Tres anos desiguales

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Javier Solórzano Zinser

Cerca de la mitad del sexenio si una palabra pudiera definir la administración de Peña Nieto sería desigual. Si bien no tiene sentido restar méritos al primer año de gobierno cuando se consiguió crear el Pacto por México, las cosas han sido hasta desiguales.

Independientemente de que las reformas no hayan terminado en algunos casos como se pretendía, el hecho de sentar a la mesa a los partidos políticos y llegar a acuerdos concretos y propositivos le dio a Peña Nieto elementos para gobernar.

Algunas reformas no han logrado consolidarse. Es un enigma lo que puede pasar con la energética, pero está claro que con el pacto se pudieron mover estructuras que tenían décadas de no tocarse, fundamentalmente por la falta de acuerdos políticos.

La cerrazón ha sido el signo de los últimos años. Nadie cedía y los partidos se neutralizaban ante la eventualidad de cualquier acuerdo. Haber conjuntado la voluntad de los partidos fue un gran mérito colectivo, lo cual se ha convertido en la tarjeta de identidad del sexenio.

El Presidente ha gobernado entre errores y contratiempos. Los avatares económicos en el mundo han obligado al gobierno a cambiar estrategias y a tomar medidas que no tenía contempladas, aunque no todo tiene que ver esto.

La pobreza es prueba de ello. Los números que presentaron Coneval e Inegi muestran cómo la pobreza continúa en los mismos niveles que al menos hace 15 años. No hay cambios significativos por más que se quieran leer los números de otra manera.

El balance es adverso en transparencia y corrupción. Los casos personales del Presidente y el titular de Hacienda, la licitación del tren México-Querétaro, las confusas y discrecionales investigaciones sobre Ayotzinapa y Tlatlaya y la fuga de El Chapo, por citar lo significativo, se han convertido en el rostro de estos años.

A casi la mitad del camino Peña Nieto tiene todavía espacio para revertir muchas cosas. Un caso fundamental como es la desaparición de los 43 normalistas puede ser su punto de partida. Si abre la investigación hasta donde tope se podrá hacer justicia y los padres de familia y la sociedad tendremos algo más que la “verdad histórica”.

El Presidente con todo y las muchas críticas que cotidianamente recibe tiene a la mano revertir rumbos; sigue siendo su tiempo.

 RESQUICIOS. Así lo escribieron ayer:

¿Cómo es posible que quiera Artur Mas convertir a Cataluña en una especie de Albania del siglo XXI? He creído y creo que estamos mucho mejor juntos que separados: Felipe González, ex Presidente de España.

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Twitter: @JavierSolorzano