Butoh, la danza que abre la puerta al subconsciente

Butoh, la danza que abre  la puerta al subconsciente
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El butoh, luego de la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en la búsqueda de un nuevo cuerpo, el cuerpo de la posguerra, adolorido por los fatídicos bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki.Representó una nueva manera de indagar en el subconsciente y en la misma existencia humana.

En 1950 era común que en las calles se vieran sobrevivientes con cuerpos quemados, y con los globos oculares reventados y colgados sobre las mejillas. Una reinterpretación de aquellos cuerpos fue lo que dio origen al butoh, la danza hacia la oscuridad.

Lejos de las técnicas convencionales, el butoh permite una experimentación profunda del cuerpo, de la mente y de las emociones. A diferencias del ballet que busca la perfección y lo bello de los cuerpos y los movimientos, el butoh nos remite a las figuras grotescas.

Los bailarines aparecen en el escenario desnudos, rapados y son sus cuerpos pintados de blanco haciendo lugar entre el escenario y el cuerpo para la exploración. La experiencia puede ser grotesca y cruda. Como todo lo monstruoso, oscila entre lo desconcertante y lo conmovedor.

En colaboración del Instituto Nacional de Bellas Artes, distintos artistas japoneses han mostrado al público mexicano su trabajo, incluso han indagado sobre el legado de la García Márquez y lo esencialmente humano.

El pasado 19 de julio, la coreógrafa Yumiko Yoshioka presentó una versión personal de Cien años de soledad cuya pregunta central radicaba en ¿Podemos vivir solos?¿Cómo sabemos que estamos vivos si no hay nadie que sea testigo de nuestra existencia?.

“En ese mundo tan peculiar que describe García Márquez, todos son aceptados tal y como son”, dice.

Aunque sus piezas no tienen un mensaje político —a diferencia de las puestas en escena de otros bailarines de butoh en naciones como Chile o Argentina, según refiere—, sí alumbran malestares y tristezas: nuestro mundo es frágil, violento y con frecuencia olvidamos que se nutre de las diferencias entre individuos.

En ese sentido el bailarín Taketeru Kudo, quien también estuvo en la ciudad de México, en junio pasado comentó a La Razón que el butoh es una exploración del cuerpo, una especie de ritual que puede conducirnos a ese lugar en el que encontramos lo que nos hace únicos y que es una danza con un lenguaje internacional que puede borrar fronteras.

“No hago diferencias cuando me presento en Europa, África o en América, el butoh es un lenguaje universal, yo danzo más allá de las fronteras. Yo bailo antes de la existencia y de las fronteras. Las relaciones por más sencillas que parezcan terminan por volverse complicadas. Para unirnos es importante sentirnos solos y encontrar lo que nos hace únicos. Es una especie de juego.

La soledad nos unifica y desde ese lugar podemos aceptar la unicidad de los demás incluso viviendo en sociedad”, explicó.

El próximo martes llegará nuestra ciudad Yukio Waguri, uno de los discípulos de Tatsumi Hijikata pionero de la danza butoh.

El artista conversará sobre el método de enseñanza butoh- fu.