Martes 24.11.2020 - 18:00

"Dime dónde escribes y te diré quién eres"*

Entrevista con Emmanuel Carballlo

Emanuel Carballo
Emanuel CarballoFoto: Especial
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Con la nueva edición de Protagonistas de la literatura mexicana, el crítico literario Emmanuel Carballo (Guadalajara, Jalisco, 1929-Ciudad de México, 2014) realizó estudios de derecho en la Universidad de Guadalajara, donde ha sido profesor de literatura universal y gramática; coordinador de literatura en la Dirección de Difusión Cultural; maestro de novela y cuento mexicanos del siglo XX en la Escuela de Verano; profesor en la División de Posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y en la Escuela de Escritores de la Sogem. Fue autor de las antologías Cuentos completos de José López Portillo y Rojas (1952), Cuentistas mexicanos modernos (1956), El cuento mexicano del siglo XX (1964), Narrativa mexicana de hoy (1969), La narrativa mexicana de 1910 a 1969 (1979), El cuento mexicano del siglo XIX, La novela mexicana del siglo XIX (1982), La poesía mexicana del siglo XIX (1984), Cuento mexicano del siglo XX. Breve antología, siete autores que van de 1900 a 1930 (1986), ¿Qué país es éste? (1996) y Autobiografía: Emmanuel Carballo de cuerpo entero: ya nada es igual (1991). Fue reconocido con el Premio Jalisco de Literatura 1990 (por trayectoria literaria), Premio Arlequín 1999 (por trayectoria literaria), Premio Iberoamericano 2005 (dentro de las Jornadas por López Velarde), Premio Mazatlán 2006, Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura 2006, Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez 2006 y la Medalla Alfonso Reyes 2008 (otorgada por la Universidad Autónoma de Nuevo León en reconocimiento a su trayectoria literaria).

Los protagonistas de Carballo tienen algunas correcciones y dos nuevos integrantes (recordemos que en su primera edición de 1965 eran 19 los entrevistados): Mauricio Magdaleno y Juan Rulfo. También se adicionan nuevos fragmentos de diálogos con Salvador Novo, Juan José Arreola, Alfonso Reyes y Carlos Fuentes.

¿Cómo ve a sus Protagonistas de la literatura mexicana en 1994?

El libro ha corrido con suerte. Hasta la fecha se han publicado cuatro ediciones. De la segunda, hecho curioso en México, se imprimieron treinta mil ejemplares, lo que para un libro de historia y crítica literaria es un hecho inusual. Los lectores lo leen y los críticos, muchas veces, usan su contenido sin emplear las comillas de rigor.

¿Cómo concibe la entrevista?

La concibo como una confesión general. Al ejercitarla he procurado —para que tal examen de conciencia sea posible— estudiar la vida y la obra de cada uno de los escritores seleccionados desde distintas perspectivas. La más segura, y también la más obvia, es aquélla que consiste en indagar en las fuentes oficiales de información: los estudios biográficos, las historias de la literatura y los trabajos de exégesis. Más arriesgada —por qué no pasa de ser testimonial y menos rígida, dado que la anima la pasión— es la perspectiva que toma en cuenta los juicios y prejuicios que sobre cada entrevistado poseen sus camaradas de oficio, sus amigos y enemigos. Una más, modesta pero necesaria, la constituyen las noticias que acerca del personaje han ido apareciendo en periódicos y revistas: esta perspectiva da a la entrevista la atmósfera y, en ocasiones, revela el carácter y la personalidad del entrevistado, por más que éste trate de ocultarlos. Revestido con estas armas defensivas y ofensivas, el entrevistado está capacitado para enfrentarse, en un combate cuerpo a cuerpo, con quien puede ser su asesino o su víctima y en quien siempre le gustaría encontrar a un ser comprensivo, lúcido e inteligente.

Carballo

¿Cuál es el papel del entrevistador y del crítico?

El papel del entrevistador es en sí incómodo para quien lo practica y desa-gradable para quien lo padece desde la acera de enfrente. El entrevistador se enfrenta casi siempre a seres humanos famosos o en vísperas de serlo, excepcionales si se piensa que constituyen casos límite: se trata de hombres o mujeres que funcionan mental o emotivamente con tal perfección o rareza que piensan, sienten y se expresan como seres únicos e irrepetibles. Por otra parte, el entrevistador es un aguafiestas que en lugar de meter la nariz donde no lo llaman saca la grabadora y apunta lo que está permitido escuchar, pero no escribir. Una buena entrevista empieza donde termina el sentido común, la legítima conveniencia del entrevistado, y se vislumbra la autenticidad, una o varias facetas de la verdad. Y el papel que cumple el crítico-investigador es el mismo hoy que en los años cincuenta. Se trata de explorar y solucionar problemas que no se han modificado ni se modificarán.

En la nueva edición figuran escritores como Mauricio Magdaleno y Juan Rulfo, ¿por qué en ésta y no a partir de las anteriores?

A Mauricio Magdaleno lo entrevisté en fecha posterior a la salida de la segun-da edición de los Protagonistas, unos cuantos años antes de que muriera. En mis ratos libres trabajé laboriosamente el diálogo (a lo largo de cinco años) y ahora lo incluyo en el libro. Me agradaba porque conseguí captar el momento en que don Mauricio renuncia a las cosas de este mundo y se siente más ángel (o un demonio) que un ser de carne y hueso. En ratos habla del más acá y en otros del más allá con profundo conocimiento de causa. A Juan Rulfo no lo entrevisté, aunque casi siempre lo tuve cerca y dispuesto al diálogo: nos ligaba la amistad y el paisanaje. El texto sobre él está hecho (caso único en el libro) con base en recuerdos, de confrontar sus puntos de vista con los míos acerca de la discutida creación de Pedro Páramo, de la que yo estuve próximo. Como en el caso de Magdaleno, se trata de un texto reciente.

También en la nueva edición añade fragmentos nuevos en los textos dedicados a Reyes, Novo, Arreola y Fuentes. ¿Cuál es el motivo de estos agregados?

Los Protagonistas reúnen a un buen número de escritores que me son queridos y familiares. Por eso vuelvo a ellos con relativa frecuencia. Los releo y desarrollo por escrito aspectos que no había tocado antes. Así he escrito nuevos textos sobre los escritores que nombra. En otros casos se trata de cartas suyas escritas a mí que anteriormente consideré no tener derecho a publicar porque tratan asuntos íntimos. Hoy los tiempos han cambiado. También incluyo una carta de Reyes a Fuentes (de la cual don Alfonso me envió copia) en que le dice que de conocer la novela no le hubiera obsequiado, para titularla, su frase famosa «Viajero, has llegado a la región más transparente del aire». Le pareció inadecuada. Reproduzco algunas líneas de la carta: «Si yo hubiera conocido el carácter de tu novela cuando me pediste permiso para bautizarla con mis palabras, hubiera dudado en concedértelo; [...] yo hubiera preferido que no acompañaras mi frase aplicándola a un objeto tan turbio. Turbio no es censura: tú has querido conscientemente hacer un libro turbio y feo, ¿verdad?». Don Alfonso confundió un innecesario acto juvenil y poco ortodoxo con el acto de burlarse de una sentencia afortunada y repetida hasta el cansancio. Carlos tenía razón. Se refería obviamente a que la nueva Tenochtitlan había perdido, entre otras cualidades fundamentales, la transparencia.

Carballo

¿Qué nuevas propuestas encuentra en la literatura mexicana joven?

Encuentro numerosas nuevas propuestas estéticas y sociales en las novísimas letras mexicanas: en la poesía (sigue habiendo más poetas que estiércol) en la prosa narrativa (que ya ha perdido su hegemonía en cuanto a cantidad de lectores), en el teatro (plural y al día) y hasta en la crítica literaria, el secular patito feo de nuestra literatura. Lo que no encuentro de Fuentes (en prosa), Sabines (en poesía) y Carballido (en teatro) para adelante son figuras que brillen con luz propia. Les sobra aldeanismo y les falta universalidad. La nuestra es en este momento una literatura buena, pero no excelente. Y a la larga un panorama se mide por las excelencias y no por los pulidos y aseados equipos (de segunda fuerza) que produjo. Tan es así que los lectores día a día desertan de las letras y acampan en disciplinas menos sosas y más entretenidas. En otra ocasión hay que hablar de los nuevos gustos de los lectores. Por eso debo decirlo, mis Protagonistas concluyen con Carlos Fuentes.

¿Cuál cree usted que sea hoy el papel del crítico literario?

Entre nosotros, el crítico escribe primero para el director del periódico o revista que le paga un sueldo miserable, de feria, por practicar su oficio («Dime dónde escribes y te diré quién eres».) Escribe, luego, para el escritor a quien enjuicia y, después, para los amigos o enemigos del escritor; demuestra, entre otras cosas, el triste y reducido papel que ejerce la crítica. Escribe, por último, para los lectores, grupo pequeño que lee con desconfianza y rara vez toma en cuenta los juicios del crítico. El lector sabe que casi siempre le mienten, le dan verdades a medias o lo incitan a comulgar con ruedas de molino. No respeta al crítico porque el crítico no se respeta. Entre nosotros, la crítica es impresionista, colonial y de un aldeanismo rabioso e ingenuo. Es impresionista porque no es científica, porque se atiene a las emociones que despierta determinada obra en determinado crítico. Es colonial porque usa como patrones de medida a aquéllos que están en boga en las metrópolis del poder literario. Y usa estos patrones extralógicamente no porque sean operantes sino porque son extranjeros. Ahora somos semióticos como hace varios años —pongo un ejemplo— fuimos existencialistas. Es aldeana porque los vientos burocráticos así lo dictaminan.

¿En la literatura femenina —a partir de Rosario Castellanos, Inés Arredondo, Amparo Dávila— advierte una evolución, una separación?

La literatura femenina ha crecido en número y calidad. Advierto en ella dos corrientes: la que busca el éxito a como dé lugar, sacrificando incluso la propia literatura y la que se propone conseguir, por principio de cuentas, valores estéticos. Se trata de una corriente en la que el rigor, el discurso literario y las estructuras bien acentuadas están a la orden del día. Prefiero, por supuesto, el segundo grupo, menos numeroso y menos conocido que el primero. También entre las mujeres recién llegadas carecemos de genios como Elena Garro. A qué se deberá, me pregunto.

Carballo

¿En qué momento abandonó prejuicios y tabúes para escribir un libro de memorias como Ya nada es igual?

Las memorias están más con el strip-tease que con tratar de ocultar algo. Sin embargo, por más que uno quiere decir la verdad, siempre hay pedazos de mentiras. Yo digo un 80 por ciento de mis momentos más sinceros de la vida y del amor. El gran compromiso es decir la verdad, y hasta cierto punto no se dice completa por los pudores que uno mismo guarda. En mi caso, soy muy raro en ese sentido: tengo una manera de vivir y de pensar muy diferente a la demás gente, no pienso en lo que va a suceder o en si puedo hacer daño a un semejante. En Ya nada es igual cuento la verdad de mi vida y no me arrepiento de contarla: si no dijera la verdad no sería lo que soy actualmente.

¿Qué significa para usted el género de las memorias y por qué las comienza a escribir desde muy joven?

Escribir memorias es un arte: es hablar de lo que viviste y cómo lo viviste. Puedes apuntar cómo era la gente que te rodeaba sin hacerle ninguna cirugía plástica, sino dejándola igual, con sus recuerdos y momentos, agarrando los mejores para convertirlos en palabras. Ahora bien, por qué comienzo a escribirlas desde hace tanto tiempo: por una necesidad que sentí de explicarme y de decir quién soy, de dónde vengo, o simplemente cómo me ha deshecho la vida. No aspiro ya a nada, ni a la Academia de la Lengua, ni al Colegio Nacional, ni a ser amigo de fulano de tal, ni al reconocimiento de los demás: quiero estar tranquilo y vivir en mi casa las 24 horas del día sin ver a nadie.

¿Adónde se encamina usted?

Soy un hombre con cierto talento, soy un escritor con una calificación entre 8 y 9, que he hecho más por otros que por mí mismo. He perdido muchas horas de vida para dedicarlas a otra gente que, con algunas excepciones, me han vuelto la espalda. No tengo ningún poder, tampoco dinero, lo único que poseo son mis columnas periodísticas en las que hablo bien y mal de la gente. Dedico todas las horas que puedo al gran amor de mi vida: la literatura. No soy un genio de ella, esto es algo que me costaba mucho trabajo reconocer.

¿Cuál es la gran lección que ha encontrado en la vida en estos 65 años?

La humildad. He sido humilde al momento de escribir, al momento de amar y de sufrir decepciones de los amigos. Tener un amigo es tener un enemigo en cierne; por ejemplo, hay gente a la que ayudas y luego te quiere quitar el pan de la boca; no puedes cometer mayor insulto que ayudar a la gente. Escribir es un hecho humilde; cuando lees una página que crees perfecta, la dejas descansar y luego ves que es muy mala, y es entonces cuando hay que tener humildad y volverla a escribir. Por eso siempre he pensado que la humildad más grande del escritor es cuando vive de serlo —aunque sea el mejor o el peor de ellos—, cuando siempre es profesional.

Carballo

¿Cuál es la edad que prefiere de todas las que ha vivido?

La infancia, pues en ella hay flores, frutas y colores que se vuelven mágicos en todo momento. Es la única edad hermosa. Después puedes ser feliz, pero ya has perdido la inocencia y es cuando empiezas a conocer la verdadera identidad del ser humano: su maldad.

¿Ha escrito todo lo que ha querido?

No. He escrito mucho, pero tal vez la mitad de lo que pude escribir. Fui un hombre inquieto, conocí el amor, la pasión incendiaria e inextinguible. Lo que jamás he dejado de hacer es leer y escribir mis artículos. Por culpa de las mujeres no escribí los libros que quise.

En sus años de crítico siempre provocó un rompedero de platos, vasos y en algunos momentos, de corazón. ¿Lo sigue haciendo hoy o está arrepentido?

He tenido muchos problemas en mi largo camino de crítico, nunca he sido de las personas que dicen puros elogios a un escritor, y mucho menos de ésas que se enferman de la cintura por hacer caravanas. Veo a la gente igual: todos estamos sentados o parados.

*Esta conversación pertenece al libro Elogio de la memoria. Ensayos y conversaciones de próxima aparición en Editorial Praxis.