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Madrid. España. El hispanista británico Hugh Thomas (Windsor, 1931- Londres, Inglaterra, 2017) acaba de fallecer y con él desaparece toda una generación única de historiadores hispanistas como Paul Preston y Raymond Carr. Entre sus libros están: La guerra civil española (dos tomos), Cuba, la lucha por la libertad (tres) y el emblemático La conquista de México. Quién es quién de los conquistadores, un compendio de las biografías de quienes participaron en la “conquista” española de México. Unos utilizaron la obra como un diccionario donde encontrar una biografía detallada de múltiples personajes hasta ahora poco conocidos. Otros, sin embargo, comprenderán que la “conquista” fue un acto colectivo en el que participaron alrededor de 2 mil 200 individuos. Al cabo de más de 30 años de investigación., Thomas nos da la respuesta, corroborada por las crónicas de la época y algunas cartas, la geología de aquella empresa e incluso la antropología cultural contemporánea. Ya que el volumen está indiscutiblemente ligado a mito de la “conquista” y, desde luego, a la historia de la fundación de México. Estudió en la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, y en la Sorbona, en Francia. Fue profesor de la Academia Real Militar de Sandhurst y de la Universidad de Reading, también en su natal Gran Bretaña.

Con la publicación de su libro, rompe usted con el tabú que ha rodeado a ciertos personajes del descubrimiento de México por parte de España, ¿qué quitar de los velos de la historiografía en español?

-No hay que olvidar que en este campo, como en otros, lo importante es subrayar que también ha habido autores, como Consuelo Varela, con sus estudios sobre Cristóbal Colón, Juan Gil con su excelente trilogía sobre los mitos de la conquista, y Juan Marchena con su trabajo sobre los señores de la guerra, que por encima de las modas de los centenarios, que dan prioridad a unos temas sobre otros, siguieron trabajando sobre ellos. Ahora, sobre tu pregunta, me gustaría decir que es una investigación profunda sobre los más de dos mil hombres que participaron en la travesía de conquistar México, un estudio detallado de quiénes y cuántos eran, y por qué le dieron sentido al hecho histórico.

¿ Considera que en lo referente a la conquista de América ha habido más continuidad que ruptura, más memoria que olvido?

-Desde luego, siempre he subrayado que la historia de España no tiene por qué tener un componente excepcional que llevara a pensar en este caso que estas conquistas son peores que las de otros europeos; se trata de una falacia, aunque también tengo que reconocer que en la actualidad no conozco estudios en España sobre la conquista de México. Este es un problema que ha ocupado recientemente a escritores e historiadores mexicanos, como José Luis Martínez, que ha escrito un excelente libro sobre Hernán cortés y su mundo.

Este nuevo libro es el resultado o continuación de Historia de la conquista de México, que constituye, en palabras suyas, una rehabilitación de muchos conquistadores poco estudiados por otros especialistas, ¿ cree que esto es darle una vida propia o un sentido histórico total de su participación en la historia?

-Sí, se podría decir que este nuevo libro es consecuencia del anterior, han llegado a ser para mí como amigos cercanos. Creo que a veces en lo extraño que es la vida del conquistador, que nace por ejemplo en una aldea de Extremadura, viaja a Sevilla, se embarca en una carabela atestada de gente, combate en Santo Domingo, Cuba y México, y acaba instalado en una encomienda con una primera mujer indígena, quizás una segunda española con muchos hijos detrás, además de esclavos africanos y unos cuantos nativos, para al final de su vida recordar los terribles sucesos vividos como una gran carga de conciencia, muchas veces a favor y otras en contra.

En su libro usted afirma que muchos de estos conquistadores mueren en América, ¿ cree que son parte de la historia de este continente o todo lo contrario?

-Sin duda, la herencia de los conquistadores permaneció en América, y en el caso que he estudiado se encuentra en el México moderno, donde estos emigrantes se hicieron señores y formaron una sólida descendencia. Algunos se pueden encontrar en el México de hoy. Son criollos que todavía llevan en su manera de vivir rasgos de sus ancestros.

¿Cómo se podría entender lo escrito por los conquistadores anónimos en contraposición a lo cronicado por Cortés o Bernal Díaz del Castillo?

-Es un mundo lleno de valor histórico; y no sólo eso, sino también lingüístico. Hay testimonios de batallas, como la del asedio de Tenochtitlán, en los cuales Hernán Cortés aparece tomando notas para remitirlas a Alvarado. Esto debió resultar incomprensible y mágico para los indígenas mexicanos. Bernal Díaz del Castillo, el soldado cronista, percibió ese asombro inicial del mundo nativo americano frente a la escritura, y lo transmitió en su libro clásico Historia verdadera…a las generaciones venideras.

¿Cree que se está revalorando el valor histórico de las individualidades?

-Creo que hemos dejado de estar interesados en las masas como protagonistas únicos de la historia, ya que no estamos obsesionados con ellas como fuerzas históricas al modo marxista. Hay gente en la historia con jefes que toman sus propias decisiones y tienen sus propios proyectos. Esto lo tenían claro los conquistadores. El propio Hernán Cortés se refirió en una ocasión a sí mismo como “alguien sin igual en el mundo”. Mi libro no es una revalorización de las individualidades, sino recoge el testimonio, incluso inédito, de muchos personajes que fueron y son parte de la conquista.

¿Podríamos considerar que esta valoración de los individuos puede ser una transformación de la historia?

-Desde luego. En este sentido, es interesante resaltar que en el siglo XXI los hombres y mujeres tienen más oportunidades de influir en la historia contemporánea que antes. Hoy, los gobiernos son tan ricos y tan importantes que un presidente puede realizar muchas cosas; la opinión pública representa para mí algo muy vago y moldeable. Un jefe serio y con deseos de actuar de una manera específica puede ser mucho más efectivo en su sociedad que en el pasado.

¿ Cómo observa la acción de la individualidad en el caso de la historia de México y España?

-Por ejemplo, en el caso de una de mis figuras favoritas, la del gran Fernando el Católico, sin duda uno de los monarcas españoles más efectivos y capaces, me gustaría insistir también en que su alianza con Isabel de Castillo fue maravillosa y nade ha pensado luego en una combinación similar a la suya, ese liderazgo doble, de una extremada eficiencia para el gobierno de Aragón y Castilla. De México hay muchos individuos muy interesantes, digamos el caso del revolucionario Emiliano Zapata.

De alguna forma, su libro es también una historia de la expansión europea de años antes y después de la conquista de México. ¿Cree que habla en aquellas naciones que se lanzaban a conquistar una identidad única?

-Creo que es un aspecto que no se ha estudiado a fondo, como debería de ser. En Gran Bretaña en estos momentos la historia del imperio está muy olvidada, quizás porque ya a nadie le interesa. Aunque la existencia de una gran población de color debería llevarnos a tenerla en cuenta, resulta que es políticamente incorrecto recordar el dolor y la tragedia de la esclavitud. No se quiere hacer memoria. Para colmo, esta historia trágica, no es sólo europea, nadie quiere recordar que los propios africanos fueron grandes mercaderes de esclavos, que ésa fue la clave de la trata.

Entonces, ¿considera que en el caso de los ingleses también hay cosas que no quieren investigar?

-Por supuesto. En el caso británico también se quiere recordar que en el siglo XIX la Armada hizo un gran esfuerzo por erradicar la esclavitud, lo que conllevó la enemistad de Francia, España o Estados Unidos. Pese a estos positivos aspectos, la historia de Australia, Canadá o África del Sur parecen olvidada, no se enseñan en las escuelas. La historia de las Indias Occidentales está más presente acaso por la gran cantidad de caribeeños que viven en la antigua metrópoli.

Hay un punto a favor de América además de su cultura prehispánica, que es el idioma español. El lingüista Gutierre Tibón decía que cada vez gana terreno frente a otros idiomas, ¿cómo encuentra el panorama del castellano?

-Me resulta asombrosa la importancia que ha cobrado a nivel mundial, imposible de imaginar hace unas décadas. Le doy la razón a Gutierre Tibón en ese sentido. Creo que estamos en un tiempo de oportunidades para el español, sobre todo a causa de su expansión en Estados Unidos, vecinos por cierto de México. Pienso que la acción privada y pública de todos los paíss de habla castellana tienen que fortalecer y aprovechar esta magnífica oportunidad de ampliar su área de influencia sobre otros países. Sería grandioso, pues hay grandes escritores, artistas, historiadores actuales y del pasado que son hispanos.