Lunes 3.08.2020 - 21:47

Una pelea de un cubano contra los mitos

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Por:

Rubén Cortés

A la llegada de Fidel Castro al poder en 1959, para convertir a Cuba en “primer territorio libre de América Latina” y en un vergel donde “vamos a tener tanto arroz que no vamos a saber qué hacer con tanto arroz”, la isla mostraba las siguientes estadísticas:

—Entre 1954 y 1958 fueron invertidos 92 millones de dólares anuales en la construcción de viviendas, a razón de cinco mil edificios por año.

—Era el principal productor de azúcar del mundo, la mitad de su tierra cultivable se dedicaba a la caña, con zafras de cinco millones y medio de toneladas.

—El 34 por ciento de la tierra se destinaba a la ganadería y la producción de alimentos, que eran suficientes para garantizar el 75 por ciento del consumo interno.

—Había igual cantidad de habitantes que vacas: seis millones; un automóvil por cada 40 personas, un teléfono por cada 38, un radio por cada seis y un televisor por cada 25.

—El Producto Interno Bruto per cápita era de 374 dólares.

Si las aplaudidas negociaciones actuales entre Cuba y Estados Unidos para entablar relaciones diplomáticas propiciaran algún día el regreso a estas cifras de bienestar entre los cubanos, entonces, como una paradoja demencial, la isla tendría que retroceder casi 60 años en el tiempo.

Estos datos son del libro La revolución cubana, del principal historiador cubano vivo, Rafael Rojas (Colección Historia Mí-NI-MA de… que edita el Colegio de México). 193 páginas prolijamente escritas, imprescindibles para entender al fenómeno castrista.

Rafa (Santa Clara, Cuba, 1965), es profesor e investigador del CIDE desde 1996 y profesor visitante en las universidades de Princeton y Austin. Su padre, el Dr. Fernando Rojas Avalos, fue rector de La Universidad de La Habana, y su abuelo, el Dr. Amador Rojas, ministro de Ciencias en Cuba.

Cubano de profunda raigambre, “sabio joven”, como le llamaba el novelista Eliseo Alberto, Rafa concluye que la Revolución arrancó en 1956, con las oposiciones violentas y pacíficas a la dictadura de Fulgencio Batista, y culminó con la Constitución de 1976: la institucionalización del partido único.

Ésta es la gran osadía de Rafa (Premio Anagrama 2006 de Ensayo por Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano), porque en el lenguaje oficial la Revolución es eterna. Y hasta en el poético oficioso: “… que es más grande que el más grande de nosotros”, canta Silvio.

Por eso, ahora que Cuba está de vuelta (y casi devuelta al concierto de las naciones) es obligatorio leer esta pequeña obra maestra: porque los países, así como las personas, nunca sabrán a dónde van si no saben de dónde vienen.

Rafa nos lo enseña. Créanle.

Yo le creo.

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Twitter: @ruben_cortes