Constitución chilanga: avance entre claroscuros

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Como sabemos, concluyó en el Congreso de la Unión la discusión y aprobación de la reforma constitucional para darle una Constitución y una naturaleza jurídica nueva al Distrito Federal. Aquí algunas reflexiones sobre la polémica reforma.

 Antedecentes: el centenario y el Pacto. Estamos a menos de catorce meses de que se celebre el Centenario de la promulgación de la Constitución mexicana. De cara a febrero de 2017, tiempo atrás se generó alguna discusión sobre la pertinencia de crear una nueva Constitución, que obviamente no prosperó. Pero como la reforma defeña era uno de los compromisos del Pacto por México —ya vimos que no de los prioritarios—, fue recuperada y tendremos una constitución capitalina que entrará en vigor de manera coincidente con el Centenario de la Constitución general.

 Críticas. Se centraron en el mecanismo de conformación de la Asamblea Constituyente y en “pactos electorales” entre el diezmado gobierno perredista capitalino y el Gobierno federal, para aumentar la prácticamente nula presencia política del PRI en la capital. Integrar un Constituyente con el objetivo de crear una constitución no es un asunto menor. Si bien me parece fundamental que estén representadas ahí voces ciudadanas y perfiles que aporten propuestas innovadoras y plausibles, era un error dejar de lado a los partidos. Considérese además la reforma que se aprobó, esto es, la posible, y no la que tal o cual interés hubiera querido. El DF no se convertirá en el estado 32 y seguirá siendo la sede de los Poderes de la Unión. De ahí que contar en el Constituyente con algunos perfiles afines al gobierno federal, que representen sus intereses, si bien para algunos es inaceptable, considero que es atendible. Las negociaciones y acuerdos entre los constituyentes no tienen que estar viciados de origen por la vía (designación o elección) por la que llegarán a la asamblea. Eso sí: habrá que estar vigilantes a que esas negociaciones y acuerdos se traduzcan en que los habitantes de la capital tengamos mayor incidencia en las políticas y servicios de nuestro entorno más inmediato, y no en satisfacer solamente los intereses de la clase política.

 Hito histórico. Me parece extraordinario el hecho de presenciar el ejercicio de cambio en la naturaleza jurídica del Distrito Federal y el nacimiento de su Constitución. Los antecedentes más cercanos de un movimiento institucional similar en nuestro país son ya remotos: cuando los territorios de Baja California Sur y Quintana Roo se convirtieron en estados, en 1974. Al menos tres generaciones de mexicanos contemporáneos aún no habían nacido. Será también un ejercicio novedoso para la autoridad electoral: el INE tendrá que organizar la elección de diputados constituyentes, concurrente con la jornada electoral del 5 de junio de 2016. Y, a diferencia de los hechos y circunstancias que dieron lugar a la Convención Constituyente de Aguascalientes de 1915, al Congreso Constituyente de Querétaro y a la promulgación de la Constitución de 1917, todos ellos derivados de la cruenta Revolución Mexicana, lo que presenciaremos en los próximos catorce meses será producto de elecciones libres y del acuerdo entre fuerzas políticas —perfectible, y al que habrá que estar muy atentos en su evolución— en consolidación democrática. No es poco.

hvives@itam.mx
Twitter:
@HVivesSegl

Horacio Vives Segl

Horacio Vives Segl

Licenciado en Ciencia Política por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y doctor en Ciencia Política por la Universidad de Belgrano (Buenos Aires, Argentina). Profesor y director del Centro de Estudios Alonso Lujambio en el Departamento Académico de Ciencia Política del ITAM. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Autor de diversos libros y artículos sobre elecciones, política latinoamericana y política mexicana, publicados en medios académicos y de divulgación en México y en el extranjero. Analista político.
Horacio Vives Segl
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