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Sin duda una de las colecciones privadas, o mejor dicho, de grandes empresas no sólo de Francia, sino de Europa, es sin duda, la Colección Renault La Fundación Renault – que ha rendido frutos en muchos campos de la investigación y la difusión cultural, pero que, en el campo concreto de la promoción pública del arte de vanguardia contemporánea, ha sido un hito en Francia y Europa -. Hace un par de años se presentó por vez primera en México, fue en el Museo Rufino Tamayo, cuyo título fue La máquina y el juglar. Obras de la colección Renault. Los artistas convocados fueron Jean Dubuffet, Henri Mixchaux, Erró, Jean Tinguely, Armann y el fotógrafo Robert Doisneau, que realizó una serie de fotos en la planta Renaulr de Billancourt entre 1934 y 1939, cuando trabajaba en el departamento de fotografía de la institución. Hace muy poco tiempo se exhibió en diversos museos de China y en el Museo de Arte Hubei en Wuhan – ciudad hoy muy famosa por el Coronavirus-, con más 100 obras de arte de grandes artistas internacionales contemporáneos : Arman, Dubuffet, Tinguely y Vasarely. La colección cuenta con más de 300 obras de casi 100 artistas de las diversas vanguardias europeas.

La obra y trayectoria artística de Jean Dubuffet (1901, El Havre- 1985- París), se podría decir que comienza en 1942, cuando decide dedicarse plenamente al arte,, proponiendo una de las obras más singulares, radicales e influyentes del arte de la segunda mitad del siglo XX. En este momento tiene más de cuarenta años, se ha pensado mucho sus desafíos y está dispuesto, con todo lo que ha llovido por entonces, a conservar sus afanes aniquiladores para con lo convencional y a implicarse a fondo con un trabajo, el del arte. Tras sus series Las marionertas de la ciudad y del campo ( 1943-1944), los hallazgos de Mirobolus, Macadam y Cía., y Altas pastas ( Galería Drouin, 1946) – paisajes y efígies anónimas pintadas en colores borrosos – lo liberan de veinte años de errancia diletante, renovando singularmente, no sin escándalo, el vocabulario “ figurativo” de ña época. Desde entonces su producción, se ordena en ciclos sucesivos, cada uno de los cuales desarrolla una reflexión sistemática. La invención de lenguajes plásticos nuevos y la constante experimentación de técnicas inéditas jamás quiebran la coherencia de concepción de este libre itinerario. La de Dubuffet fue una “investigación metódica y delirante”, escribió Octavio Paz, y también apuntó que el suyo fue “ un radicalismo racional que hace apología del irracionalismo y del arte bruto”.

Obra del artista francés Arman.

El caso es que fue vaciando su obra hasta hacerla desierto. O fue llenándola de furiosos trazos para sortear todo convencionalismo. Ahí están sus pinturas relieves y esculturas, pertenecientes a su serie Hourloupe, que forman parte de la muestra, y que nos descubren su querencia por las figuras y por las texturas. Los cuadros tenían que mirarse, pero también tocarse. Se empeñó en apartar cuanto fuera accesorio y, en el fondo, lo que pretendía simplemente era volver a mirar el mundo. Su obra es única, más allá de toda proclama, de todo gesto; pero sin éstos, nunca hubiera existido como artista.

La exposición continúa con el excelente artista y escritor franco-belga, Henri Michaux, nacido en 1899 y muerto en 1984. Su obra poética y ensayística ha sido traducida al español, pero cuya obra pictórica no ha sido divulgada en México, a pesar de haber ejercido una fuerte influencia internacional. Es difícil resumir la importancia de Michaux en la cultura del siglo pasado y no sólo por su versatilidad creadora Se le considere como pintor o como poeta, en cualquiera de estas dos facetas por separado habría merecido un lugar de privilegio, lo cual es francamente poco corriente. ¿ Será por lo que su escritura tuvo siempre de grafía, de gesto, de nervio?. Hay que recordar, desde luego, lo que este poeta halló en Asia, y, en particular, en la vieja y refinada China, país donde la propia caligrafía poética es inseparable de la pintura. Sus primeros escarceos pictóricos datan de 1937 y muestran, sobre un fondo oscuro, negro, el palpitar de vagos paisajes andinos, donde se cocieron sus primeras ilusiones visionarias. Había en ellos algo de los paisajes de Max Ernst, con sus perfiles mágicos y fluorescencias orgánicas, de aspecto inquietante y sorprendente.

Obra del artista francés Jean Dubuffet.

Michaux, como tantos otros en aquel momento, partió, en fin, del inmenso continente imaginativo del surrealismo, pero, enseguida, giró por una senda personal e intransferible. Una senda caligráfica, que pugnaba por expresar lo que entreveía sometido al efecto de potentes narcóticos y exóticos alucinógenos, como la mescalina o el peyote. Todo esto fluyó de la manera más deslumbrante en la década de los cuarenta, cuando Michaux, junto con Fautrier y Dubuffet, se convirtió en el alma del emergente informalismo francés. Era sobre todo, una obra de apretada escritura visionaria sobre papel, en la que la sensación cósmica no perdía nunca una dimensión íntima, porque, en realidad, navegaba por el insólito e interminable océano del cerebro, la galaxia más recóndita. Pero, en cuanto triunfó el informalismo tachista, formando escuela, Michaux se desentendió y siguió a su aire, con total independencia.

Obra del artista francés Joost Hogervorst.

El mérito de la actual exposición es que ha conseguido reunir, cuatro artistas – sin hacer menos a los otros tres- claves de la vanguardia internacional y que en el caso de Dubuffet, Michaux, Armann y Tinguely, su obra es más vigente que nunca, dada la confusión reinante en el mundillo del arte contemporáneo… Es notorio recordar y descubrir estas colecciones privadas europea – en México una

colección de arte contemporáneo excelente es la de Jumex, y que decir, en su momento la de la Fundación Televisa, entre otras-, que mucho tienen que ver con el gran coleccionismo, sino también con la visión de crear espacios de difusión para que nosotros como espectadores las podamos descubrir.