Victoria de la diplomacia

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Salvador del Río

Mide tus deseos, piensa tus opiniones,

cuenta tus palabras

Pitágoras

Una de las responsabilidades de toda investidura es la renuncia a la privacidad y la reflexión sobre el efecto de cada la palabra, de cada gesto y del mensaje que cada uno de sus actos refleja.

La tecnología de nuestros días, en su inexorable avance, borra las fronteras entre lo público y lo privado al trascender de los rincones del pensamiento al ámbito del conocimiento de la opinión. El Twit, el Facebook, la página web y en general las redes sociales sustituyen al documento oficial y establecen nuevas formas de comunicación con apariencia de espontaneidad que sin embargo de su informalidad son tenidas por verdaderas. El uso de esas herramientas no exime de su circulación, aunque en teoría están fuera de los anales del acontecer y de la responsabilidad de quien las emplea.

Las recientes expresiones del Papa Francisco sobre el temor del pontífice a una “mexicanización” de su país, Argentina, se conocieron a través de una carta enviada a un amigo, un senador, cuya decisión fue dar a conocer esa misiva. Desde ese momento, el dicho del jefe del Estado Vaticano perdió su carácter privado y se convirtió en material público, objeto del conocimiento y el juicio en el espacio internacional. Un espacio que se ubica ineludiblemente en el terreno de la relación diplomática entre los dos países aludidos.

Ante esa evidencia, el gobierno de México respondió con el recurso legítimo en la práctica internacional: la protesta y la demanda de una explicación por los conductos idóneos. La reacción del gobierno de México ha despertado los más variados comentarios, desde la censura a un exceso de sensibilidad hasta la aprobación por un hecho que constituye el cumplimiento de una obligación, la de preservar, con mesura pero con firmeza, la relación armónica y el diálogo constructivo, instrumento primordial de la diplomacia. De no hacerlo, el reclamo sería por un silencio pasivo que no corresponde al hecho reclamado.

La diplomacia sirve para eso, para la creación de los espacios de diálogo en los que se analicen situaciones concretas, y más cuando se refieren a problemas comunes como es el caso del flagelo de la criminalidad que afecta al mundo entero y en el cual los gobiernos están obligados a actuar con determinación y mutua cooperación.

Lejos de ser una sobrerreacción, la acción diplomática del gobierno de México ante el trascendido de los conceptos del Papa Francisco constituyó una victoria de la diplomacia, manifiesta en la respuesta del Vaticano al puntualizar: las expresiones del Papa Francisco, circunstanciales, no tuvieron la intención de herir los sentimientos del pueblo de México ni desconocen el valor de los esfuerzos que su gobierno despliega para hacer frente a un problema que nos preocupa y nos ocupa por igual.

A través de la historia, la relación de México con la representación formal de la Iglesia católica ha vivido etapas difíciles, desde los esfuerzos de los gobiernos de la Reforma por contrarrestar el poder político y económico del clero hasta la aceptación de una relación civilizada con el estado Vaticano, creado en 1929 como un miembro más de la comunidad internacional. Los gobiernos de esa época, incluso el espurio de Maximiliano de Habsburgo, se negaron a firmar el concordato que la Santa Sede propuso en varias ocasiones, por considerar que no se trataba de un Estado, sino de un grupo religioso sin personalidad jurídica internacional. Salvada esa prevención, por razones históricas que arrancan desde nuestro origen como nación, la relación entre México y el Vaticano avanza por los cauces de una amistad fincada en el mutuo respeto y en la clarificación de cualquier problema o situación que pudieran empañarla.

 Gazapos. En forma aleatoria, se toman algunos titulares de periódicos de la prensa nacional: “Servicio de deuda externa cae 9”; y uno más: “pares buscaron ya a sus hijos en cuartel de Iguala”. Oraciones elípticas porque en ambas faltan los elementos del artículo que los define: (la) inversión extranjera… y “(los) padres ya investigaron en (el) cuartel…

Obligados como deberían estar a preservar el idioma, los medios de comunicación se dan en ocasiones licencias para ajustar los textos con las necesidades de la tipografía acudiendo a la eliminación de artículos y preposiciones como se hace en el inglés, lengua de la síntesis por excelencia.

Se crean así vicios idiomáticos que atentan contra la más elemental corrección gramatical, y se hace sin razón alguna en la libertad que la prensa moderna permite para elaborar titulares sin la camisa de fuerza que obligaba a llenar con caracteres el espacio completo de las columnas. Dígase las cosas directamente, con claridad y sin rodeos, es una máxima del periodismo.

srio28@prodigy.net.mx