Tlahuac, el delgado complice

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Lo vivido la semana pasada en la delegación Tláhuac con la caída Felipe de Jesús Pérez Luna, El Ojos, tiene antecedentes que se remontan a tiempos tan lejanos como 2004, cuando Andrés Manuel López Obrador era el jefe de Gobierno de la Ciudad de México y Marcelo Ebrard su secretario de Seguridad Pública. Aquel 23 de noviembre de 2004 unos pobladores de la comunidad de San Juan Ixtayopan lincharon a tres agentes de la Policía Federal Preventiva señalados como secuestradores. Estos agentes habían ido a investigar una red del EPR, que estaba ligada con narcomenudistas. Mientras hacían la indagatoria fueron detenidos, golpeados e incendiados por parte de la población, quienes los acusaban injustamente de quererse llevar a unos niños. Sólo uno de ellos logró sobrevivir.

El entonces jefe de la policía local no hizo nada para salvar la vida a los agentes, porque, se dijo, en su momento “dejaba hacer” a los narcomenudistas. Ese hombre era Rigoberto Salgado, quien hoy es delegado por el partido Morena de esa delegación. Sus otros tres hermanos manejan buena parte de la demarcación y de Morena, donde uno de ellos hasta hace unas semanas era el líder de ese partido en Durango. Fue separado del cargo acusado de acoso sexual contra militantes del organismo político.

Desde entonces, 2004, Tláhuac ha sido el centro de operaciones de diversos grupos del narcotráfico que buscan desde ahí distribuir la droga al resto de la Ciudad de México.

Y es que la capital del país es uno de los sitios que más dinero dejan al narcomenudeo. El mercado ha aumentado porque el número de consumidores se ha incrementado dramáticamente en los últimos años.

De acuerdo con el seguimiento que La Razón ha dado al caso, se sabe que el operativo realizado la semana pasada se logró gracias a los informes de inteligencia de la Marina, los cuales ubicaron a El Ojos porque fue a renovar su pasaporte. Llevaban meses tras su pista.

“Creyendo que no descubrirían quién era, el hombre acudió a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) para renovar su pasaporte, el cual se le venció desde el 2010, y ahí proporcionó sus datos completos. En la forma de solicitud, el capo escribió a mano su nombre, su dirección y hasta anotó el número telefónico de una mujer para que la contactaran si él tenía algún accidente”, consigna la nota.

El Ojos había escapado por lo menos en cuatro ocasiones de la persecución de la que era objeto por parte de fuerzas especiales de la Marina-Armada de México. El cuerpo de élite que lo perseguía era del mismo grupo que capturó a Joaquín El Chapo Guzmán. Luego del enfrentamiento que acabó con su vida, El Ojos quedó abatido en el asiento del copiloto de un vehículo; vestía una playera oscura y pantalón de mezclilla. Entre sus piernas había un arma de fuego.

Al interior de una vivienda quedaron los cuerpos de otras siete personas; ahí se encontraron diversas armas largas y paquetes presumiblemente con droga.

El grupo criminal liderado por El Ojos se apoyaba en una extensa red de mototaxistas para efectuar sus actividades ilícitas, no sólo el narcomenudeo, sino también extorsión y secuestro. En realidad estos cerca de cinco mil mototaxistas, que fueron los que participaron en la quema de vehículos después de la muerte de Pérez Luna, son manejados por uno de los hermanos del delegado Rigoberto Salgado. Por lo menos en Tláhuac todos los indicios apuntan a que los dirigentes y los funcionarios de Morena tenían relación estrecha con el líder criminal y su organización.

Lo cierto es que, en comparación con el año pasado, el índice de delitos denunciados en Tláhuac había aumentado hasta un 44 por ciento desde principios de este 2017. Pero las autoridades delegacionales prefirieron siempre mirar hacia otro lado.

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