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El Swift es pequeño y tiene detalles más deportivos. Foto: Autocosmos

El Swift Sport está construido sobre la plataforma Heartect, con un motor de 4 cilindros de 1.4 litros turbocargado de inyección directa; el fabricante lo denomina Boosterjet. Genera 138 hp en el rango de las 5,500 rpm y produce una fuerza de torque de 170 lb-pie en el rango comprendido entre las 2,500 a 3,500 revoluciones; está acoplado a una trasmisión manual de 6 cambios y la tracción es delantera.

En la suspensión delantera muestra un sistema McPherson y en la trasera recurre a un eje torsional.

Las dimensiones son: 3,890 mm para la longitud total; la altura es de 1,496 mm. El ancho es de 1,735 mm y la distancia entre ejes es de: 2,450 mm. El peso es de 970 kilos y para terminar, calza llantas de 16 pulgadas, de 195 mm de ancho con un perfil 50, montadas en rines de aleación de aluminio de 16 pulgadas.

Conformados por asientos cómodos y envolventes en las plazas delanteras, la parte trasera se conforma por una banca corrida, abatible 60-40% las tapicerías son de un textil que se presume resistente. El cuadro de instrumentos conjuga dos tecnologías: la clásica análoga para el cuentarevoluciones y el velocímetro y al centro de los mismos hay una pantalla multifunción con mucha información disponible, desde el boost del turbo hasta las fuerzas G alcanzadas. Los plásticos tienen la calidad esperada en un coche de este segmento; en el tablero y en los paneles interiores hay aplicaciones de color degradado que le van muy bien y se agradecen.

Un factor que hay que considerar muy importante en el Swift Sport es la relación peso-potencia, pues aunque en el papel 140 hp no suenan mucho, en la práctica, y conjugados con el bajo peso vehicular -970 kg-, obtenemos una relación de 6.92 kilos por hp.

El torque es otra de las enormes virtudes, ya que con suma facilidad ponemos en el piso las 170 lb-pie, que nos dan la libertad de ira aprisa tanto como queramos. El escalonamiento de la caja de cambios es bueno; hay pocas caídas de torque entre cambio y cambio. La suspensión McPherson delantera hace bien su trabajo, con suficiente firmeza, sin llegar a ser dura; el eje trasero comunica bien, aunque dada la ligereza del modelo, hay que tener conciencia en las transferencias bruscas, pues en zonas muy sinuosas puede estar un poco suelto; pero nada de preocupar mientras no se abuse de la física.

Un manejo muy divertido, enteramente predecible, de la vieja escuela, en el que había que hacer cálculos rápidos sobre el engrane correcto de la caja de cambios, para ser rápidos en una zona de curvas, sonido agradable y consumos de combustible muy decentes, si no se abusa demasiado de esa adictiva aceleración que sólo los motores turbocargados pueden ofrecer.