Velando las armas

Verdes de Oaxaca apoyan al gallo de PT
Por:
  • larazon

México vela las armas para su partido contra Uruguay. El juego en realidad decide la complejidad del cuarto encuentro. Es decir, hay que evitar a Argentina a toda costa y buscarle la cara al segundo lugar de ese grupo: ¿Grecia? ¿Corea del Sur? Mientras esto ocurre pongo en esta página algunos chispazos de los juegos del fin de semana.

Aquí en Madrid, cerca de la Gran Vía, he localizado un pub irlandés en donde es posible ver los juegos del Mundial sin mayores contratiempos. El Finnegans es una cueva de maderas viejas y pantallas empotradas en la pared por donde deambulan sombras. El tren alemán descarriló en su camino a Serbia. El árbitro Mallenco se volvió loco y expulsó a Klose, luego marcó un penalti a favor de Alemania y aunque usted no lo crea, Podolski falló. Los alemanes se habían olvidado de lo que era fallar un penalti, ese concepto había desaparecido del mundo de sus ideas. Aunque creo que logrará pasar a la siguiente ronda, la clasificación alemana aún esta en veremos. Los vapores hegelianos le han demostrado a Alemania que no todo lo racional es real. Serbia no le ganaba a los alemanes desde hace más de treinta años.

Mestu Özil, el eje de ataque teutón, pasará cuatro días intoxicado por la derrota.

Pedí un Glenfiddich y me aburrí soberanamente viendo el juego de Inglaterra contra Argelia. Fabio Capello sentó en el banco a Green, el portero que se tragó un balón bobo, y alineó a James, un arquero al que apodan calamidad por los desmanes que organiza bajo la portería: despeja mal, se equivoca, acomete mal a la bola. La verdad es que los dos se podrían tirar del puente Londres y su equipo no perdería gran cosa. Este juego infame que nadie recordará ha tenido un atractivo: Inglaterra tiene dos puntos, su obligación es vencer a Eslovenia. La pérfida Albión tiene muy buenos jugadores, pero juegan muy mal. Junto a la mesa en la que veo el juego, dos ingleses desesperados beben cervezas. Maldicen a Capello, a Rooney a Lampart, a Gerard.

Volví al Finnegans para ver a los daneses enfrentarse a Eto’o y sus diez compañeros africanos. Los cameruneses le pegaron al balón de chicle con toda su desmedida fuerza y se cansaron de volarlo a las gradas. Webo tuvo el triunfo en la mano varias veces y los tiró a la basura. Nadie nos ha explicado quién diseñó el maldito balón Jaboulini, o como se llame, y para qué, quién lo probó antes del Mundial y cómo decidió la FIFA ponerlo a rodar.

Después de estrellarse contra jugadores que pesan mucho más y son más fuertes, los daneses vinieron de atrás comandados por Poulsen. La verdad es que fue uno de los mejores primeros tiempos de lo que va hasta ahora del torneo, emocionante y con buenas jugadas. Sorensen tuvo un ataque de amnesia y se olvido de que un portero no puede entregarle el balón a un compañero rodeado de rivales. Emana lo despojo y se la pasó a Eto’o para que la empujara a la red. Los jugadores africanos siempre juegan como huyendo de la ley, no paran de correr y correr, y eso hicieron hasta que les empataron a uno el juego. En una jugada rápida, Poulsen mandó a Rommedhal en profundidad por el extremo, el danés recortó al defensa y metió un gran gol al segundo palo. Camerún paró de correr cuando el árbitro pitó el final del partido y ellos estaban de regreso al hotel para hacer las maletas y volver a casa. Salvo Costa de Marfil, los equipos africanos de este Mundial han sido una decepción.

rafaelperezgay@gmail.com