Viernes 14.08.2020 - 11:53

“ALCOHOL DE MI EXISTENCIA”

alcohol de mi existencia
Alcohol de mi existencia
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Voy a pensar la manera de decirlo sin afectar la sensibilidad de nadie y es que en estos tiempos donde lo que digas es tamizado por un extremadamente frágil filtro de lo bueno o malo, de la subjetiva verdad o de la acomodaticia narrativa. En estos días, digas lo que digas, a alguien ofendes, a nadie juzgas y te juzgan por ello, emites una opinión y eres quemado en leña verde por los que opinan diferente y los que opinan como tú no apoyan para evitar tener un lugar a lado de tu pira.

No, lo siento, no hay manera de no ofender, siempre quedas mal, por ejemplo, voy a empezar con una frase de gratitud... “agradezco al alcohol mi existencia”.

¿A poco no fue bonita? ¿No? ¿Por qué? Si saldrás con el motivo de que el alcohol es malo, nadie en su sano juicio podría reprochártelo pero ni siquiera intentarán hacerlo, destaparán una cerveza, se servirán un tequila y alternarán entre uno mientras brindan porque sabes la verdad. Sin embargo, es cierto, verán, una buena tarde, el señor que me engendró decidió salir por unos tragos con sus amigos y la señora que me engendró decidió hacer lo mismo, después de unos tragos, unas miradas, otros tragos y unos besos, decidieron que tenían toda la libertad del mundo de jugar a amarse, ok, dejémoslo en jugar...

No se vieron más, ni siquiera conocieron sus nombres, de motu propio y con toda libertad cometieron un error, no amarse, ese no es error, el error fui yo pero, no nos adelantemos. La señora que debería llamar madre pero, que simplemente no se me da, se dio cuenta de que tres meses era más tiempo de lo que su ciclo, por irregular que fuera pasaba por normal, así que fue a su farmacia de la esquina distrajo al encargado, se embolsó una prueba de embarazo y ¡zas! una ida al baño y “solo vino” o sea su servidor, pasó de se ser un grupo de células a un enorme, terrible, gigantesco problema. Rauda y veloz, siguió el consejo de sus amigas y nada, ni los remedios, ni los laxantes, ni las hierbas, ni la limpia, ni nada, un mes más con el problema y ya cuatro meses no pasan por unos tacos y un exceso de tarta de zarzamoras, el problema se agudizaba así que agradeció que el aborto fuera legal y fue a una clínica, el problema del problema es que era legal pero, no gratuito, el argumento de un sector social fue, si se paga para nacer, que se pague para que no lo haga y como toda consulta causa honorario se palomeó aunque el negocio no está en la intervención sino en la venta de las células madre de los productos desechados pero, esa, como otras de la narración... es otra historia.

La señora que me llevaba en su vientre pero que no llamaré madre por razones obvias y decididas por ella, vendió ropa, joyas, lap y hasta convenció a varios de entrar a una rifa apócrifa con los tres últimos números del premio mayor del conmemorativo de la venta del avión y con eso fue a su centro de salud más cercano, pagó en efectivo con todo y centavos y se dispuso a liberarse de las preocupaciones de unas largas semanas causadas por 40 minutos de bamboleo y 15 segundos de éxtasis.

La señora no contaba con mi ángel guardián en formato murciélago de bacachá pues el médico llegó absolutamente desinfectado de dentro para afuera vía intracantina y la tan ansiada solución se alargó por varias horas adicionales y mis queridos abuelos (ellos si se merecen ser llamados queridos y abuelos) asustados por la ausencia acatarraron a sus amigas hasta que una rompió el código entre amistades (nunca seguido) de no decir nada a nadie y mis queridos abuelos (aguanta mi miel que se lo merecen los viejitos) llegaron a ver preocupados a su princesa que se había caído y había terminado en el hospital.

Sí, ya sabes que pasó, también el sermón te debe de ser conocido, los gritos, el aporreo de puertas, los llantos desgarradores de unos y otros, el drama y las vestiduras desgarradas volando por la habitación...

Con cinco meses y medio ya era medio complicado liberarse del producto pero, siempre hay alguien tentado por la compra de “tejido de experimentación” a muy buen precio siempre y cuando sean útiles algunos órganos para... las historias de arcadas mejor las seguimos después de desayunar.

Así que aquí estamos otra vez, mi señora engendradora y yo, pequeño polluelo a punto de ser devorado por una aspiradora, ser enlatado y etiquetado para uso y consumo de experimentos o terapias de rejuvenecimiento. Digo, si ya iban a legislar a favor del aborto, hubieran puesto un pequeño inciso, algo así como “art. XVIII inciso b.4) el producto será incinerado, la venta o aprovechamiento será penado con un billetote. Si no se quiere, no se quiere y punto, nada de andar vendiendo lo que se le saca a los demás”. Sí, ya sé que saben que diré... No giren los ojos, en serio, esa es otra historia.

El caso es que ahí estábamos una cama, la señora, la aspiradora y yo... se acuerdan de mi frase “agradezco al alcohol mi existencia” pues nuevamente apareció, un conductor ebrio tuvo un breve pestañeo, el caso es que era conductor de autobús y estaba justo en salida laboral, la saturación de urgencias suele tener un aspecto aterrador en todo sentido y se necesitan todas, absolutamente todas las manos, aparte la reprogamación de una intervención es algo normal ¿no? Pues bueno, de un aborto en la tarde con un médico de ojos verde dólar que se distrajo con un pandemonium en urgencias y que terminó echo pedazos pero satisfecho de haber cumplido su juramento hipocrático pasamos a una cesárea mañanera con un médico joven que vaya a saber usted si fue la falta de café o la simple “confusión” de que si había una intervención programada con la gestación tan avanzada era porque había un problema con el bebé y... bueno, si había problema según la señora pero, esta no es su historia.

Terco yo, lo sé, bien pude cumplir la voluntad de quien me alimentaba vía umbilical pero, no, la cita con la incubadora era un hecho y... demos gracias por la burocratización del sistema de salud pública, ahí estaba, con un tubo inflándome los pulmones en lugar de uno jalándome las extremidades... Ah, sí, ya afuera la señora no podía hacerme nada, afuera si es asesinato, además, la rajada de lado a lado de la cesárea dice que vamos uno cero favor su servilleta.

Aquí estoy y tienen razón los que dicen que para que me trajeron si no me deseaban, si tuve una infancia horrible, eso pasa cuando te gritan en la cuadra que “ojalá te hubiera abortado” y tus simpatiquísimos vecinos te llaman con el apodo “elabor”... estoy de acuerdo con que la creatividad no era lo suyo.

Ya te aburrí, lo siento, en fin, solo vengo a decirte que perdón por robarte el aire que respiras, que neta no pedí estar aquí pero, no me preguntaron cuando me engendraron, cuando quisieron borrarme y cuando salí estuvieron a punto de dejarme ahí si no fuera por los viejitos que se la rifaron conmigo.

¿Pro vida? No, que va, me da igual, es muy su problema, muy su cuerpo, muy su decisión, ah no, tampoco estoy a favor. Lo ves, es que no quedas bien con nadie, por eso te narré la historia para que tu opines ¿no quieres opinar? Claro, te entiendo, a nadie le gusta que se ensañen diciéndole que sí, que no, pero, si van a dividirse de esa forma chequen quien está haciendo el negocio porque si algo es cierto en esta vida es el “folou de monei”.

En fin, ya no te digo más, ¡salud! ¿Qué si estoy borracho? Pero mi querido amigo, hoy cumplo años y es el único día en que me pongo hasta las manitas... es en conmemoración a Baco y a mi murciélago con aureola Mr. Bacachá pues de lo único que estoy seguro es de que a lo único que le debo gratitud es al alcohol y... sus maneras misteriosas de embrutecer al destino.