Dios nunca muere, el himno de Oaxaca

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Don Macedonio Alcalá (1831-1869)

Foto: Especial


A mediados del siglo XIX, el oaxaqueño Macedonio Alcalá, viviendo en la miseria y gravemente enfermo, escribió, por 12 pesos de la época, Dios nunca muere, vals que se ha convertido en una especie de himno de la entidad. Habitante durante algunos años de la pobrísima región mixteca, el autor plasmó en la composición tanto sus vivencias sobre la desgarradora condición de los pueblos indios como su gratitud porque la “Providencia le había proporcionado ese dinero” cuando más lo necesitaba.

Cuando el músico y compositor oaxaqueño compuso el emblemático tema seguramente no estaba dándose cuenta que su aludida obra desde 1867 ha subsistido gloriosamente con tal aceptación permanente, que es considerado el himno de Oaxaca.

Es una pieza imprescindible en las fiestas representativas de esa entidad de la República Mexicana. Los nativos de la misma se ponen de pie al escucharla. Es también casi obligatoria en las honras fúnebres de los difuntos oriundos de la entidad.

Don Macedonio Alcalá (1831-1869). Nacido en la ciudad de Oaxaca el 12 de Septiembre de 1831, fue el tercer hijo del Gabriel Alcalá y de su esposa Tomasa Antonia Prieto. Se sintió atraído por la música desde su etapa de niñez. Y en su adolescencia fue más notable en ello. Tomó clases de poesía, redacción, composición clásica y aprendió a tocar piano, órgano, violín, violonchelo, contrabajo y guitarra.

No era, pues, un improvisado en el arte musical. En lo que respecta a sus composiciones, además de la que le mantiene como valor nacional, dejó varias más. Entre ellas: Marcha fúnebre, Solo Dios en los cielos, El cohete y Ave María.

La niñez del artista en cierne transcurriría en el plácido ambiente oaxaqueño y bien pronto se inició en la música asistiendo, juntamente con sus hermanos Nabor, Bernardino y Bernabé a una escuela que, por entonces, tenía establecida en esta ciudad el profesor José Domingo Martínez.

No tardaron en ponerse en relieve las cualidades artísticas-musicales del alumno Macedonio quién llegó a tocar hábilmente el piano, la viola, el violoncello, la flauta, el figle y, sobre todo, el violín, instrumento con el que deleitó a la generación de su tiempo, no sólo en los templos, sino también en los acostumbrados “gallos”, en los bailes y reuniones sociales.

El 30 de julio de 1854 Don Macedonio Alcalá, a los 23 años de edad, contrajo nupcias con Doña Petronila Palacios de 21 años, originaria de Yanhuitlán, de este matrimonio provinieron tres hijos: José, Soledad e Ignacio. José el hijo mayor se casó a su vez con Sara Rodríguez y procrearon a José Joaquín, Alfonso y a Esperanza. Soledad, hija de Don Macedonio le dió otra nieta de nombre María. Su tercer hijo, Ignacio se casó con la Sra. Lucrecia Vigil el 21 de Abril de 1890 y falleció el 21 de diciembre de 1913, dejando dos hijos: Macedonio y Soledad.

Estaba carente de recursos monetarios y su vida estaba en peligro. Una organización de músicos, a la que había pertenecido, le envió médico, medicinas y cierto apoyo económico.

Existen varias versiones sobre la historia señala que su benefactor y amigo Roberto Maqueo, viéndolo en esta situación difícil, le dejó discretamente 12 pesos en plata.

Otras versión señalan que le visitaron indígenas de un pueblo cercano para encargarle una pieza musical dedicada a la Patrona del pueblo, dejándole 12 pesos en plata como paga, Y enfermo como estaba, escribió Dios nunca muere y viendo que en ese momento que mas necesitaba, nace este gran vals que se ha cantado en miles de países e interpretados de todo tipo de personas.

En todo caso, se afirma que en cuanto Alcalá recibió el dinero, se incorporó en su cama y trazó en una pared los primeros compases del vals, los cuales transcribió después en un papel para música, con gran esfuerzo de su parte.

Llamó a este vals Dios Nunca Muere en gratitud a que había recibido auxilio cuando más lo necesitaba.

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