Miércoles 8.07.2020 - 03:14

El poeta escribio y nunca desperto de su sueno

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
Por:

Fotos David Montaño Círculo Rojo y Notimex

Infocomic Erick Zepeda La Razón

P ersonalidades de la cultura mexicana y miles de lectores que lloraban en silencio, despidieron, ayer, al escritor José Emilio Pacheco, quien falleció el domingo pasado, tras ser hospitalizado por un golpe en la cabeza.

Cristina Pacheco, su viuda, recordó a detalle el último suspiro de su esposo.

Entre largas pausas y con la voz entrecortada alcanzaba a decir, como un recurso para hilar su explicación, “no entiendo la vida sin él”.

A su llegada al aula mayor de El Colegio Nacional, en donde se realizó el velorio y homenaje al poeta, la autora de La última noche del tigre narró:

“Al cuarto para las seis, del viernes, le pregunté los planes que tenía para ese día. Me dijo que corregiría el texto La travesía de Juan Gelman (que escribió sobre el escritor argentino fallecido el 14 de enero

de este año)”.

Horas más tarde, cuando Cristina finalizó la grabación de su programa Aquí nos tocó vivir, llamó por teléfono. El autor de Las batallas en el desierto le hizo saber que había sufrido un accidente. “Le dije ¿cómo estás? Me contestó: una tontería, me caí. ¿Dónde te caíste? En mi cuarto, me dijo. ¿En dónde te pegaste? En el escritorio, me contestó”, relató Cristina Pacheco.

Luego llegó a casa y conversó con su esposo, quien detuvo la plática para retirarse a descansar. Por el golpe se sentía muy cansado.

Cristina Pachecho fue a revisar el sitio de la caída. “Encontré todas las cosas tiradas. Había libros tirados. Se veía que había rodado. No era agradable… Le dije no te vayas, quédate conmigo. Me dijo tengo sueño. Se quedó dormido.

Antes de que se durmiera le pedí: ¿por qué no vamos al hospital para que te revisen?. Él me respondió: por un estúpido golpe en la cabeza no voy a ir al hospital y se quedó profundamente dormido. Ya nunca despertó de ese sueño”, comentó la mujer con la que el poeta compartió gran parte de su vida.

Como de costumbre, el sábado por la mañana Cristina le llevó el café a la cama, sin embargo el vapor del aromático que inundaba la habitación no despertó al escritor. “Fui y le dije: no te puedes quedar dormido. Le acerqué el café a la cara. No me contestó. Estaba respirando normal, pero tenía la palma de la mano muy morada y un poco grises las puntas de los dedos”, describió.

El autor de Morirás lejos ingresó al hospital en el que estuvo por dos días, pero, como dijo su esposa, nunca despertó de ese sueño. “Estaba tranquilo. El doctor me dijo háblele. Estuve con él todo el tiempo. No volví a hablar con él. No volveré a hablar con él”, explicó.

“De ahora en adelante tengo que hablar en pasado de una persona que está totalmente en presente en mi vida. Todo lo que diga es en pasado, pero puedo hacer algo, puedo hacerlo real conmigo y que sea un presente distinto. Porque no entiendo la vida sin él”.

Laura Emilia, hija del también traductor igualmente hizo notar la forma en que su padre murió. “Se fue a dormir, y ya no despertó... dentro de todo fue una partida muy tranquila. Ahorita que estamos aquí y estoy muy contenta porque han venido muchos de sus amigos, pero sobre todo han venido sus lectores”, dijo en el funeral que se le organizó, en el recinto que él escogió para despedirse de los suyos.

flores blancas. Personas de todas las edades, algunos con más de un ejemplar de las obras de José Emilio Pacheco, se dieron cita en el Colegio Nacional, para llevar una flor blanca, o bien hacer guardia ante el féretro del poeta.

Pese a que el INBA abrió sus puertas a un homenaje fúnebre para José Emilio Pacheco, fue decisión del escritor que cuando llegara el momento, sus restos fueran velados en el lugar en el que dio clases, conferencias y compartió pláticas y debates con amigos y alumnos.

Personajes como Vicente Rojo, Daniel Goldin, Enrique Krauze, Rafael Pérez Gay, Guadalupe Loaeza, representantes del Fondo de Cultura Económica; Emilio Chuayffet, secretario de Educación Pública; Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Conaculta; María Cristina Cepeda, Teresa Franco, así como Fernando González Gortázar; el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera; el rector de la UNAM , José Narro, y los escritores Jorge Volpi y Jorge F. Hernández asistieron al recinto para hacer las primeras guardias de honor.

El historiador Enrique Krauze le dedicó unas palabras: “José Emilio era un hombre caballeroso, pero no por un cuidado artificial de las formas, sino por una actitud que debió venirle del México que añoró siempre... era bueno, lo caracterizó una insaciable curiosidad por descubrir el ancho mundo y a la vez el altivo gozoso de la minucia”.

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