Construye Aguilera sumario de nostalgia

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Foto Editorial Santillana


La novela El pasado es un extraño país (Suma de Letras, Santillana, 2012), de la mexicana Flor Aguilera, comienza con un sueño con Fidel Castro y se extiende por evocaciones en las que lo sucedido se hace presencia: nostalgias de acusados exilios, fracasos amorosos, soledad y desaliento.


“Escribo para convertirme en otra. Lo hago muchas veces desde la primera persona y todo cambia: mis circunstancias cobran otra dimensión. Alcanzó a ser la niña que quiero seguir siendo. Me nutro del recuerdo. Las cosas son para mí, resultado del repaso memorístico. Esto que acontece ahora, todavía en mi concepción no ha sucedido, será después cuando lo evoque que tendrá lugar”, comentó para La Razón Flor Aguilera.

La protagonista de El pasado es un extraño país, Ana Goldberg, ha viajado por muchas naciones: sus remembranzas conforman su presente. Criatura desarraigada, no se siente atada a ningún sitio ni establece relaciones con nadie, hasta que un inesperado romance desequilibra las consonancias de su aparente tranquilidad.

Con el padecimiento de “hipertimesia o memoria superior autobiográfica”, Ana tiene la capacidad de recordar “cada minuto de mi vida, a partir de los seis años”. Narrada en primera persona con mudas temporales/espaciales (infancia/adultez) de precisos trazos memorativos, estamos en presencia de una cabalgata de alegorías que articula —con atildado sentido del humor— conjeturas y reflexiones que fusionan tonalidades propias del ensayo con la crónica: enunciaciones sardónicas cercanas a Truman Capote, Paul Auster y Woody Allen.

Discurso explícito, a veces lindante con la oralidad, sin aspavientos técnicos que atrapan al lector por su franqueza. Aguilera, autora de varios relatos para jóvenes (Diario de un ostión, Mi vida de rubia…), es una narradora de acento natural: interludios poéticos de lenitiva y convincente prosodia.

“Me interesaba compartir con los lectores las prerrogativas de cambios en nuestros gestos producidos por circunstancias inesperadas. Me preocupan los recodos del olvido, no quiero olvidar, quiero recordarlo todo: esas vivencias cosidas al pasado marcan lo que soy. Esta novela quiere sostener esa tesis. Ojalá y lo haya conseguido”, concluyó la también autora del poemario El último vuelo fue a Shangai.

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