de Felipe Calderón, habrá sumado 17 por ciento.

manuel.herrera@3.80.3.65