Viernes 27.11.2020 - 20:22

CBM

CBM
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-Estará en unos minutos caballero.-

Ni siquiera se molestó en contestar, pagaba y muy bien por el servicio como para además tener que decirles frases huecas de cortesía.

Se sentó en el cómodo sillón de piel y tomó uno de los habanos de la caja que se encontraba sobre la mesa de ébano, tampoco tenía que revisarlo, sabía que sería su marca de siempre con el grado de humedad preferida. Mientras estuviera ahí, toda las instalaciones y las personas estaban a su disposición pero, eso era sólo una ventaja adicional de la pequeña fortuna que les entregaba mensualmente, lo que verdaderamente pagaba era la posibilidad de incrementar su tiempo de vida a través del transplante de órganos.

Mientras fumaba se enfureció al recordar como después de tanto dinero y esfuerzo, el Congreso había votado en contra de la clonación con fines médicos, alegaban un supuesto conflicto ético pero él, junto con la docena de grandes personalidades que habrían financiado el "lobby" pensaban que era un gran retroceso. Un clon no era un ser humano, era un botiquín de supervivencia personalizado y nada más, el coste era prohibitivo así que solo quienes pudieran pagarlo, es decir, aquellos que lo merecieran lo tendrían, la "ética" era para las masas, ellos estaban por arriba de esas insignificancias. Deshizo el habano al apagarlo con furia en el cenicero de plata mientras tosía violentamente, respiró y esputó una masa sangrante que se veía todavía más repulsiva sobre el impoluto piso de mármol... esto era mejor que nada, menos mal que aún había investigadores que sabían que sin ellos se paralizaría la civilización como la conocíamos.

La petición del espécimen 334-CBM//77 llevaba un retraso, apenas unos minutos, pero sus clientes no acostumbraban esperar. Diecisiete plantas arriba, una de las personas más poderosas del planeta esperaba la noticia de si sus nuevos pulmones estaban maduros para el transplante y la programación del mismo.

-¿Por qué está tardando tanto?- El médico nunca levantaba la voz, para un desconocido sería el modelo perfecto de la paciencia para aquellos que lo conocían, sabían que estaban tratando con un hervidero de ira contenida.

-La grúa tiene problemas señor.-

-Soluciónalo.- dijo suavemente mientras dejaba la amenaza colgada en el silencio subsecuente.

El "porquerizo" disfrutaba su trabajo, sobretodo, el silencio que reinaba en las instalaciones, los enormes Cerdos Biológicamente Modificados no hacían ruido, cuando se les injertaron los cultivos de células madre, se les seccionaron las cuerdas vocales y se les fundió el cerebro con una descarga dirigida, ahora eran enormes bultos de carne conectados con sonda de entrada para alimentación hormonal especializada y con una carga genética específica para evitar el rechazo en los transplantes y una muy común y hasta vulgar de salida para sus deshechos así que, lo único que tenía que hacer era monitorear que las protuberancias en los cuerpos de los cerdos se desarrollarán de manera adecuada creando órganos que si bien, al cerdo le eran inútiles, era la finalidad de su creación. Animales con un corazón adicional debajo del cuello, otro con una mano humana saliendo del estómago y un par de ojos en la parte posterior del cráneo y el que estaba preparando tenía una enorme joroba sobre el fofo cuerpo que no era otra cosa que el lugar donde los pulmones "crecían". Sí, como "porquerizo" disfrutaba su trabajo que no era cuidar a los cerdos biológicamente modificados, era, además del silencio, rodearse de monstruosidades físicas y cada quien sus fetiches... Pero arreglar maquinaria le estaba desarreglando su perfecto ambiente laboral.

El caminar en círculo del científico era, al igual que todo lo demás que hacía, perfectamente calculado para liberar el estrés que le estaba generando la demora y esa otra sensación, algo que no sentía desde que era un niño... una pizca de miedo.

El sonido característico de la grúa fue música para sus oídos, sabía que el alivio se reflejaba en el rostro de sus subordinados y tenían razón de sentirlo un poco más y no quería explotar como la vez que le clavó un escalpelo en la mano de uno de sus ayudantes por no secarle el sudor de la frente mientras operaba. Aunque pensándolo bien, eso fue lo que indirectamente lo trajo a este punto, poder investigar, poder experimentar sin restricciones y recibir ingentes cantidades de dinero por hacerlo.

-Está listo señor. Su operación se programará a primera hora de la mañana.-

Después de escucharlo sintió una oleada de alivio, el dolor de su pecho era un viejo conocido pero uno que no le importaría en lo más mínimo decirle adiós.

-Gracias.- dijo mientras la quijada del sorprendido empleado caía hasta el suelo de la sorpresa.

Antes de entrar a la suite preoperatoria, tomó el teléfono y le hizo una llamada a su secretario particular para dejar instrucciones del manejo de sus empresas y organizar una fiesta de nueva vida. Tendría seis días para hacerlo y eso era más que suficiente para que estuviera al nivel de las personalidades que invitarías.

Conseguir el Dom Perignon Rose Gold fue relativamente sencillo, solo era cuestión de hacer la transferencia y tendría el pedido antes de la fecha de la celebración, el caviar Almas tampoco tuvo dificultad alguna, con dinero todo se puede conseguir excepto los rarísimos y exclusivos cortes CBM para hacerlo había que registrarse en una lista de espera que en ocasiones tardaba años y quienes tenían el privilegio de registrarse contaban con el recurso suficiente como para que se les pudiera hacer una oferta para que se lo cedieran. Si no se lo hubieran pedido de manera particular, lo habría sustituido por algún otro producto pero, sabía que de no conseguirlo el sustituido sería él. Tomó la única opción que le quedaba, llamó a cada uno de sus contactos en el mercado negro, sabiendo que quizá pretendieran engañarlo pero era un riesgo que tendría que correr... Costara lo que costara... Así era la instrucción y así lo haría.

-Es un gran negocio.-

-Puedo perder mi trabajo y si lo hago, te quedarás sin la posibilidad de obtener nuevos cortes.-

-Este es quizá la puja más alta de todas las que hemos tenido y tiene que ser en cinco días o perderemos la oportunidad.-

-El trato era que se pondrían en una lista y cuando hubiera te avisara para que colocaras el producto. No tienes idea de lo que me pides, esta gente es muy peligrosa.-

-Así era, pero aunque el precio es prohibitivo para el 99.9% de la población el sabor de la carne merecía la espera pero, por primera vez entraron en una puja de precios, alguien está muy interesado en obtener los cortes y está aumentando el precio a ritmo de vértigo. ¿Sabes que es eso? Puedes mandar al carajo tu trabajo y dedicarte a vivir como rey en una isla sin tratado de extradición, con nombre nuevo y decenas de princesas tropicales para que cumplan tus deseos.-

-No sé, estaríamos exponiendo toda la operación, estaríamos haciendo caldo con nuestra gallina de los huevos de oro.-

-Me acaba de llegar un mensaje, ¡Acaban de ofrecer cincuenta veces más del valor por gramo y están pidiendo cortes de 350 a 500 gramos!-

La cifra sería astronómica pero el riesgo, ufff, el riesgo no sólo era el trabajo, podría costarle la vida si no cubría su rastro.

-Déjame pensarlo.-

-Piénsalo bien. Es probable que nunca tengamos otra oportunidad así.-

-Ok. Lo haré.-

El paciente estaba sedado, los pulmones estaban muy dañados, era una suerte que la maduración del remplazo estuviera a tiempo, por un instante pensó que esa frase de que el dinero compra la suerte era verdad. Después de revisar que todo estuviera listo, cruzó la antiséptica sala para llegar a la habitación de extracción, pulsó la numeración correspondiente y en lugar de escuchar el ronroneo de siempre, apareció un mensaje de error. Maldita grúa.

Vociferó unas cuantas órdenes y controló los signos vitales del paciente, levantar la voz no era propio de él pero, el tiempo estaba en su contra.

Después de 20 minutos sin respuesta, se arrancó la bata, los guantes y bajó al área de cultivo. Tendría, para variar, que resolverlo él.

Cuando el elevador se abrió, encontró a parte de su personal tratando de conectar los restos del cerdo biológicamente modificado, tratando de que los tejidos no entrarán en isquemia pero de solo ver los remanentes del cadáver sabía que los pulmones que dejaron quizá en un fútil intento de no afectar al paciente, eran inviables y las condiciones del receptor significaba que de no recibir el transplante era muy poco probable que saliera de la anestesia, en otras palabras, el que destazó al cerdo, había matado a su dueño, a su empresa y muy probablemente, si no huía, a él también.

El secretario estaba complacido, le habían confirmado que habían conseguido sus cortes CBM certificados, había pagado cincuenta veces el valor de un producto de por sí absurda e increíblemente costoso pero así lo había solicitado su jefe. Oprimió el botón de envío de la transferencia de fondos. Ahora solo era cuestión de que su jefe saliera de la operación y al regresar tendría su cena de vida nueva con los mejores y más costosas viandas. Nunca había probado los CBM, pero en una plática, si jefe le había dicho que era la carne de cerdo más suave que jamás probaría, que tenía un gusto único, casi como la carne humana pero sin su correosidad y sus toxinas. Se estremeció al recordar que rió creyendo que era broma pero, los ojos de su jefe sólo reflejaron anhelo. Quizá ahora podría saber porque era los cortes CBM eran el pináculo del lujo y la exclusividad...