Miércoles 30.09.2020 - 20:38

Viene la bola de nieve

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Raymundo

 PRIMER TIEMPO: Cuando por primera vez sintió quebrarse. En la víspera de la elección interna por la candidatura del PAN, golpeada por grabaciones telefónicas que encontraron su camino hacia la opinión pública y lo que sentía como un avasallamiento del gobierno a favor de Ernesto Cordero, Josefina Vázquez Mota decidió jugar una audaz carta: ponerse en contacto con Andrés Manuel López Obrador. El sábado por la tarde hizo una llamada telefónica a una persona muy cercana a ella, muy cercana también al candidato de la izquierda. Quería hablar con él para sumarse a su campaña, porque estaba convencida que iba a perder la contienda interna y, convencida que sería resultado de un proceso ilegítimo, quería protestar de esa manera. A través de ese mismo canal, López Obrador le aconsejó guardar calma, que sería prematuro ese encuentro que pedía inmediato, y que además, los números que él traía más bien le daban la victoria a la panista. Vázquez Mota se fue a dormir con esa respuesta, y al día siguiente, con la traición de los gobernadores identificados con la extrema derecha, Cordero perdió por 12% de los votos la contienda interna. Los temores de Vázquez Mota eran reales, pues de haberse mantenido los amarres que había hecho Cordero, él sería hoy el candidato a la Presidencia. El puente con López Obrador no se ha roto, y hay guiños que ha hecho la candidata hacia la izquierda, como cuando en sus discursos propone un gobierno de coalición. Este domingo los dos van por consolidarse como el segundo lugar en la carrera presidencial durante el debate, y ella por demostrar que su candidatura sí puede ser competitiva frente a Enrique Peña Nieto. Las espadas que se crucen Vázquez Mota y López Obrador mostrarán qué tan afiladas están, o qué tan cerca están de una alianza estratégica contra el PRI.

 SEGUNDO TIEMPO: Ex gobernadores, ficha azul de reserva.Toda la semana ha sido de martillazos en contra del ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, por vía de su incondicional y ex tesorero, Javier Villarreal, acusado por el gobierno de Estados Unidos y procesado en Texas, por presunto lavado de dinero de al menos 20 millones de dólares que afirman salió de las arcas públicas de Coahuila e invertido en ese país. En las entrevistas previas al debate presidencial del domingo, el coordinador de la campaña de Josefina Vázquez Mota, Roberto Gil, ha martillado sobre este caso en el contexto de la corrupción que, por cierto, no lo ven los panistas en forma aislada. En la bolsa tienen otros dos temas a explotar próximamente. Uno se refiere a la detención de Antonio Peña en Texas en febrero pasado, acusado también de lavado de dinero pero para otro ex gobernador, el tamaulipeco Tomás Yarrington, que ha servido a las autoridades federales estadounidenses para construir un caso en su contra por corrupción. En ambas indagatorias, la PGR ha sido muy útil para las autoridades estadounidenses, aportándoles toda la información para construir los casos que vienen madurando rápidamente. La PGR tiene también otro asunto en las manos, una averiguación previa iniciada en la primavera de 2010 por presuntos delitos relacionados con la delincuencia organizada, en contra del ex gobernador de Hidalgo, Miguel Ángel Osorio Chong, y su hermano Eduardo. El ex gobernador, secretario de Organización del PRI, es una de las personas más cercanas al candidato Enrique Peña Nieto y, hasta ahora, el único del círculo íntimo sobre quien han puesto el ojo los cañones.

 TERCER TIEMPO: Espionaje y spin recalentado. La noche del 26 de marzo, en el equipo de Josefina Vázquez Mota concluyeron una estrategia para frenar la caída en preferencia electoral de la candidata: victimizarse. Tantas grabaciones ilegales habían difundido de sus colaboradores, que una más tendría carta de autenticidad aunque fuera pirata. La mañana del 27 de marzo apareció una donde ella sugería que el secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, hacía espionaje telefónico con la complicidad de la coordinadora de Comunicación Social de Los Pinos, Alejandra Sota. Ese mismo día el PAN presentó una denuncia ante la PGR, contra quien resultara responsable, que en este caso, serían los colaboradores del presidente Felipe Calderón a quien tendrían que llamar a declarar. Pequeño problema. Control de daños inmediato. Al día siguiente cambiaron la estrategia: el culpable de todo era el PRI. Para apoyarlo, reciclaron en la prensa un viejo caso de espionaje telefónico, pero salpicado de culpas priistas. Una información originalmente publicada hace más de dos años se repitió como contexto acusatorio. Los que espiaban a políticos eran los mexiquenses, a través del ex agente del Cisen, Luis Miguel Dena, el ex delegado del organismo en el estado de México Gerardo García Benavente, que para entonces ya fungía como director de Inteligencia en la policía estatal, y el abogado Simón Vargas, experto en seguridad. La trama era perfecta. Dena trabajaba con Alfonso Navarrete Prida, ex procurador mexiquense y diputado federal, y había sido colega de García Benavente, quien es compadre de Vargas, actual candidato a diputado por Nueva Alianza y cercano a la maestra Elba Esther Gordillo. Los enemigos de Vázquez Mota juntos en un solo caso de espionaje fabricado por algunos asesores de la candidata: Gordillo y Peña Nieto, enemigos también, por cierto, de Andrés Manuel López Obrador. En el corto plazo, la fabricación fue contraproducente. Pero en el largo, sembró raíces para mantener viva la bola de nieve.

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