Un triunfo moral de Estados Unidos

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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La muerte de Osama bin Laden, diez años después de los atentados terroristas en Nueva York, Washington y Pennsilvanya, es un triunfo moral de Estados Unidos.

El que la hace la paga. Lo dijeron hace una década, y lo cumplieron, para beneplácito de miles de millones de personas que rechazan la intolerancia y el terrorismo.

Un cuerpo de élite de las fuerzas armadas estadounidenses acabó con el jefe terrorista en una mansión ubicada en las inmediaciones de la capital de Pakistán.

El mérito es, fundamentalmente, del gobierno de Barak Obama.

En medio de fuertes cuestionamientos a su eficacia y hasta burlas y calumnias sobre su nacionalidad, el primer presidente negro de Estados Unidos dio los resultados que buscaron sin lograrlo George W. Bush y William Clinton.

Seguramente Obama garantiza con esto su reelección por otros cuatro años al frente de la Casa Blanca, pues deja sin armas a quienes le han acusado de tibio y carente de liderazgo.

Pero no sólo gana Obama, sino Estados Unidos.

Con el aniquilamiento del líder terrorista, Estados Unidos fortalece su credibilidad y liderazgo a nivel internacional.

La muerte de Bin Laden es un acto que enaltece a la justicia, pues aunque diez años después de sus más sonados crímenes cayó abatido en un operativo de inteligencia, y no en un acto de casualidad.

El fin de Bin Laden honra también la memoria de las tres mil víctimas que se encontraban en las Torres Gemelas.

Y los pasajeros de los aviones de American Airlines secuestrados ese fatídico 11 de septiembre.

Hace justicia, al menos en parte, a los muertos en Atocha, Madrid.

Y a los asesinados en el metro de Londres.

A los muertos en hoteles del sur de Asia, víctimas todas de la locura asesina de este personaje que ayer dejó de ser un problema.

Seguramente habrá reacciones terroristas en los siguientes días, semanas o meses. Pero ya no será igual sin Bin Laden.

La banda terrorista más peligrosa del mundo está descabezada.

Y el mundo ha recibido el mensaje de que nadie, por audaz, rico y poderoso que sea, se queda sin justicia luego de los crímenes cometidos contra colectivos inocentes.

Por eso es un triunfo moral de Estados Unidos: porque reivindica el imperio de la justicia.

La muerte del terrorista es una buena noticia para la humanidad, tanto como el nombre del autor de su aniquilamiento: Barak Obama.

Si a Bin Laden lo hubiese capturado o matado el gobierno de Bush, tendríamos loas casi perpetuas a la eficacia de las armas y justificaciones al atropello de derechos.

Pero Bin Laden cayó abatido por el gobierno de Obama, con un perfil contrario. Civilizado, lejos de la belicosidad de su antecesor, con valores, humanista.

Enhorabuena.

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