Domingo 12.07.2020 - 12:57

GUETO

JJ Macías, apenado por narración de comentarista de Multimedios
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Nadie creyó que ganara, algunos lo tomamos en broma a pesar de que las encuestas lo mostraban en un crecimiento constante. Algunos otros, decíamos que era imposible que cumpliera las sandeces que prometía acerca de los inmigrantes latinos. Pensábamos que era el típico desmarque del "establishment" esgrimiendo un discurso incendiario, políticamente incorrecto pero con la certeza del nacionalismo. Nadie creyó que un precandidato con ese discurso ganara en un país defensor a ultranza de la libertad.

Tuvimos avisos de que el odio empezaba a anidar en los corazones de algunos de sus seguidores, las golpizas a latinos "indocumentados", el mirar desde "arriba" a los que tenían fisonomía latinoamericana o presentaban un acento marcado, la imposibilidad de conseguir un trabajo por no tener apellido "anglo" a pesar de tener ciudadanía, el sacar a un periodista latinoamericano de una conferencia de prensa del hasta ese momento precandidato, quizá si hubiera sido en otro país no hubiera sido tan grave, pero hacerlo en el país que tiene como uno de sus pilares fundamentales la libertad de expresión y que ha declarado guerras a otros países en nombre de esa libertad era como para preocuparse pero aún así creíamos que los 16 millones de votantes latinos dentro del país que se presentaba como el baluarte de la democracia mundial serían un bloque lo suficientemente fuerte como para detener la locura que planteaban.

No, nadie esperó que el odio se extendiera tan rápido, que se acusara al inmigrante de arrebatar empleos a pesar de que ninguno de los perfectamente legales y olvidadizos descendientes de inmigrantes que fundaron el país hubiera trabajado en esos trabajos, en ocasiones denigrantes y casi siempre con un salario por debajo del mínimo pactado. Nadie esperó que ese odio se arraigara al punto de amenazar, coaccionar, intimidar y retener a la fuerza a los votantes latinos o a sus parientes aún no legales... de los 16 millones de votantes latinos, solo acudió a votar menos del millón y la elección fue ganada por el férreo defensor del "True American" y nadie pestañeó siquiera por todas las violaciones a su constitución pues para ellos, los inmigrantes latinos tenían menos valor que muchos de sus animales domésticos.

La esperanza quedaba en ese abismo que separa al candidato libre de hablar y actuar y el mandatario que ve a largo plazo y en beneficio de la totalidad a través del consenso y sin embargo, al día siguiente de tomar juramento con la mano derecha sobre la Biblia que habla de igualdad ante los ojos de Dios... la esperanza murió. El muro en la frontera se empezó a construir y lo pagó México, tenía que hacerlo o todas sus exportaciones se detendrían y la economía mexicana se derrumbaría. Se deportaron a todos los inmigrantes ilegales y se les confiscaron sus pertenencias para pagar su traslado, los niños nacidos en Estados Unidos y amparados como ciudadanos por la constitución se les presentaron dos opciones a los padres, darlos en adopción y no saber nada de ellos o que mantuvieran su ciudadanía americana pero sólo para regresar al ser ciudadanos a los 21 años y en caso de ser encontrados antes de esa edad en territorio norteamericano, perderían su ciudadanía.

Pero no todo salió como esperaban, con la economía latinoamericana destruida por los altos aranceles impuestos no hubo a quien exportarles y las importaciones llegaron a niveles mínimos no debido a producción propia, sino por falta de capital y producción en los países a los que habían ahogado con sus restricciones, la escasez de alimentos creció pues sin importaciones ni mano de obra barata que cubriera sus campos, cosechas enteras se perdieron y no hubo quien sembrara otra vez. En lugar de rectificar, el ego del presidente se impuso y acusó a los latinos residentes de sabotear y de complotar en venganza por las medidas tomadas y la burla y el maltrato se convirtieron nuevamente en odio y la persecución empezó, tener un apellido latino, tez morena, acento hispano o tener alguna relación con ellos era motivo para esconderse de las turbas enardecidas que rompían cristales de negocios latinos y saqueaban como "retribución", que hacían oídos sordos a las súplicas de hermandad, de libertad, de paz. Si antes a los inmigrantes ilegales les habían llamado violadores y ladrones sin prueba alguna, ahora esa definición la extendían a todo latino y le añadían traidor. Patrimonios de varias generaciones fueron expropiados a través de acusaciones infundadas, si se oponían, cualquier habitante podía someterlos y matarlos a golpes y la ley estaría de su lado, los amarraron, los arrastraron como ganado, los encerraron.

Algunas voces se elevaron, países europeos condenaron de palabra pero sin atreverse a nada más pues no cualquiera se opone al país con el mayor armamento del mundo y menos, cuando el odio corre por sus calles.

Dicen que la historia es cíclica, no lo sé, pero al ver el barrio latino donde estamos hacinados, donde los olores corporales en ocasiones son más fuertes que los de nuestros deshechos y no corre viento alguno que los disipe pues, al igual que nuestro libre tránsito, lo impiden las altas paredes de concreto reforzado, que bien decía el presidente, era experto en construir, solo puedo pensar en lo mucho que este lugar se asemeja a la descripción de esos lugares que nos enseñaron en secundaria donde encerraron a seres humanos por su religión y un odio que no entendía el motivo y que sigo sin entender ahora que estoy aquí en uno de esos lugares... Gueto, creo que los llamaban... sí..., vivo en un gueto.