Tradicion contra espectaculo

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Montserrat Salomón

Las campañas de los precandidatos a la presidencia de EU conforman en ambos bandos, una confrontación entre la tradición y el espectáculo. Por el lado republicano, tenemos al hermano y el hijo de los últimos dos presidentes conservadores, Jeb Bush, representando el más puro linaje de su partido enfrentándose a Donald Trump, el multimillonario caprichoso que ha llegado a incendiar titulares con su retórica racista. Por el otro lado, tenemos a Hillary Clinton, política demócrata de amplia experiencia, exsecretaria de Estado y exprimera dama de su país, ante Bernie Sanders, un escandalosamente autoproclamado socialista en un país en el que ese término ha significado por décadas el archienemigo ideológico.

Por supuesto, las encuestas dan como ganador a Trump y presentan una lucha cada vez más cerrada entre Clinton y Sanders, sin que Hillary haya perdido aún su clara delantera.

¿Qué nos dice este fenómeno sobre la política de nuestros días? En primer lugar, es claro que la mercadotecnia, alimentada por el escándalo, es efectiva en una carrera en la que cada vez pesa más la popularidad y menos las ideas. En las democracias, el electorado muchas veces decide su voto por vía sentimental más que por un razonamiento pausado. En segundo lugar, nos muestra un dato interesante que si los políticos “serios” no asumen, estarán condenados a la derrota y la extinción: las nuevas generaciones no se sienten representadas por los políticos tradicionales y reclaman un cambio radical.

La mayoría de los votantes no se sienten identificados con los núcleos tradicionales de los partidos políticos. Por esto, payasos como Trump ganan simpatías; son una bofetada a lo establecido. Ante esta situación, no basta con esperar que “pase la novedad” y que los electores serios definan la contienda, es momento de una renovación política.

Aunque la disidencia de Sanders es mucho más seria y compleja, busca abrir una nueva ideología en un país en la que nunca se cambia realmente de color sino que se debate entre los distintos matices de lo mismo, lamentablemente creo que las mayores consecuencias las veremos por el lado de Trump.

Trump ha abierto una encrucijada para los republicanos: o se convierten en un partido que represente al votante blanco (minoritario a partir del 2040) y a sus intereses conservadores, o se moderniza y acepta que la sociedad estadounidense ha cambiado. Jeb Bush lo sabe y por eso ya se ha lanzado en esta dirección para buscar el tan ansiado voto latino al aceptar que no sería un buen “conservador” si apoyara la destrucción de las familias latinas por el tema de las deportaciones. ¿Será que un Bush visionario será sinónimo de la modernización de los Estados Unidos en tema migratorio?

msalomonf@gmail.com