Verbena por la muerte

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Explica René Girard la forma en la que fue posible que las pequeñas comunidades de la prehistoria sobrevivieran a las venganzas de sangre.

Basta imaginar lo que el homicidio del hijo de un miembro importante del pueblo, a cargo de otro de igual importancia, podía ocasionar. El afán de venganza, el miedo, la envidia, son emociones primarias. Una guerra tribal en una comunidad de 200 personas constituía su fin. Se ideó, así, el mecanismo simbólico consistente en colocar en el lugar del reo a un animal que lo sustituyera. Desencadenar la ira contra el chivo expiaba la culpa y permitía reequilibrar al mundo y seguir adelante.

En esta lógica, el cristianismo aportó la metáfora de la “otra mejilla”. La ilustración, el aparato filosófico jurídico que estructura en el derecho un sustituto de la guerra y en la pena uno de la venganza. Luego vino el espejo negro que fue el nacionalsocialismo. Pese a ello, a lo que se ve, algunos países parecen decantarse, de nuevo, por el ciclo de violencia que se apareja a la venganza de sangre. La festejada muerte de Bin Laden pone sobre el tapete de discusión un tema fundamental para entender lo que sucede en nuestro país: El grado en que la barbarie ha sustituido a la justicia.

Contra lo que pudiera suponerse, el acto de cruda venganza que viene a ser el dispararle a un sujeto capturado e inerme, trátese de quien se trate, y luego arrojar su cadáver al mar, no ha sido objeto de repudio local o internacional. Al contrario. Casi garantiza, al Premio Nobel de la Paz, su reelección para el próximo cuatritenio. Además, motivó el júbilo de la población que salió a las calles a festejar. Debiera preocuparnos esa verbena por la muerte. Debiera porque cuando la pura y dura venganza sustituye a la justicia y cuando los crímenes se confunden con actos de guerra es probable que la violencia crezca.

Son muchos los principios y reglas de derecho internacional vulnerados por este acto. En principio, el operativo de guerra en un país extranjero, Paquistán, sin autorización. Otro es que parece claro que al momento de la captura el terrorista se encontraba desarmado: Bien se pudo capturarlo y se optó por la eliminación lo que atenta, entre otras cosas, contra los “Principios Básicos sobre el empleo de la fuerza y de armas de fuego por los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley adoptados por el Octavo Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, del 7 de septiembre de 1990 de los que se sigue la terminante prohibición de disparar contra una persona inerme y sometida: “Los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley no emplearán armas de fuego contra las personas salvo en defensa propia o de otras personas, en caso de peligro inminente de muerte o lesiones graves, o con el propósito de evitar la comisión de un delito particularmente grave que entrañe una seria amenaza para la vida, o con el objeto de detener a una persona que represente ese peligro y oponga resistencia a su autoridad, o para impedir su fuga, y sólo en caso de que resulten insuficientes medidas menos extremas para lograr dichos objetivos”.

Las condiciones en las que acontece la muerte no se corresponden con las que se siguen de un debido proceso. Tampoco representan un llamado a la paz o a la reconciliación. Y si, por el contrario, pudieran desencadenar una espiral de odios y agresiones.

Decía Ferrajoli que no se ha comprendido que “el objetivo de todo terrorismo es precisamente la guerra, justo porque como guerra, simétricamente se propone y quiere ser reconocido en el nivel, justamente, simbólico. Y por ello la respuesta al terrorismo es tanto más eficaz cuanto más asimétrica sea: mientras más se les atribuya a los terroristas no el estatuto de “beligerantes” sino sólo el de “criminales” y sus agresiones sean reconocidas no como actos de guerra, sino como crímenes contra la humanidad”.

Sucede algo similar, toda proporción guardada, cuando en México se llama enemigos a quienes son vulgares delincuentes. Son más, muchos más ya, los muertos aquí. Frutos de la sed de venganza. De la espiral de odio y violencia que alimenta la venganza.

rensal63@hotmail.com