¿Vecinos distantes o distanciados?

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Joel R. Poinsett fue el primer embajador de Estados Unidos en México. Se le recuerda por dos motivos: primero, Poinsett reclutó masivamente a los políticos mexicanos de corte liberal para ingresar en logias masónicas; el segundo, Poinsett fue el introductor a México de unas flores de temporada traídas de Estados Unidos. Las flores, conocidas popularmente como poinsettinas, fueron rebautizadas posteriormente como Nochebuenas. Su popularidad llegó a tal punto que mucha gente las considera mexicanísimas.

El 17 de agosto de este año apareció en Excélsior una entrevista con Roberta Jacobson, actual embajadora de Estados Unidos en nuestro país. Una dama por los cuatro costados, Jacobson se expresó afectuosamente de México. Habló de la situación de inseguridad en el país, xenofobia en las campañas electorales estadounidenses y TLCAN, pero, en un momento determinado, señaló un libro de Diego Rivera y lo consideró “uno de sus favoritos, pues es la combinación perfecta entre lo mexicano y Nueva York.” La declaración tiene peso. La relación bilateral pasa por momentos de tensión, pero hay un punto de acercamiento posible que no hemos explotado a cabalidad: la cultura.

Vecinos distantes, nos decía Alan Riding. No obstante, nunca he visto una nota negativa en los medios de Estados Unidos sobre una exposición artística mexicana. Los cineastas mexicanos han sido galardonados. Nuestros escritores reciben distinciones editoriales allá. Muchos de ellos han sido profesores invitados en sus mejores universidades. La obra de Tamayo se ostenta orgullosa en el edificio de Naciones Unidas en Nueva York. Si usted visita el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York, una de las exposiciones más recordadas en su catálogo histórico es “México, esplendor de treinta siglos”, en cuya preparación participó Octavio Paz.

En la Ciudad de México, uno de los espacios culturales más apreciables es la Biblioteca pública Benjamin Franklin, administrada por la Embajada de Estados Unidos. En ella, se puede consultar gratuitamente la historia y literatura estadounidense, leer la edición impresa de los mejores periódicos de allá o ver una buena película. Ahí trabajan numerosos estudiantes en sus tesis. Si Donald Trump dice que México solamente exporta violadores y criminales, ¿por qué no demostrarle lo contrario intensificando nuestro intercambio intelectual? En otra ciudad grande de Estados Unidos, el Fondo de Cultura Económica podría abrir una nueva sucursal similar a la de la Condesa, que ofreciera teatro, biblioteca, cine mexicano, exposiciones. Serviría como espacio comunitario para aquellos con raíces latinoamericanas. Podríamos solicitar en contraparte que la Embajada de Estados Unidos aumentara el acervo de la Biblioteca Benjamin Franklin y abriera otras similares en diferentes puntos de la República. Las Iglesias exigen devoción. Las bibliotecas la inspiran.

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