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Al rock, como a la novela, lo han matado en distintas ocasiones. Y siempre regresa de la tumba. Foto: Especial

1. The Song Remains the Same

Hoy en día Jimmy Page se abochorna por haber adquirido el castillo de Aleister Crowley. Sin embargo, que ahora se haga el escéptico no borra su pasado como devoto de la brujería. La historia es ampliamente conocida. Se achaca a sus prácticas la muerte del hijo de Robert Plant. Razón por la cual el cantante lo persiguió con un cuchillo con el objetivo de matarlo. Desde sus orígenes, Led Zeppelin está ligado a la magia negra. Y pese a que sus integrantes se han deslindado de esa práctica, el aura de oscurantismo pesa sobre el grupo hasta nuestros días.

Para una parte importante de las huestes de sus seguidores, Led Zep es y será una banda con conexiones satánicas. Mi compa La Peineta, el tatuador, me relató una anécdota digna de la reputación del rock. Hoy en día que Plant se ha pronunciado en contra de una posible reunión, y la consiguiente gira, de su antiguo grupo, la nostalgia de los fans se ha recrudecido. Uno de sus fieles se presentó en el tattoo shop para tatuarse el anciano hechicero que aparece en la película The Song Remains the Same durante la canción “Dazed and confused”. El brujo es el mismo Jimmy Page envejecido. Se trata de una especie de viaje al futuro.

Después de una sesión de tres horas y media el fan de Zeppelin salió del estudio con el anciano en la espalda. Una semana después murió en un accidente de coche. Y su muerte fue interpretada con mal signo debido al tatuaje. La parentela, consternada, decidió que en recuerdo de su familiar muerto se harían el mismo tatuaje, para llevarlo consigo. Pero se arrepintieron. Temieron seguir los mismos pasos del fan de Zeppelin. Y para honrar su memoria se hicieron otro tatuaje en alusión, que no tenía absolutamente ningún enlace con la ex banda de Jimmy Page.

2. Rock & roll is not dead

Hace unas semanas participé en una mesa sobre música. Uno de los panelistas se quejó de que no existe una nueva generación de músicos que mantenga con vida al rock como en décadas pasadas. Radiohead, Foo Fighters, son bandas longevas. Dónde, preguntaba, están los chavos de veinte años. Ante esta incógnita existen infinidad de respuestas. Pero la principal es que el rock goza de una salud envidiable en el presente. The Black Keys, Artic Monkeys y Tame Impala son muestra del relevo generacional y de la alta calidad del rock de esta era. Si hiciéramos una comparación entre esta década y por ejemplo la de los ochenta constataríamos que somos más afortunados que en el siglo pasado.

Además existe una nueva oleada de músicos más jóvenes creando productos portentosos. Bully, por ejemplo, una banda formada en Minnesota por Alicia Bognanno, que ha sacado dos discos en el último lustro y ha cosechado el entusiasmo de la crítica. Savages es otra muestra de la bonanza. Es comprensible la exigencia hacia el género. Al rock, como a la novela, lo han matado en distintas ocasiones. Y siempre regresa de la tumba. Si nos remontamos a los ochentas, el futuro del rock no era promisorio. El dominio del hair metal, el pop insulso y la música disco lo habían sepultado. Vean a Ozzy mismo durante ese tiempo, su outfit no tenía nada que envidiarle a la Tesorito.

Hace unos días fui a Mixup a comprar una película para mi hija. Delante de mí, en la fila para la caja, estaba un morrito de unos catorce años contando monedas de uno y cinco pesos. Lo primero en lo que pensé fue en esas doñitas en la fila del súper que se tardan siglos en pagar. Cuando por fin reunió noventa y nueve pesos pude ver el artículo que iba a adquirir. Era Nevermind de Nirvana. Me conmoví hasta la médula. Comprendí que no todo está perdido. Que el poder del rock está intacto. No volverán a existir otros Beatles ni Rolling Stones, pero eso no significa que el amor por la música vaya a diluirse. Arqueólogos y estudiosos como Jack White le inyectan blues a las nuevas generaciones a través de sus canciones.

3. “We don’t need no education”

A los tres años mi hija me daba el cd Mellon Collie de los Smashing Pumpkins para que se lo pusiera en el estéreo. Era el padre más orgulloso del mundo. Después conoció las telenovelas infantiles y fue cooptada por el pop bobo. Maldito Mundo de caramelo. El rock comenzó a provocarle urticaria. Hice de todo para tratar de regresarla al buen camino. Pero fue inútil. La semana pasada, a sus diez años, conseguí destaparle los oídos. Le puse el remix de Another Brick in the Wall de Eric Prydz y le encantó. Luego le puse la versión original y ahora no para de darle replay y de cantar la canción, gracias a Dios.

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