Jueves 3.12.2020 - 11:13

Hugh Thomas: el tráfico de esclavos

Hugh Thomas
Hugh Thomas
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El tráfico de esclavos no es sólo un problema antiguo, sino en nuestra mal llamada “modernidad” todavía se dan casos. Una de las circunstancias más indignante, es el comercio de esclavos africanos en los últimos treinta años. Sin embargo, han sio pocas las voces que durante más de tres siglos se alzaron contra la trata, considerada como una necesidad para la explotación de las tierras ocupadas por los europeos en América, como una de las exigencias de la economía de plantación (algodón,, cacao, azúcar, entre otros productos), como negocio fundamental al que se le podría designar con palabras eufemísticas (como las de “tráfico de ébano”) o enmarcarar bajo conceptos neutrales, como el de “comercio triangular”: América, Africa y Europa.

Esta aparente contradicción ha suscitado la enérgica protesta de comisiones de derechos humanos y múltiples organizaciones sociales, que han dedicado un considerable número de trabajos a una cuestión que figura entre las más debatidas de la historiografía contemporánea. Hugh Thomas (Reino Unido, 1931-2017), publicó hace un par de años el libro: La trata de esclavos. Historia del tráfico de seres humanos de 1440 a 1870, editado por Planeta en el 2000.

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Los capítulos del volumen se organizan siguiendo una cronología lógica y correcta. El descubrimiento del lucrativo comercio dde esclavos africanos por parte de los exploradores portugueses, la invención de la economía de plantación en Brasil y en el Caribe, como auténtico detonante de la expansión de la trata, de instalación de las potencias europeas en las costas africanas (sobre todo, hay que decir que en Francia, Inglaterra y Holanda, países que se han hundido con los años con esta culpa), el auge del movimiento de esclavos, cuya legalidad se prolonga hasta 1850 en Brasil y hasta 1857 en las colonias españolas de Ultramar.

Este re recorrido por las distintas épocas no impide el tratamiento específico de los aspectos más generales, como la organización concreta de la captura de los esclavos, su traslado a las factorías del litoral; su embarque para el “largo viaje” que los llevaría a sus destinos americanos y las modalidades de su empleo en las plantaciones y en el servicio doméstico. Este último es en muchos momentos, donde peor se trata a los esclavos.

El genial historiador inglés no descuida, por otra parte, la difícil determinación de las cifras, que ha de partir siempre de las estadísticas de Philip Curtin, corregidas al alza por la mayoría de los historiadores posteriores: 13 millones de africanos fueron desarraigados de sus tierras, de los cuales 11 millones llegaron a costas americanas, mientras el resto moría víctima de enfermedades, malos tratos y accidentes.

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En la introducción del libro, el autor se justifica por incrementar la ya nutrida bibliografía de la trata con un nuevo estudio. no hacía falta esta cautela, ya que lo que se ofrece actualmente en realidad concuerda; es decir, hay que entender que el tráfico de esclavos es un hecho real en nuestros “tiempos modernos” y más “democráticos”.

Quizá deberíamos poner una atención, y hacer una crítica severa a este tipo de actos que destruyen la lógica de los derechos humanos; y desde luego, manchan la historia social, cultural y política de los países que la promueven.