Cómo Santander me robó

Un día recibí un correo electrónico de parte de Santander en el que se me notificaba que no había sido posible cubrir el seguro de mi auto por falta de fondos. Era una cuenta de nómina de mis días de godín y casi no la usaba.

Me comuniqué por teléfono con el banco y se me informó que tenía no uno, sino dos seguros contratados. Uno me descontaba cien pesos y otros ciento cincuenta, desde hacía más de tres años. Hice cuentas y en total el banco se había quedado con 12 mil 500 pesos míos.

Me comuniqué al departamento de seguros del banco para aclarar que había un error. Yo no había contratado ningún seguro. Era ridículo. Ni coche tengo.
Se me informó que sí, que efectivamente tenía un seguro de auto y un seguro de vida nada menos que en un cajero automático. ¿Crees que soy tan idiota para contratar un seguro sin saber los beneficios que me reporta? le pregunté a quien me atendía. Le solicité la cancelación de ambos. Todavía, con un tono neutro en la voz, me invitó a reconsiderarlo. Le menté la madre y le colgué el teléfono.

En pláticas con otros defraudados identifiqué el método bajo el que procede el banco. Siempre que haces un retiro de
efectivo en un ATM aparece una pantalla que te ofrece el seguro y otra pantalla que te invita a donar tal cantidad para tal propósito, depende de la oferta de temporada de una institución tan altruista como Santander. En ocasiones por la velocidad con la que se suceden las pantallas o por simple distracción, aprietas sin querer la opción de contratar el seguro. Pero no te das cuenta. Y no haces nada al respecto. Fue mi caso. Y cometí más errores. Como por ejemplo no revisar mi estado de cuenta. Algo de lo que los bancos se aprovechan. No lo revisé por dos razones. Jamás me imaginé que me estuvieran descontando, robando, y porque la vida moderna a veces no te permite poner atención a todo.

Como cuentahabiente defraudado decidí acudir a la Condusef a poner una queja. Para que me tocara turno esperé aproximadamente dos horas. Se me atendió, se me escuchó, y se me entregó un formulario para exponer mi caso. Me dieron todas las indicaciones para darle seguimiento a mi demanda.
Debía acudir al banco a solicitar mi estado de cuenta de los últimos tres años.
Es decir, desde el mes en que el seguro se activó. “Se los tienen que dar”, me dijo una señorita imperativamente. De lo que deduje que sería un calvario. El banco tendría que gastar varios kilos de papel para satisfacer mi petición. Y quizá por su experiencia previa la señorita tenía contemplado que no sería una tarea fácil.

Pero no tuve ni siquiera que enfrentarme a la institución, antes de retirarme la señorita me especificó que haríamos el trámite, pero que era inútil. Por la tajante razón de que el periodo para desconocer un movimiento no deseado es tres meses. Que después de dicho lapso es imposible recuperar lo que el
banco expropió. En pocas palabras, el banco
tiene licencia para robar. El error fue mío, por no darme cuenta a tiempo. Pero cómo me voy a dar cuenta si en primer lugar los estados de cuenta no llegan cada mes, a veces simplemente no te los entregan, y en segundo porque uno confía en que nadie tomará el dinero de tu cuenta sin tu aprobación, pero qué iluso soy.

Siempre pensé que para contratar un seguro era necesario sentarte y firmar un documento. Pues no, por ley el seguro que activé sin percatarme es totalmente válido. Y el dinero no me lo va a regresar el maldito banco. Le expliqué a
la señorita de la Condusef esto. Que si no tienen mi firma es inválido. “Vamos a perder”, me dijo con toda sinceridad. El panorama era desalentador. Invertiría muchas horas y no obtendría nada. Primero en el banco y de regreso en la Condusef. Era un proceso que llevaría semanas. No eran cien pesos lo que el banco me había confiscado, era 12 mil 500 producto del robo sistemático por más de tres años. A cuántos no les ocurriría lo mismo. Seguro a muchos. El robo cibernético es lo de hoy. ¿Seguro de coche? Para contratar uno primero debería comprarme un carro. Pinche cajero pendejo. Maldita sea la hora en la que me dieron en el trabajo una tarjeta Santander.

Llamé a Santander para cancelar la cuenta y se me informó que no podía, porque presentaba un saldo negativo de seiscientos pesos. Y qué hago, consulté. Pues nada, deje de usarla y caducará por sí sola. Todavía que robaron tal cantidad me pedían 600 pesos para deshacerme de ese lastre. Qué cinismo.

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