Conquistas de comunidad LGBT motivan a La Cebra a reinventarse

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Por:
  • adriana_gochez

Hace dos décadas cuando el coreógrafo y bailarín José Rivera Moya fundó La Cebra Danza Gay, denunció en sus obras la homofobia y la discriminación de personas con VIH. Su bandera fue luchar contra esos estigmas; sin embargo, ahora hace un cambio hacia temas más oníricos y personales, en esta hambre por la renovación. Durante un periodo de reflexión de seis meses decidió no hacer “una compañía de repertorio” y tiró el vestuario de obras que nunca volverá a presentar: Antes que Amanezca y Brooklyn (I’m Feeling Blue), son algunas de ellas. El resultado de esto fue también la creación de XX veces +, una obra “profunda, íntima y dramática”, con la cual celebra 20 años de trabajo de esta agrupación, cuenta a La Razón.

¿Qué ha pasado durante estos 20 años? En la compañía han pasado alrededor de 120 bailarines, he formado a muchísimos bailarines y me siento reconfortado, que no nada más he hecho cosas sociales sino que he contribuido a la formación de ejecutantes, de coreógrafos, de un repertorio, muchas cosas, La Cebra ha sido muchas cosas, es una plataforma, un referente de las artes escénicas del país.

Hace algunos años mencionaba que quería dejar atrás la danza militante y enfocarse a obras más personales ¿por qué este cambio? La ciudad ya no es la misma que cuando fundé La Cebra. La comunidad por la que he luchado, todavía falta por hacer; pero, sí vivimos en mejores condiciones, tenemos muchos más derechos, una voz. Debido a este cambio, el discurso no podía ser el mismo, porque también iba a haber un momento en que iba a ser obsoleto hablar de lo mismo durante muchos años, por eso empecé con Las simples cosas, en 2008, una vertiente más existencial, personal, íntima y autobiográfica, he ido por ese rumbo. Aunque mucha gente se enamoró de los proyectos anteriores, tengo que ser congruente con lo que voy sintiendo, con mi crecimiento y evolución como artista.

Alista el estreno de XX veces +, ¿cómo es esta obra? Abordo cosas muy personales de la historia de los 20 años de la compañía pero no a nivel político ni militante, sino lo que sucedió en mi casa con los bailarines. Es una obra profunda, íntima, dramática, y por momentos celebratoria. Transita por muchos lugares y por espacios emocionales, está la presencia simbólica de algunos de los integrantes más importantes de la compañía —representada por jóvenes bailarines— como el caso de Manuel Stephens, de Israel del Río, de Roberto Robles. La gente que nos ha seguido va ver toda la iconografía de la compañía, se reconoce inmediatamente el lenguaje. Hice esto porque el punto y el sentido ahora para mí es crear cosas nuevas con personas nuevas, renovarse.

¿Qué temas le gustaría indagar proximamente? Siempre me ha atraído mucho el tema de la muerte, el mundo onírico y de la fantasía. Mi próximo proyecto, que también ya está en mi escritorio, va sobre eso, un mundo onírico. Quiero hablar de mi percepción de la muerte, lo que intuyo que es.

¿Qué intuye que es la muerte? En términos prácticos y más legibles me parece que es una transición de un estado a otro. Cada día es como si muriéramos y renaciéramos porque cada día sale el sol y es como si estuviéramos naciendo. Tenemos la oportunidad de ser diferentes, reinventarnos. Si cometiste un error, si hiciste algo que no te gustó, fuiste en una dirección equivocada, o crees que no es por ahí, al otro día tenemos la oportunidad de probar hacia el otro lado. Para mí cada día es de vida y de muerte.

¿Esta filosofía aplica para el trabajo que realiza en la danza y con la compañía? Claro, no quiero que mi compañía sea de repertorio, no sé cómo me haya salido la obra que voy a estrenar, no soy genio, pero estoy contento con el trabajo y creo que le va a gustar a la gente. Lo importante es crear, seguir creando, experimentando, probando, seguir jugando con este mundo maravilloso que tenemos en las manos.

¿Tiene miedo a repetirse? Sí, quizás siempre va a haber cosas, porque tengo un lenguaje, un estilo, una manera de abordar la danza, el escenario, ese siempre va a ser mi sello, mi signo, y por eso mismo se va a reconocer mi trabajo y el de La Cebra, pero repetirse tal cual a muchos no nos gusta, no queremos y nos da miedo. Por eso también agarro periodos de descanso para poder reflexionar y decir no es por aquí, ahora vamos a probar otras cosas, probar cosas nuevas da miedo, pero me gusta arriesgarme.

¿En qué etapa de su vida está? Como bailarín la gente que vea la obra va a ver que abordo el escenario de manera diferente, mi cuerpo ha cambiado, soy un hombre de casi 48 años, no pretendo bailar como un chavito de 20 años, bailo como siento mi cuerpo, está toda la experiencia. Es muy rico para mí porque me siento muy diferente pero es muy placentero, eres una persona madura y vas viendo cómo tu cuerpo se va transformando y usas la experiencia para abordar el escenario de manera diferente.

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