La definición de la escritura azteca está por hacerse. Entrevista con Joaquín Galarza

La definición de la escritura azteca está por hacerse. Entrevista con Joaquín Galarza
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Joaquín Galarza (San Luis Potosí, 1928- París, Francia, 2004)  formó dos grupos de investigadores –uno en el Museo del Hombre de París y otro en México--, en un intento por lograr un conocimiento más profundo de los códices. Estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México  el Doctorado en Letras. En la Biblioteca Nacional de París obtuvo el Diploma Superior de bibliotecario-  donde trabajó en el ejercicio de esta profesión, con el fondo mexicano, lo que le proporcionó el primer contacto con los códices resguardados ahí-; en la Universidad y Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, el Doctorado en Etnología y el Doctorado del Estado Francés en Letras y Ciencias Humanas.  Desarrolló dos tesis sobre documentos coloniales: Lienzos de Chiepetlan, en la que estudió documentos del estado de Guerrero; y Codex de Zempoala, manuscrito indígena del Estado de Hidalgo, México. En estos trabajos cimienta las propuestas metodológicas para el estudio de los códices, convirtiendo estos tratados en dos clásicos fundamentales para el estudio científico y exhaustivo de la escritura tradicional azteca. A lo largo de 30 años, el antropólogo se dedicó a buscar la clave para el desciframiento de la escritura azteca, con la certeza de que los códices no son simplemente un conjunto de imágenes, sino verdaderos textos. En sus recientes libros Amatl, amoxtli. El papel, el libro y Tlacuilo. Escribir pintando, el investigador habla sobre el significado de la palabra códice; de la terminología indígena y europea, y de la destrucción de algunos glifos.

¿Qué importancia reviste un códice?

--La información contenida en los códices es de la mayor importancia. Resumen los conocimientos adquiridos por los antiguos pueblos que se desarrollaron en Mesoamérica. Lo que sabemos de los lugares culturales, de sus avances científicos, de sus creencias religiosas, de sus historias, de sus nociones geográficas, de su calendario y de muchas cosas más, se encuentran en estos manuscritos tradicionales, llamados códices.

¿Qué condiciones internas lo acercaron al estudio estético y científico de los códices?

--El propósito es tratar de explicar algunos de los aspectos que hemos encontrado y desarrollado en el curso de mis investigaciones. Desde luego, no porque éstas hayan terminado con la publicación de los libros, pues aún falta mucho por andar. Los puntos de método y de teoría que tratamos en las obras tienen dos fines: el pedagógico, para iniciar al neófito en este tipo de estudios; en la actualidad, en las publicaciones que se ocupan de los códices se atiende escasamente su explicación; el otro fin es comunicar al lector los pasos y resultados de nuestro trabajo.

Hacer un recuento de los códices con los que ha establecido contacto lo llevó a crear un método para su interpretación, ¿cuál es y en qué se funda?

--El problema mismo de la búsqueda de método, esencial de los códices mesoamericanos, fue al principio el conocimiento de la falta total de esta preocupación científica en todos los trabajos que pude leer, consultar y utilizar en los años cincuenta; trabajos escritos en varios idiomas y firmados por los “especialistas” o sabios de los siglos XIX y XX principalmente. A pesar de que en ellos existe el esfuerzo subjetivo e individual de realizar cierto tipo de análisis y de organizar los datos obtenidos, no pude encontrar el propósito de una búsqueda que se digiera hacia el establecimiento de etapas sucesivas y comunes de investigación, y que finalmente llevara hacia el conocimiento del conjunto del material pictórico indígena tradicional, proveniente de una civilización o de una lengua.

¿Cómo se accede a la lectura de los códices?

--El método presupone el análisis sistemático y exhaustivo de todos los elementos de la “imagen”. Ésta, por la estilización convencional y equivalencia con la lengua y semántica de una civilización, puede decirse que está codificada. Para llegar a la lectura hay que conocer el código. En cuanto al método para preparar las primeras etapas de la investigación, tratando de conocer los elementos mínimos del dibujo y sus parámetros, hay que tratar de identificar, antes del estudio, los que pueden ser elementos hipotéticos mínimos.

Ya que menciona el conocimiento del código para la interpretación de los glifos y la identificación de otros elementos aislados, ¿cómo logra ubicarlos dentro del contexto para su asociación con las demás imágenes?

--Para ello se crea un “código” arbitrario, únicamente como mero instrumento de trabajo, por medio del cual sea posible nombrar los elementos hipotéticos aislados y sus asociaciones, por más complejos que resulten, de tal modo que se pueda retirarlos del contexto y estudiarlos individualmente, sin perder de vista sus relaciones plásticas dentro del conjunto. Identificadas así las partes mínimas de la composición, se procede a la etapa siguiente, que es el análisis exhaustivo de la “imagen”. Como se trata de “pintura”, es necesario tomar en cuenta los parámetros del dibujo: formas (grafismos y superficies), colores, dimensiones, posición, situación, etcétera.

¿Hacia dónde se conducen esos elementos hipotéticos; es dable encontrar una primera posibilidad fonética en ellos?

--Así como se inscriben todas las posibilidades fonéticas, esto es, transcripción de sonidos, de cada glifo y sus partes en el detallado y sistemático análisis, se incluyen todas las posibilidades hipotéticas “descriptivas” y de contenido temático y simbólico de cada “elemento mínimo” encontrado, con sus lecturas en náhuatl.

Se destacan también todas las sugerencias supuestas de interpretación poética, figuras de lenguaje, metáforas y otras, así como sus posteriores verificaciones en textos náhuatl y español en caracteres latinos y de otros códices de los siglos XVI al XVIII.

Pero dentro de esa búsqueda fonética, ¿existe en los códices una integración con el vocabulario?, ¿cree usted que esto implicaría un retorno consciente hacia los orígenes de una lengua y su revaloración?

--Otro problema en mis investigaciones es el vocabulario. Los elementos que surgen del análisis cotidiano, lento, sistemático, aunque nos parezcan nuevos no pueden ser designados, nombrados, más que con términos antiguos, muy utilizados en la tipología, en la terminología, ya sea etnológica, lingüística o arqueológica. Ciertas definiciones que a veces se nos aplican muy bien, aun en el caso precioso de su utilización en sus propias disciplinas, se ajustan difícilmente a los elementos de las escrituras americanas, amerindias. Y mientras se va realizando el análisis exhaustivo de todo el sistema, cuando menos el azteca, tenemos que emplear esos términos en un sentido que no nos satisface y que nosotros quisiéramos fuera más preciso; para ello sería necesario explicar lo que entendemos en cada caso, en cada término, de tal suerte que paso a paso vamos constituyendo, a medida que avanza nuestro trabajo, una especie de glosario de términos que utilizamos para tratar de precisar su sentido, en cuanto al sistema tradicional azteca.

¿De qué manera afectó al tlacuilo la llegada de los españoles respecto de su forma de trabajar los códices?

--A partir del siglo XVI, en los manuscritos pictóricos indígenas, en los documentos tradicionales, se empiezan a encontrar las aplicaciones de la perspectiva europea utilizada en esa época. En ciertos casos, esta innovación puede ser únicamente el deseo del artista por mostrar el “modernismo” de sus conocimientos del dibujo europeo. Algunos efectos nuevos como volumen, profundidad, sombreado, se concentran sobre algunos elementos del paisaje de ornato, en dibujos exclusivamente decorativos; es decir, que son y permanecen en la tradición europea, tales como lo que puede verse en los ensayos de imitación del paisaje del renacimiento en el Códice Durán y de algunos efectos decorativos en las viñetas del Códice Florentino. Pero, otras veces, y es la mayoría de los casos, el pintor-escritor se sirve de los nuevos efectos para expresarse mejor.

¿Qué importancia tenía el papel de los tlacuilos en los documentos?

--Ellos eran los encargados de fijar las lenguas indígenas, por medio de su sistema tradicional. Tenían que poseer ante todo cualidades de pintoras o dibujantes, al mismo tiempo de conocimiento profundo de la lengua. Podían ser hombres o mujeres que se escogían desde muy jóvenes sin importar su origen social; la condición esencial era que se revelaran poseedores de las virtudes artísticas necesarias para desempeñar el oficio; después se les instruía en todas las ramas del saber y posteriormente se especializaban en algún tema específico.

¿Hacia dónde habrían de encaminarse las nuevas investigaciones sobre los glifos?

--Es urgente y de principal interés dejar de seguir acatando al pie de la letra, ciegamente, las definiciones establecidas alguna vez por una persona o por un grupo, y después copiadas y repetidas sin ninguna nueva reflexión para tratar de orientar la investigación hacia las pictografías aztecas mismas y querer forzarlas para hacerlas entrar en un marco demasiado estrecho. No se trata de definirlas a la europea, sino de buscar y encontrar los medios indígenas, gráficos, fonéticos, icónicos, del conjunto del sistema tradicional para conocerlos sin necesidad de encajarlos en moldes de Europa, demasiado rígidos. Necesitamos conocer el sistema por él mismo, como primer paso. No buscamos acomodarlo dentro de cánones o definiciones aplicadas a las lenguas indo-europeas, completamente ajenos a la concepción pictórica indígena. Nos parece demasiado prematuro, científicamente hablando, dar conclusiones de conjunto, generales, sin haber terminado todavía los análisis individuales, y puedo decir que estamos aún lejos de esta situación.

¿Entonces no existe una definición clara de la escritura azteca?

--La definición de escritura del sistema azteca está por hacerse, teniendo en cuenta su expresión plástica y fonética, icónica, simbólica, real, original, propia; es decir, considerando primero lo que es por sí misma; por todo lo que es capaz o incapaz de anotar, transmitir, economizar, abreviar… Pero, para lograr esto, es necesario empezar por estudiar el documento, analizando todos los aspectos, todos los elementos.

Joaquín Galarza (San Luis Potosí, 1928- París, Francia, 2004)  formó dos grupos de investigadores –uno en el Museo del Hombre de París y otro en México--, en un intento por lograr un conocimiento más profundo de los códices. Estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México  el Doctorado en Letras. En la Biblioteca Nacional de París obtuvo el Diploma Superior de bibliotecario-  donde trabajó en el ejercicio de esta profesión, con el fondo mexicano, lo que le proporcionó el primer contacto con los códices resguardados ahí-; en la Universidad y Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, el Doctorado en Etnología y el Doctorado del Estado Francés en Letras y Ciencias Humanas.  Desarrolló dos tesis sobre documentos coloniales: Lienzos de Chiepetlan, en la que estudió documentos del estado de Guerrero; y Codex de Zempoala, manuscrito indígena del Estado de Hidalgo, México. En estos trabajos cimienta las propuestas metodológicas para el estudio de los códices, convirtiendo estos tratados en dos clásicos fundamentales para el estudio científico y exhaustivo de la escritura tradicional azteca. A lo largo de 30 años, el antropólogo se dedicó a buscar la clave para el desciframiento de la escritura azteca, con la certeza de que los códices no son simplemente un conjunto de imágenes, sino verdaderos textos. En sus recientes libros Amatl, amoxtli. El papel, el libro y Tlacuilo. Escribir pintando, el investigador habla sobre el significado de la palabra códice; de la terminología indígena y europea, y de la destrucción de algunos glifos.

¿Qué importancia reviste un códice?

--La información contenida en los códices es de la mayor importancia. Resumen los conocimientos adquiridos por los antiguos pueblos que se desarrollaron en Mesoamérica. Lo que sabemos de los lugares culturales, de sus avances científicos, de sus creencias religiosas, de sus historias, de sus nociones geográficas, de su calendario y de muchas cosas más, se encuentran en estos manuscritos tradicionales, llamados códices.

¿Qué condiciones internas lo acercaron al estudio estético y científico de los códices?

--El propósito es tratar de explicar algunos de los aspectos que hemos encontrado y desarrollado en el curso de mis investigaciones. Desde luego, no porque éstas hayan terminado con la publicación de los libros, pues aún falta mucho por andar. Los puntos de método y de teoría que tratamos en las obras tienen dos fines: el pedagógico, para iniciar al neófito en este tipo de estudios; en la actualidad, en las publicaciones que se ocupan de los códices se atiende escasamente su explicación; el otro fin es comunicar al lector los pasos y resultados de nuestro trabajo.

Hacer un recuento de los códices con los que ha establecido contacto lo llevó a crear un método para su interpretación, ¿cuál es y en qué se funda?

--El problema mismo de la búsqueda de método, esencial de los códices mesoamericanos, fue al principio el conocimiento de la falta total de esta preocupación científica en todos los trabajos que pude leer, consultar y utilizar en los años cincuenta; trabajos escritos en varios idiomas y firmados por los “especialistas” o sabios de los siglos XIX y XX principalmente. A pesar de que en ellos existe el esfuerzo subjetivo e individual de realizar cierto tipo de análisis y de organizar los datos obtenidos, no pude encontrar el propósito de una búsqueda que se digiera hacia el establecimiento de etapas sucesivas y comunes de investigación, y que finalmente llevara hacia el conocimiento del conjunto del material pictórico indígena tradicional, proveniente de una civilización o de una lengua.

¿Cómo se accede a la lectura de los códices?

--El método presupone el análisis sistemático y exhaustivo de todos los elementos de la “imagen”. Ésta, por la estilización convencional y equivalencia con la lengua y semántica de una civilización, puede decirse que está codificada. Para llegar a la lectura hay que conocer el código. En cuanto al método para preparar las primeras etapas de la investigación, tratando de conocer los elementos mínimos del dibujo y sus parámetros, hay que tratar de identificar, antes del estudio, los que pueden ser elementos hipotéticos mínimos.

Ya que menciona el conocimiento del código para la interpretación de los glifos y la identificación de otros elementos aislados, ¿cómo logra ubicarlos dentro del contexto para su asociación con las demás imágenes?

--Para ello se crea un “código” arbitrario, únicamente como mero instrumento de trabajo, por medio del cual sea posible nombrar los elementos hipotéticos aislados y sus asociaciones, por más complejos que resulten, de tal modo que se pueda retirarlos del contexto y estudiarlos individualmente, sin perder de vista sus relaciones plásticas dentro del conjunto. Identificadas así las partes mínimas de la composición, se procede a la etapa siguiente, que es el análisis exhaustivo de la “imagen”. Como se trata de “pintura”, es necesario tomar en cuenta los parámetros del dibujo: formas (grafismos y superficies), colores, dimensiones, posición, situación, etcétera.

¿Hacia dónde se conducen esos elementos hipotéticos; es dable encontrar una primera posibilidad fonética en ellos?

--Así como se inscriben todas las posibilidades fonéticas, esto es, transcripción de sonidos, de cada glifo y sus partes en el detallado y sistemático análisis, se incluyen todas las posibilidades hipotéticas “descriptivas” y de contenido temático y simbólico de cada “elemento mínimo” encontrado, con sus lecturas en náhuatl.

Se destacan también todas las sugerencias supuestas de interpretación poética, figuras de lenguaje, metáforas y otras, así como sus posteriores verificaciones en textos náhuatl y español en caracteres latinos y de otros códices de los siglos XVI al XVIII.

Pero dentro de esa búsqueda fonética, ¿existe en los códices una integración con el vocabulario?, ¿cree usted que esto implicaría un retorno consciente hacia los orígenes de una lengua y su revaloración?

--Otro problema en mis investigaciones es el vocabulario. Los elementos que surgen del análisis cotidiano, lento, sistemático, aunque nos parezcan nuevos no pueden ser designados, nombrados, más que con términos antiguos, muy utilizados en la tipología, en la terminología, ya sea etnológica, lingüística o arqueológica. Ciertas definiciones que a veces se nos aplican muy bien, aun en el caso precioso de su utilización en sus propias disciplinas, se ajustan difícilmente a los elementos de las escrituras americanas, amerindias. Y mientras se va realizando el análisis exhaustivo de todo el sistema, cuando menos el azteca, tenemos que emplear esos términos en un sentido que no nos satisface y que nosotros quisiéramos fuera más preciso; para ello sería necesario explicar lo que entendemos en cada caso, en cada término, de tal suerte que paso a paso vamos constituyendo, a medida que avanza nuestro trabajo, una especie de glosario de términos que utilizamos para tratar de precisar su sentido, en cuanto al sistema tradicional azteca.

¿De qué manera afectó al tlacuilo la llegada de los españoles respecto de su forma de trabajar los códices?

--A partir del siglo XVI, en los manuscritos pictóricos indígenas, en los documentos tradicionales, se empiezan a encontrar las aplicaciones de la perspectiva europea utilizada en esa época. En ciertos casos, esta innovación puede ser únicamente el deseo del artista por mostrar el “modernismo” de sus conocimientos del dibujo europeo. Algunos efectos nuevos como volumen, profundidad, sombreado, se concentran sobre algunos elementos del paisaje de ornato, en dibujos exclusivamente decorativos; es decir, que son y permanecen en la tradición europea, tales como lo que puede verse en los ensayos de imitación del paisaje del renacimiento en el Códice Durán y de algunos efectos decorativos en las viñetas del Códice Florentino. Pero, otras veces, y es la mayoría de los casos, el pintor-escritor se sirve de los nuevos efectos para expresarse mejor.

¿Qué importancia tenía el papel de los tlacuilos en los documentos?

--Ellos eran los encargados de fijar las lenguas indígenas, por medio de su sistema tradicional. Tenían que poseer ante todo cualidades de pintoras o dibujantes, al mismo tiempo de conocimiento profundo de la lengua. Podían ser hombres o mujeres que se escogían desde muy jóvenes sin importar su origen social; la condición esencial era que se revelaran poseedores de las virtudes artísticas necesarias para desempeñar el oficio; después se les instruía en todas las ramas del saber y posteriormente se especializaban en algún tema específico.

¿Hacia dónde habrían de encaminarse las nuevas investigaciones sobre los glifos?

--Es urgente y de principal interés dejar de seguir acatando al pie de la letra, ciegamente, las definiciones establecidas alguna vez por una persona o por un grupo, y después copiadas y repetidas sin ninguna nueva reflexión para tratar de orientar la investigación hacia las pictografías aztecas mismas y querer forzarlas para hacerlas entrar en un marco demasiado estrecho. No se trata de definirlas a la europea, sino de buscar y encontrar los medios indígenas, gráficos, fonéticos, icónicos, del conjunto del sistema tradicional para conocerlos sin necesidad de encajarlos en moldes de Europa, demasiado rígidos. Necesitamos conocer el sistema por él mismo, como primer paso. No buscamos acomodarlo dentro de cánones o definiciones aplicadas a las lenguas indo-europeas, completamente ajenos a la concepción pictórica indígena. Nos parece demasiado prematuro, científicamente hablando, dar conclusiones de conjunto, generales, sin haber terminado todavía los análisis individuales, y puedo decir que estamos aún lejos de esta situación.

¿Entonces no existe una definición clara de la escritura azteca?

--La definición de escritura del sistema azteca está por hacerse, teniendo en cuenta su expresión plástica y fonética, icónica, simbólica, real, original, propia; es decir, considerando primero lo que es por sí misma; por todo lo que es capaz o incapaz de anotar, transmitir, economizar, abreviar… Pero, para lograr esto, es necesario empezar por estudiar el documento, analizando todos los aspectos, todos los elementos.

 

 

 

 

 

*Esta entrevista pertenece al libro Elogio de Miguel Ángel Muñoz, de próxima aparición en Editorial Praxis.