Martes 7.07.2020 - 00:04

Director judio monta opera favorita de Hitler

Director judío monta ópera favorita de Hitler
Por:

La historia cuenta que la admiración de Adolf Hitler por Wagner era tal que llegó a imitar el ritmo y el tiempo de la obertura de Los maestros cantores de Nuremberg en sus propios discursos.

Al respecto, el biógrafo del dictador, Ernst Hanfstaengl, llegó a anotar que “el entrelazamiento completo de argumentos intercambiados, así como los ornamentos, los contrapuntos y los contrastes musicales, se reflejaban punto por punto en la estructura de sus discursos, los cuales, sinfónicos por construcción, acababan en una apoteosis del mismo modo en que estallaban los trombones wagnerianos”. No es de extrañar entonces que los nazis elevaran esta obra musical al nivel de ópera nacional o que en el discurso final de uno de los principales personajes, el del poeta-zapatero Hans Sachs, fuera tomado como un lema por el sentir nacionalsocialista. “Desaparecido en la niebla estará el sagrado imperio romano, ¡pero a nosotros nos queda el sagrado arte alemán!”.

Desnazificación. Con la capitulación de Berlín, Los maestros cantores de Nuremberg tuvo que sufrir un proceso de desnazificación similar al de otras óperas del maestro alemán. La obra de Wagner cayó en el descrédito y entró en letargo interpretativo. El martes pasado el Festival Richard Wagner de Bayreuth no sólo abrió con esta obra, sino que lo hizo bajo la batuta del australiano Barrie Kosky, el primer judío al que se confió la dirección en este templo wagneriano de la que fue la ópera predilecta de Hitler.

La provocación y el antagonismo vuelven a ser por un año más los signos de identidad de un festival que lleva en su idiosincrasia la necesidad de remover conciencias. Así lo hizo con el propio Kosky. Se dice que en el año 2012, poco después de que tomara posesión como director artístico en la Ópera Cómica de Berlín y cuando los templos operísticos de todo el mundo celebraban el 200 aniversario de Wagner, él se negó a representar cualquier obra del compositor germano en la que sería desde entonces su nueva casa.

Pero su ambivalencia cambió cuatro años más tarde. En declaraciones publicadas el lunes por The New York Times, Kosky reconoció que le hubiera dado risa si hace diez años alguien le hubiera dicho que acabaría trabajando durante tres años en la obra que el marte le hizo empuñar la batuta.

Un ingenio que vive latente en Katharina Wagner, la bisnieta del compositor y directora artística del festival, que obstinada y a sabiendas de la esencia del evento llevó a Kosky a almorzar para pedirle que dirigiera le ópera.

Seis meses después, el compositor aceptó el desafío y Bayreuth siguió siendo Bayreuth. Pequeños y grandes escándalos han sido la nota predominante de este festival durante los últimos años. Una especie de sello de la casa para animar las conversaciones de los entreactos y que no viene de nuevas. Ya en 1993, el dramaturgo alemán, Heiner Müller, llegó a describir Bayreuth como un nido de recalcitrantes nazis y lo hizo justo antes de su debut al frente de un Tristán e Isolda.