Verdugos con lupa

Juez niega amparo a chapodiputada
Por:
  • larazon

Ayer no hubo hot cakes de desayunar. Mi marido tampoco los extrañó, le gusta más mi nueva modalidad de esposa futbolera. Prefiere mil veces desayunar en la cama frente a su pantallota que una mesa bien puesta. Desayunamos Inglaterra, papaya y yogur (ligerito porque me estoy cuidando). Quedamos muy satisfechos.

Después del partido de Alemania contra Inglaterra el panorama pintaba bien. Sería un honor ganar o perder contra los alemanes (pensé al terminar el juego). La sola fantasía de ver al Tri dando patadas con un rival tan fino me devolvió la emoción que Aguirre con sus declaraciones me había quitado. La transmisión del juego de México comenzó. Desde el intro de Televisa yo ya quería llorar. Su speech estilo refresco de cola me llegó duro. Mientras tanto, a la casa fueron llegando los invitados, cada uno con su respectivo six, bandera gigante para el rol de la victoria, hijito uniformado y esposa con detalle gastronómico (gelatina, ensalada, guacamole, ceviche…). Mexicanos al grito de guerra…piiiiiiip (silbato)… comenzó el partido.

Los comentarios eran optimistas, Aguirre por fin le había hecho caso a los millones de ”técnicos” que tiene México. La alineación fue aplaudida. Ver a Chicharito desde el inicio era un tranquilizante maravilloso. Pero la cordura y la madurez de mis invitados se perdieron al primer gol de Argentina. Aguirre no había hecho esto, ni lo otro, ni aquello. Total que lo había hecho todo mal. Al medio tiempo con un 2-0 ya no había matices en los juicios de mis compadres. Mi sala era un manicomio (maldita la hora en que puse mi casa) entre los enojos de unos y las mentadas de otros, el aire se podía cortar con cuchillo (mi centro de mesa se estaba muriendo de miedo). Yo de plano me salí al jardín para respirar.

En el segundo tiempo con el tercer gol de Argentina ardió Troya. Todos odiaban al Bofo, a Márquez, al Conejo (hasta a Cuauhtémoc que ni había hecho nada), a Guille, al árbitro… Entre tanto berrinche me rompieron 3 vasos. La cosa ya no era sana. Afortunadamente Chicharito equilibró la situación con un gol y salvó mi vajilla. Se terminó el partido. . No íbamos a ir al Ángel, no íbamos a jugar contra Alemania, no íbamos a ver más penachos en Sudáfrica (al pensarlo se me amarraba un nudito en la garganta). Mientras tanto Maradona a cuadro, abrazando a sus jugadores, festejando con la afición (cómo me cae gordo, con ese equipo que tiene podría haberse quedado dormido durante todo el Mundial y los resultados hubieran sido los mismos). Pero mi sentimiento de desilusión mutó cuando vi a mi compadre Toño. Estaba histérico, no dejaba de decir maldiciones sin importar que hubiera niños, odiaba a su selección y al que se dejara. De repente me cayó el 20 de que Aguirre y mis muchachos además de estar destrozados de seguro se estaban muriendo de miedo de regresar a casa. Con la pequeña muestra de población mexicana que tenía bajo mi techo me podía dar cuenta de lo monstruoso de la situación, los aficionados ahora eran verdugos.

Terminó pronto la reunión, mi marido me ayudó a trapear (como me lo había prometido), llegó Raulito sin la tarea terminada (domingo a las 8:00 pm), o sea que para colmo me tardé dos horas haciendo planas y una collage de la contaminación. Me acosté en la cama preocupada, ¿acaso la afición se limitaba al odio o al amor? Ahora entendía un poco la actitud de Aguirre en las entrevistas, ¿quién no estaría muriéndose de miedo con una afición que sólo apoya las victorias y las derrotas las juzga desde el sillón de su casa con lupa en mano y una cámara lenta en alta resolución?

srita.puntito.razom@gmail.com