Cuestión de tiempo

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El profesor cerró el libro de historia aparatosamente y lo tiró a la basura. Desde que se descubrió el viaje en el tiempo, había algún idiota que rompía las reglas y terminaba cambiando la línea temporal actual y lo peor, es que nadie, excepto los que estaban en el Instituto lo sabían y vivían siempre con la espada colgando sobre sus cabezas esperando que ese u otro inconsciente, alterara de forma definitiva e incorregible el devenir temporal y el Instituto desapareciera.

En esta ocasión, el sujeto en cuestión había decidido comprar un cuadro a un artista callejero de la Alemania de los 40´s importándole poco la restricción de no hablar, no interactuar y no salirse del camino fijado y autorizado de no consecuencia y provocó que el artista callejero se sintiera el Rembrandt de su tiempo y se dedicara de tiempo completo a pintar lo que lo alejó de la política alterando su destino y logrando que solo se convirtiera en un mediocre pintor de quinta sin trascendencia alguna. Ese artista callejero, aún no tenía su característico bigote de cepillo así que el turista no lo reconoció como Adolf Hitler y se le hizo muy fácil “llevarse” un souvenir. Gracias a su “gesto” no hubo segunda guerra mundial, carrera armamentista, ni desarrollo tecnológico. Uno pensaría que haber evitado la masacre y el genocidio de la segunda guerra mundial merecería un premio y no un castigo. No es así, nunca lo es.

El libro de historia que descansaba en el bote de basura decía que en los 90´s el mundo padeció una crisis de alimentos y al no existir aviones de carga y transporte, internet, interacción económica y por ende globalización, toda Europa, Asia y parte de África perecieron de inanición y de la violencia generada por los pocos alimentos que quedaban. En los telegramas a América se leía la urgencia. Lamentablemente, los insumos tardaron demasiado en ser recolectados y en la travesía marítima, además de que cuando llegaron, más de la mitad estaban putrefactos o contaminados por las ratas de abordo. El número de muertos fue casi seis veces mayor que la suma total de la guerra y la civilización entró en una nueva edad oscura.

El profesor tomó el intercomunicador interno, la señal del celular estaba caída una vez más por la simple razón de que en esa línea temporal aún no habían sido inventados.

 Sujeto: J.P.S. 29 años, viajará el 16 de enero de 2019 desde la terminal de la Cd. de México a las 9:00 a.m. Se recomienda impedirle la llegada a tiempo con una intervención de carácter simple. Bájenle la llanta. En los 15 minutos que tardará en cambiarla se encontrará con tráfico intenso por periférico y su tiempo de llegada será a las 9:16. Debe hacerse de manera inmediata, tenemos 12 horas antes de que el cambio en la onda paradójica se refleje en el Instituto.-

El profesor sacó el ajado libro del basurero, en algún momento había pensado en que cuando sonara la alarma de corrupción temporal no lo leería o quizá, su memoria fotográfica le fallaría y creería que solo era un error del sistema y así, la onda los alcanzaría perdiéndose en la bendita ilusión del que cree saber pero, no sabe nada.

Maldecía el día en que había aceptado la invitación a pertenecer al Instituto de Conservación Histórica. Por un momento había dudado dejar la cátedra de Historia de nuestros tiempos en la Universidad Estatal, el cariño que sentía a la Universidad, su zona de confort y un sueldo que le permitía vivir y darse pequeños lujos era más que suficiente. Sin embargo, dejando de lado que los ingresos que le ofrecían eran extraordinariamente superiores, la carta que acompañaba la propuesta fue la que lo convenció, no solo porque alimentaron su ego pintándolo como el mejor historiador de nuestros tiempos sino por la posibilidad algo mórbida conocer las “historias paralelas” que fueron delicia los primeros meses pero que, como todo lo que se convierte en rutina, terminaron en tediosa carga.

No obstante, lo que ni su ficha, ni su perfil, ni su larga entrevista de contratación contenía, era su fascinación por los viajes espaciales y sabía muy dentro de sí, que la verdadera razón de haber aceptado era que en algún momento, alguno de los cientos de turistas temporales haría alguna de sus miles de idioteces y modificaría la historia en el punto en que la carrera espacial no terminara con la conquista de la luna sino con la travesía del espacio y en ese momento, él, el guardián de la historia, voltearía hacia otro lado y mandaría una intervención errada pero que pasaría los filtros y entonces, se desvanecería y sabría que su historia ya no sería la de un profesor de Historia sino la de un navegante interestelar al fin, si ya se había conquistado el tiempo, el espacio-temporal solo sería… cuestión de tiempo.

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