Despues de hallar el Tzompantli buscan la Gran Plaza Ceremonial Azteca

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Por:

Infografía Daniel Martínez y Alfredo Peralta

El hallazgo de la escultura Coyolxa-uhqui, Diosa de la Luna, el 21 de febrero de 1978 dio pie para que un grupo de expertos, liderados por el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, se embarcara en una aventura que aún se mantiene: el Proyecto Templo Mayor. Esta investigación, que ha perdurado durante 38 años, está más activa que nunca con el reciente descubrimiento del Tzompantli.

Actualmente, investigadores realizan una serie de estudios a los restos encontrados. Al respecto Matos Moctezuma aseguró: “No sólo se van a hacer pruebas de ADN de los cráneos, también todos los estudios antropológicos y físicos. La meta es conocer lo más posible del templo y de la gran plaza ceremonial de Tenochtitlán, por lo tanto no sabemos el tiempo que nos llevemos”.

En este sentido, está contemplado que antropólogos físicos lleven a cabo mediciones con aparatos especiales con el fin de descubrir las características de los cráneos. “Ellos tienen toda una serie de procedimientos para analizarlos. Con base en ellos determinarán, por ejemplo, si son policocéfalos (alargados) o de otro tipo; tienen que observar si tienen deformación craneal porque a veces, en varias sociedades, se deformaban artificialmente los cráneos. Es decir, desde que nacía el bebito se le colocaba una tabla en la frente y otra en el occipital y se iba apretando poco a poco”, explicó a La Razón.

A través de dichas mediciones también se descubrirá, por medio de la dentadura, si hubo infecciones, y si los cráneos correspondían a un hombre o a una mujer, con el fin de saber en detalle quiénes fueron las personas que habitaron allí.

Los trabajos en el Templo Mayor continúan. “En el lugar donde apareció el Tzompantli, como está debajo de un edificio de la etapa colonial, se dificulta las excavaciones. Hay muros que están como parte del edificio posterior y, entonces, tenemos que estar viendo dónde se puede perforar y hasta dónde podemos hacerlo. La idea es tratar de hurgar lo más posible para tener una idea mucho más clara de este edificio prehispánico”, adelantó el experto.

Posteriormente, apuntó el arqueólogo, el Tzompantli será exhibido: “Todos estos vestigios de alguna manera deben ser expuestos y que la gente pueda observarlos. Así tenemos varios. Atrás de la Catedral, en la calle Guatemala, está, por ejemplo, el Centro Cultural de España y, abajo, a la vista de la gente dejamos los restos de lo que se piensa era la escuela para nobles. La idea es hacer eso mismo con esta estructura para que quien lo desee, la conozca”.

Durante la conferencia de prensa que ofreció en el marco de la Feria Universitaria del Libro, que se realiza en Pachuca, el profesor indicó que “el proyecto Templo Mayor busca aportar más información de lo que eran los mexicas. Faltaba encontrar el trabajo arqueológico para completar con el documento, el proyecto ha permitido esto. Han participado arqueólogos, físicos, químicos, restauradores, geólogos, biólogos”.

El arqueólogo reconoció la relevancia de esta indagación: “El impacto fue importante a nivel mundial. En 1983 se llevó a cabo un simposio en Washington en una sede de investigaciones en la que solamente admitían a 25 especialistas. El proyecto del templo causó tanto impacto que se abrieron las puertas y hubo más de 250 investigadores para hablar de lo que se había hallado en el Templo Mayor, además ha ganado varios premios como las Palmas Académicas de Francia, la Orden de Caballero de Artes y Letras de Francia, la medalla Henry B. Nicholson de la Universidad de Harvard”.

“Restos arquitectónicos, vestigios de ofrendas, un sinnúmero de materiales se han encontrado, la tercera fase es la interpretación, ya tenemos una cantidad incalculable de materiales que van saliendo. Estos elementos necesitan ser interpretados: fauna, máscaras, tumbas”, abundó.

El arqueólogo subrayó las dificultades que implica un proyecto de tal envergadura, tomando en cuenta que Tenochti-tlán está bajo la actual Ciudad de México. “Tenemos mucha información en las crónicas escritas, pero falta encontrar el dato arqueológico”, concluyó.

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