Lunes 30.11.2020 - 17:53

EVOLUCIÓN ASISTIDA

EVOLUCIÓN ASISTIDA
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Empezamos con la idea de curar las enfermedades congénitas y, ya en el camino, las posibilidades eran infinitas y justificaciones no nos faltaban. Una cosa llevó a la otra y antes de darnos cuenta, estábamos haciendo seres humanos a pedido, las grandes marcas y clubes deportivos empezaron a soltar ingentes cantidades de dinero, el futbolista con las mejores condiciones genéticas para ser el mejor del mundo, el corredor de velocidad, el basquetbolista, el maratonista, el nadador, el quarterback, el beisbolista.

Analizamos muestras de los mejores, encontramos los indicadores, generamos los marcadores, les proveímos de las condiciones requeridas y entregamos unos bebés perfectamente sanos para que fueran alimentados y entrenados según los requerimientos de cada uno. Los fondos fluían a raudales.

La inversión del club estaba rindiendo frutos, el niño era el sueño de cualquier entrenador, sus habilidades superaban por mucho a las de los demás infantes de la cantera y si seguía así, sería el jugador más joven en llegar al equipo A. Los medios lo llamaban el niño de oro, la historia que habían manejado era la de un niño abandonado en la puerta del club envuelto en una manta con el escudo y la telenovela en que se convirtió la primera adopción por un equipo deportivo y el emotivo manejo de las relaciones públicas en los medios que conmovió el corazón de los hinchas y que se convirtió en la mejor campaña publicitaria de todos los tiempos. Al inicio se pensó en hacer lo mismo que los otros niños de la remesa, contratar una pareja para adopción pero, a diferencia de los otros, ellos si creían en el resultado y dejar su producto bajo condiciones no supervisadas les provocaba cierto temor, así que se inventaron el show y no solo salió bien, sino fue tal el éxito de entrada, que el resultado esperado del producto fue considerado indistinto y eso restó presión ante los que dudaron de la compra. Eran muy pocos los que lo sabíamos y así estaba bien, si alguien llegaba a imaginar que habían comprado un niño modificado genéticamente no solo sería una pesadilla mediática sino que probablemente, terminarían en la ruina y seguramente en la cárcel.

Todo mundo le decía que se tranquilizara pero, no eran nervios lo que sentía, era una ansiedad difícil de describir, desde que tenía memoria esto era lo que había soñado, para esto se habái preparado, en la cantera veía con envidia a los otros niños que aunque eran más cercanos a la mediocridad que a la excelencia, eran aplaudidos a rabiar por sus padres así cometieran las más increíbles bazofias con el balón. A él le aplaudían por ser parte del equipo pero, si se equivocaba nadie le abrazaba, su exigencia estaba al nivel de su habilidad y así lo entendía. Sus padres eran todos aquellos que llevaban en el corazón el escudo de su equipo, enrollado en el cuello una bufanda con sus colores o que entonaban su cántico. En un sentido literal.

Fueron dos goles, tres asistencias y miles de gargantas coreando su nombre. Sus padres le daban el reconocimiento y el amor que, hasta ese momento, nunca había sentido.

Los resultados eran positivos, el 80% de las enfermedad es congénitas fueron prevenidas, el 25% curadas y no obstante, el número mágico, la olla de oro al final del arcoíris era el 75% de los adolescentes que despuntaba en los deportes para los que habían sido creados, el 25% se había perdido entre las familias suplentes y el éxito desmedido del futbolista había hecho que el selecto y muy reducido grupo de gentes enteradas y capaces de desembolsar las cantidades requeridas empezaran a pensar seriamente en adoptar desde los clubes, corporativos o trasnacionales seres perfeccionados.

Lo que en un inicio empezó con un afán de servir terminó siendo un negocio descarado y si antes teníamos reservas éticas al asunto, después de unos millones dejó de serlo, vamos, si el tema del aborto se había legislado a favor en base a que era el cuerpo de la madre y su decisión, el hacer lo opuesto pero brindando todas las facilidades genéticas tampoco estaría mal. Es más, podíamos poner ambos extremos en la categoría de “producto”.

El paquete llegó en secreto bajo estrictas medidas de seguridad, el proceso ya había sido probado, los deportistas eran líderes indiscutibles en sus disciplinas, la adopción a través de corporativos era práctica común y si bien, la enorme mayoría de los habitantes de este planeta no sabían como se realizaba, empezaban a sospechar de la casualidad de que las adopciones “aleatorias” dieran tan buenos resultados. Eso nos llevó a la reunión de hoy, el siguiente paso de nuestra evolución... Ahora seríamos nosotros los que adoptáramos, el paquete contenía la carga genética de Sidis, Tao, Voltaire, Einstein, von Goethe, Hawking, Da Vinci, Faraday, Hirata, Newton, Polgar, Simidchieva, Vos Savant, Curie, Stern y la posibilidad de perfeccionarlos en todo sentido, el potencial de tenerlos a todos, de brindarles las mejores herramientas, de hacerlos además de inteligentes, fuertes, sanos, longevos, bellos, en otras palabras, crear la primera evolución asistida de la humanidad.

No es cosificar, no es jugar a ser Dios, es llevar a nuestra especie al mejor de los futuros y pro primera vez, tenemos la posibilidad de elegir como lo haremos.

Algunos creemos que nuestros genios necesitarán protectores, personas que puedan tomar las acciones necesarias para que ellos puedan desarrollarse, así que en secreto prepararemos el perfeccionamiento de Timur, Atila, Vlad, Báthory, Robespierre, Lenin, Mussolini, Stalin y Hitler. Si el mundo supiera lo que estamos a punto de hacer nos lo impedirían, dirían que el riesgo es altísimo, que no tenemos derecho alguno, serían capaces de quemarnos vivos en leña verde pero, todo gran cambio tiene riesgos y en todo caso, mientras mayor sea este, mayor serán los beneficios.

Nuestra especie se ha estancado, nosotros liberaremos el cauce, nosotros... evolucionaremos.