Martes 20.10.2020 - 15:17

¿Y tanto daño hace lavarse la cara?

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Es que tanto daña, como refiere la cita, el que agarra la pata de la vaca, como el que le lanza una cubetada de estiércol para ensuciarle la piel. Es una fascinación la que parece rondar aquí. Una que se disfraza de preocupación sincera, pero que tiene mucho más de canibalismo que de ánimo por mejorar.

Cancún, el principal destino turístico de México, albergará a fines de este año la COP-13, una cumbre mundial sobre la biodiversidad que es uno de los eventos de principal importancia en materia ambiental en el mundo. Los ojos del mundo en una región que por igual es sinónimo de éxito y crecimiento económico, que señalada por la depredación que le ha significado. Una exposición mundial que podrá serle, resultarle provechosa o no. Y esa disyuntiva pasa en buena medida por lo que pueda hacerse desde aquí.

No son pocos los opinadores profesionales –esa subespecie humana que se alimenta de la carroña y los titulares periodísticos- que ya comienzan a advertir que resulta un contrasentido que la cumbre citada se realice en una región en la que, para ellos, la depredación ambiental ha sido la marca de la casa. Que, según sus sesudos análisis, Cancún es el ejemplo de lo que no debe ser en cuestiones medio ambientales. Una suerte de Sodoma en la que lo que se refleja es la depredación, la basura, la contaminación. Una mierda entera sobre la cual se celebrará el encuentro político que pretende salvar a la humanidad del desastre medioambiental.

Y entonces, desde aquí, se marca a la región con una mácula que le podrá significar el mayor de los daños. Una etiqueta que refleja una contradicción, que aunque inexistente, puede dañar mucho más de lo que la cumbre puede ayudar.

¿Es Cancún el ejemplo de la depredación ambiental?

Creo que la pregunta en si misma refleja un maniqueísmo propio del fundamentalismo. Los veintinueve mil cuartos de hotel, las centenas de restaurantes y la ciudad de casi un millón de habitantes que se ha construido por el efecto de la dinámica económica reinante, han significado en efecto una transformación del medio ambiente de la región. Es totalmente cierto, pues, que del plantío de cocoteros que hace cuarenta años era lo único existente en la isla sobre la que hoy se emerge la mayoría de los cuartos hoteleros quedó simplemente la memoria. Que sobre las enormes dunas de arena y el páramo existente entonces, se levantaron los hoteles que alimentaron un motor económico que representa más de la tercera parte del PIB turístico de la nación.

¿Generaron los hoteles un daño ambiental? El impacto es innegable; lo que habría que medir con profesionalismo y seriedad, y no con verborrea, es el tamaño del mismo.

Es verdad que Cancún en efecto ha sufrido los efectos de su propio éxito económico en términos ambientales. Sin embargo vale recordar que Cancún fue el primer lugar en el que se instauraron planes de ordenamiento; Quintana Roo fue el primer estado en contar con regulación urbana, antes incluso que la Federación. También, y eso es medible, su estricta regulación en materia de desechos ha permitido que pese a la saturación que la Profepa encuentra en cuanto a infraestructura hotelera, los niveles de contaminación de los mantos acuíferos que la nutren, del sistema lagunar que le rodea y del mar que le cobija, no se encuentran por encima de las normas permitidas y sí, por el contrario, están muy por debajo de otros destinos turísticos o asentamientos humanos.

Que ha habido excesos, en efecto.

Urge pues comprender del riesgo que entraña el canibalismo y la irresponsabilidad. Y en verdad es hora de dejar de joder con aquello de que Cancún es Sodoma. O de plano preparémonos para tener que cerrar la cortina.

ggarcia@elperiodico.com.mx

Twitter: @gergarcia68