Viernes 23.10.2020 - 04:07

La Orquesta Sinfónica de Minería interpretó obras de Dutilleux, Saint-Saëns y Berlioz

La Orquesta Sinfónica de Minería interpretó obras de Dutilleux, Saint-Saëns y Berlioz
Por:

La Orquesta Sinfónica de Minería (OSM), bajo batuta de Carlos Miguel Prieto, presentó el Séptimo Concierto de su Temporada de Verano en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario de la UNAM --sábado 13 y domingo 14 de agosto pasado-- con un programa integrado por composiciones de los franceses Henry Dutilleux (1916 - 2013): Métaboles; Camille Saint-Saëns (1835 - 1921): Concierto para piano y orquesta No. 5; y Hector Berlioz (1803 - 1869): Sinfonía fantástica.

Primer tiempo: Métaboles (Inacantatoire, Linéaire, Obsessionnel, Torpide, Flamboyant), de Dutilleux, que la OSM asume con todos los desafíos que implican ejecutar una obra cuyo objetivo principal es ‘el gozo sonoro’ (según el propio autor). Resonancias de los pizzicatos de las cuerdas y tonalidades instrumentales protagonizadas por los metales, sobre todo las trompetas, y las percusiones. La OSM logra un arrobado ‘discurso poético’ en Linéaire y, asimismo, aborda el movimiento final (Flamboyant) con verdadera fuerza: borrasca sonora escoltada por las percusiones en sugerente diálogo con los metales.

Segundo tiempo: Concierto para piano y orquesta No.5, de Saint-Saëns: conocido popularmente como “Egipcio”. Pianista invitado, el francés Jean-Yves Thibaudet, considerado uno de los mejores pianistas del mundo. ‘Habilidad para combinar una poética sensibilidad musical y una sorprendente técnica’ (Juan Arturo Brennan). Allegro animato de elegante cadencia que el pianista dilucida con absoluto dominio técnico. Andante desbordado con letánica presencia de los violines y piano construyendo dibujos melódicos de instigador lirismo. Molto allegro en que Thibaudet hace un derroche técnico asombroso de tonos y disposiciones prosódicas de incitante brillo. Ovación general. El pianista se ve obligado a cuatro salidas al proscenio: regala un prodigioso encore.

Intermedio: En el vestíbulo todo el mundo comenta la ejecución del pianista francés. “Yo vine por el pianista. Este concierto de Saint-Saëns lo practiqué mucho en mis años de estudiante, pero este hombre lo ejecuta como nadie”, comenta para La Razón la concertista colombiana Mireya Pontemintol.

Tercera llamada. Segunda parte del programa. Sinfonía Fantástica (Ensueños y pasiones, Un baile, Escena en el campo, Marcha al cadalso, Sueño de una noche de aquelarre), de Berlioz. Sinfonía inspirada en Confesiones de un opiómano inglés, de Thomas de Quincey. Berlioz fue un gran orquestador con claras influencias de Gluck, Weber y Beethoven; y músico de marcada inspiración literaria (Virgilio, Goethe, Shakespeare, Cellini...). Uno de los grandes momentos del romanticismo galo. Episodios de la vida de un artista: amor no correspondido, recelos, zozobra; encuentro con la mujer deseada; sosiego, paz para el corazón acongojado del artista; sueño, fantasía, tránsito al patíbulo: el artista sueña que ha matado a su amada; demonios, brujas, intemperancia infernal.

“Música gráfica”, descriptiva o programática (evocación de imágenes extra musicales por parte del oyente) sujeta a un argumento: “sinfonía autobiográfica”. Berlioz estuvo perdidamente enamorado de la actriz irlandesa Harriet Smithson, de las tribulaciones de esa pasión no correspondida al principio (tres años después contrae matrimonio con ella), nace esta obra maestra.

Largo-Allegro agitado en los “ensueños” iniciales; Vals-Allegro non tropo en el “baile”; Adagio en las escenas campestres; Alegro non tropo en la marcha al suplicio; y Largueto-Allegro-rondo-Dies irae en el sueño final. La mujer deseada como motivo melódico que conduce al artista por laberintos poblados de extrañas visiones.

Como bien apunta Juan Arturo Brennan, quizás la secuela más notable de esta perturbadora y hermosa sinfonía está en Una vida de héroe (1899), poema sinfónico del austriaco Richard Strauss quien afina la “técnica wagneriana del leitmotiv” ya prefigurada por Berlioz.

Proemio lento (Ensueños) y mudanzas anímicas en el allegro de Ensueños y pasiones: fijación de la forma y el tema básico: enamoramiento y delirio pasional. Continuación de un vals juguetón (scherzo) en contraste con la paz del tercer movimiento en adagio que evoca la brisa de los árboles de la viña (Escenas en el campo). Momento de esplendores, lo constituye el cuarto movimiento: enunciación estremecida, sombría, del clarinete al final que presagia la fatalidad del amor. Remate entre carcajadas, murmullos extraños y lamentaciones en una suerte de orgía diabólica, y ceremonia luctuosa escoltada por unos tonos de parodia burlesca del Dies irae (día de la ira, del juicio final, última trompeta llamando a los muertos ante el trono divino). El artista asiste a sus propios funerales. Pocas veces una sinfonía ha terminado de manera tan frenética y desenfrenada en donde aparecen todas las ofuscaciones posibles: orquestación culminante y esplendorosa desde complejidad tímbrica extraordinaria.

Carlos Miguel Prieto supo darle luminosidad dramática y ánimo contagioso a la interpretación de la OSM. Con maestría y sutileza transmitió los tempos lentos subrayando el lirismo seductor berlioziano. El sobrecogedor coloquio entre el oboe y el corno inglés, en los primeros compases de Escena en el campo, evidencia una rigurosa preparación en los ensayos.

Asimismo, los timbres que alcanza la OSM en el vals del segundo movimiento hacen patente las preocupaciones de un conductor por transferir las autenticidades del universo de Berlioz. Qué decir de ese final de sensualidad arrobada y vehementes progresiones rítmicas. Los asistentes a la Sala Nezahualcóyotl el fin de semana pasado fueron testigos exclusivos de uno de los instantes distinguidos del sinfonismo francés y de una OSM en oficiosa eficacia ejecutoria.

Esta gala concertina continúa el próximo fin de semana de este inicial agosto (sábado 20 a las 20 horas; domingo 21 a las 12 horas) con el octavo programa: música de Adam Schoenberg, Samuel Barber y Bela Bartók. Violinista invitado: James Ehnes. Director artístico: Carlos Miguel Prieto. La cita es en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario de la UNAM. Por allá nos vemos.